El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha escogido el Centro de Prensa de Bruselas para explicar, cuatro días después de la proclamación de la independencia, por qué ha abandonado Cataluña y cómo justifica su presencia en Bélgica mientras la mitad de su gobierno sigue en Barcelona pese a la amenaza seria de prisión que supone la querella presentada por el Fiscal General del Estado por los delitos de rebeldía, sedición y malversación de fondos públicos. Unas explicaciones que ha fundamentado en presupuestos falsos para argumentar que su presencia en Bruselas se justifica porque España no puede garantizar ni su seguridad física ni un juicio justo.

  • Acuerdo en el Govern. Puigdemont ha asegurado en su comparecencia que la decisión de cómo afrontar la aplicación del artículo 155 se tomó la noche del viernes. Ese fue, efectivamente, el último día que habló con el líder de ERC, Oriol Junqueras, pero en ningún momento avanzó que fuera a emprender un viaje a Bruselas para asentar en la capital europea su Gobierno en el exilio. Tanto la número dos de su partido, Marta Pascal, como el ex vicepresidente de su gobierno conocieron su viaje por los medios de comunicación y ambos han tenido serias dificultades para disimular la incomodidad que ese viaje ha provocado en Cataluña. «Lo que hace el president en Bruselas debe explicarlo el president han argumentado ambos dirigentes para esquivar las preguntas de la prensa y el desconcierto de sus acólitos. Estamos aquí para «evidenciar el problema de Cataluña en la Unión Europea y denunciar la politización de la justicia española, que persigue unas ideas, no un delito» ha argumentado Puigdemont, quien además ha asegurado que tanto Junqueras como el número tres de su ejecutivo, Raül Romeva, permanecen en Barcelona para «seguir ejerciendo sus funciones como el gobierno legítimo de la Generalitat». Un papel que Junqueras ha evitado cuidadosamente concretar desde que ayer visitó la sede de la Conselleria de Economía y el Parlament.
  • Falta de seguridad. El ex president se ha remitido además a un supuesto informe del Cesicat, el servicio de inteligencia catalán, según el cual su presencia en Cataluña podría haber desatado una oleada de violencia, ejercida desde el Estado, pero no ha acreditado ese informe. «Evitar la violencia» ha sido un argumento recurrente en la intervención de Puigdemont, quien ha dado por supuesto que el Gobierno hubiera utilizado una «violencia extrema» si su ejecutivo hubiera optado por una resistencia más activa en las instituciones; «no quiero exponer a los ciudadanos a una enorme violencia». «Podríamos haber forzado a los funcionarios, pero el Estado ya optó por la violencia -en referencia al 1-O- no los obligaremos a tomar partido como colectivo» ha añadido. Puigdemont ha insistido además, ante la numerosa prensa internacional que seguía su comparecencia, en que en Cataluña se ha producido un rebrote de la extrema derecha permitido por el Gobierno que ponía en serio riesgo su seguridad física y ha acusado al Ejecutivo de no garantizar su seguridad ni la de los ex consejeros. El ex president se refería así a la retirada paulatina de las escoltas anunciada ayer por el Ministerio del Interior, dado que los cesados han perdido su condición de miembros del Govern.
  • Respeto a la Justicia. Ha sido una de las contradicciones más repetidas a lo largo de la comparecencia. Puigdemont ha insistido una y otra vez en que su viaje no supone una huída de la acción de la Justicia española -«como europeos tenemos libertad de movimientos», repetía- pero no ha dejado de descalificar al sistema judicial español por parcial y politizado. Así, ha destacado que la querella presentada ayer por el fiscal Maza ejemplifica «la extrema agresividad del Estado Español» y que uno de los objetivos de su traslado a Bruselas, sin fecha de retorno, es denunciar «la politización de la justicia». En este contexto, el ex president se ha negado a concretar cuando volverá a España, si es que lo hace, y se ha limitado a apuntar que solo habrá retorno cuando considere que tiene garantías de actuar con libertad y seguridad. «Si tuviéramos garantías de un juicio justo con separación de poderes, si me garantizan esto» el regreso sería «inmediato» ha asegurado.
  • Deslegitimación de las elecciones. Otro de los golpes de efecto de Puigdemont ha llegado a costa de la convocatoria electoral. «No tenemos miedo a las urnas» ha asegurado el president, parafraseando lo expresado ayer por los líderes de ERC y PDCat. Pero acto seguido se ha dedicado a fondo a deslegitimar la convocatoria del 21 de diciembre cuestionando que el Gobierno vaya a aceptar el resultado de los comicios. «Nosotros respetaremos el resultado de las elecciones, como hemos hecho siempre, ¿el bloque constitucionalista hará lo mismo?» se ha preguntado con insistencia para sembrar la duda sobre el compromiso democrático del Gobierno. Puigdemont introduce así la duda sobre la futura actuación de Mariano Rajoy en caso de que el independentismo revalide la mayoría parlamentaria de la que ha disfrutado los últimos dos años y vuelva a plantear la declaración de independencia.
  • No va a pedir asilo. El president ha insistido una y otra vez en que su visita a Bruselas tiene una agenda exclusivamente europea. «No he venido a hacer política belga ni he pedido nada a las instituciones belgas» ha asegurado el president ante las insistentes preguntas sobre la petición de asilo. «Aquí podemos garantizar nuestros derechos y cumplir con nuestras obligaciones como ciudadanos europeos» ha argumentado para defender su decisión de seguir en Bruselas por tiempo indefinido. Pero lo cierto es que Puigdemont sí se ha reunido con el abogado especialista en derecho de asilo Paul Bekaert, como ha reconocido el propio letrado a diversos medios.
  • Independencia con apoyo mayoritario. La última de las falsedades del argumentario de Puigdemont es recurrente. El ex president ha asegurado que JxS ganó las elecciones del 27 de septiembre de 2015 con el «mayor apoyo de la historia» a un programa electoral que incluía la promesa de declarar la independencia de Cataluña. Lo que ha olvidado explicar el líder ex convergente, como todos los integrantes del bloque independetista, es que ese enorme apoyo no alcanzó la mitad de los votos emitidos por los votantes catalanes. JxS y la CUP obtuvieron el 47% de los apoyos, aunque la aplicación de la Loreg en Cataluña tradujo ese resultado en mayoría absoluta en el Parlament. Fueron, eso sí, las elecciones autonómicas con mayor participación de la historia, un 77%, pero porque se produjo una enorme movilización tanto del electorado independentista como del no independentista.