Sólo la provincia de Barcelona supera en población a todas las Comunidades Autónomas españolas excepto Madrid y Andalucía. Cataluña, en apenas el 6% del territorio nacional, concentra a cerca del 16% de la población. 7.477.131 personas, a fecha 1 de enero de 2017, según los datos del Idescat. De ellos, 5.553.983 están llamados oficialmente a las urnas el próximo 21-D. Atendiendo a los datos históricos y a todas las encuestas publicadas, poco más de dos millones votarán por candidaturas independentistas.

Cataluña ha sido una de las comunidades en las que más han impactado los flujos migratorios. Desde que arrancó el siglo XXI, la región ha ganado 1,4 millones de habitantes. Y actualmente, viven en ella 1.104.782 extranjeros con autorización de residencia.

Casi el 20% proceden de Marruecos (215.816), lo cual explica por qué todos los partidos incluyen en sus listas a algún político de sensibilidad musulmana. El resto del top-10 lo completan Rumanía, Italia, China, Francia, Pakistán, Alemania, Reino Unido, Ecuador y Perú.

La infrarrepresentación de Barcelona

Como en todos los ámbitos, el grueso de estas cifras recae en Barcelona. La provincia decisiva, también a nivel político. De los 135 escaños que componen el Parlament de Cataluña, 85 los reparte Barcelona. Los otros 50 se los reparten entre Tarragona (18), Gerona (17) y Lleida (15).

Esto, que parece sobredimensionado, es sin embargo objetivamente injusto para el interés político de la provincia. Barcelona representa al 73,8% de la población catalana, pero reparte sólo el 63% de los escaños en el Parlament. Está, por tanto, infrarrepresentada. Todo lo contrario sucede con Lleida, que pese a concentrar al 5,7% de la población, decide el 11,1% de la representación política. La situación es más equilibrada en Tarragona y Gerona, que representan cada una a cerca del 10% de la población y reparten un 13% de los escaños.

Esto tiene implicaciones decisivas a nivel político. Especialmente graves para las fuerzas constitucionalistas, que son poderosas en Barcelona y su área metropolitana, donde las encuestas sitúan a Ciudadanos como primer partido.

Algunas, pese a dar un empate casi total en porcentaje de voto entre ERC y la formación de Inés Arrimadas, conceden hasta seis escaños más al partido de Oriol Junqueras. La razón lógica es la sobrevaloración de los ámbitos rurales, en los que el independentismo es más fuerte, y la infrarrepresentación de Barcelona.

El sistema sobrevive gracias a que Cataluña utiliza la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), la misma que el Estado, y ha renunciado a desarrollar una propia. Los partidos afectados son conscientes, y Ciudadanos incluso lo incluye como uno de los puntos destacados de su programa electoral de cara al 21-D:

“Aprobar una nueva Ley Electoral que garantice una verdadera proporcionalidad para asegurar una justa representación de los votos de todos los catalanes en nuestras instituciones, vivan donde vivan. Cataluña es la única comunidad que carece de una Ley Electoral propia y los partidos nacionalistas no han hecho nada para solucionarlo durante los últimos cuarenta años, ya que el actual sistema les beneficia con una sobrerrepresentación en el Parlament”.