Se hacía llamar El talibán de Melilla, utilizaba hasta nueve seudónimos en internet y durante años dirigió una red dedicada a la captación y envío de radicales a grupos terroristas de corte yihadista, a algunos de los cuales llegó a alojar en su casa de la ciudad autónoma antes de que emprendieran el viaje a Siria o Mali. Mustafá Maya Amaya acaba de ser condenado por la Audiencia Nacional a ocho años de prisión como autor de un delito de pertenencia a organización terrorista en calidad de promotor y director.

Bajo las identidades de ‘Rafael’, ‘José’, ‘Musstafi’, ‘Abou Soufian’, ‘Abou Soufian Mohamed’, ‘Abou Soufian Motamed’, ‘Abou Soufian Jiadista’, ‘Abou Soufian Boussire’ o ‘Dawla al isla fi Iraq wa bilad Sham’, Maya Amaya -hijo de «un gitano español y madre castellana-andaluza» postrado en silla de ruedas- lideró desde Melilla entre 2012 y 2014 una organización en la que tenía como principal cometido la captación en internet de musulmanes europeos para su desplazamiento a territorios en conflicto. En el juicio, celebrado el pasado mes de diciembre, el principal procesado aseguró estar «muy arrepentido».

El tribunal le ha aplicado la atenuante de confesión y le ha condenado a la misma pena que solicitó la Fiscalía por un delito de pertenencia a organización terrorista en calidad de promotor. En virtud del acuerdo alcanzado con el Ministerio Público, otros cuatro integrantes han sido condenados a seis años de cárcel, mientras que el único acusado que no reconoció los hechos tendrá que cumplir una pena de cinco años y medio por colaboración con organización terrorista.

Maya Amaya, postrado en una silla de ruedas, utilizó nueve seudónimos para captar a través de blogs en internet a voluntarios para luchar en Siria y Mali

La investigación policial permitió desarticular en marzo de 2014 «una de las mayores redes de captación y envío» de combatientes a países donde operan grupos yihadistas, como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (MUJAO), Jabhat Al Nusra (JAN) y Estado Islámico. Los integrantes de esa organización estaban asentados en España, Bélgica, Luxemburgo, Turquía, Túnez, Libia, Mali, Francia y Marruecos y, además, de reclutar voluntarios para hacer la yihad, falsificaban documentación, financiaban la actividad y facilitaban el paso clandestino a los países en combate.

Según detalla la sentencia de la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, fechada el pasado 18 de enero, Mustafá Maya Amaya desarrolló a finales de 2013 una estrategia bautizada como ‘La hégira antes de la hégira’ por la que centralizaba en Melilla la actividad de formación y entrenamiento de los voluntarios antes de trasladarse a los campos de entrenamiento controlados por organizaciones integristas yihadistas radicadas en Libia. La investigación puso al descubierto que al menos cuatro voluntarios se alojaron en su casa.

«Siguiendo la estrategia del movimiento de la yihad global, la organización investigada contactó con cientos de individuos a través de internet que mostraban su deseo de desplazarse para hacer la yihad integrados en las organizaciones terroristas para las que desarrollaba su actividad. La gran afluencia de peticiones derivaba de la previa labor de propaganda desarrollada por la red liderada por Maya Amaya», expone el fallo.

El líder de la red, que dijo en el juicio estar «muy arrepentido», tendrá que cumplir una pena de ocho años por pertenencia a organización terrorrista

El líder de la red llevó a cabo esta labor mediante 29 blogs en internet que iba «creando y eliminando de forma sucesiva» y en los que trasladaba el mensaje de la yihad, la necesidad de integrarse en las distintas organizaciones terroristas islamistas y daba consejos sobre cómo hacerlo. Estas publicaciones acumularon millares de visitantes. «Hace falta crear grupos de muyahidines para luchar por la causa», «siempre habrá un grupo combatiente que pertenece al grupo victorioso basado en el tawhid creyentes y que hacen la yihad en
el nombre de Allah, que combatieron el mal y proclamaron la verdad» y «la tierra es de Allah»… fueron algunas de las proclamas que difundió desde esas plataformas virtuales.

En uno de los blogs, Maya Amaya se quejaba de vivir en Melilla -«tierra de musulmanes»- y de estar privado de la Ley Islámica, al tiempo que trataba de encontrar apoyo para poder crear una radio local islámica en su ciudad de residencia. En otro, administrado bajo la identidad de ‘Abou Soufian Jihadista’, se dirige a una mujer musulmana a la que intentaba captar para que le ayudara en la labor de proselitismo, radicalización y captación de nuevos muyahidines.

«Te doy las gracias por Allah…»

«Hermana, te doy las gracias por Allah. Soy español musulmán desde hace más de 16 años y tendré 50 años el mes que viene [nació en marzo de 1963]. Es muy difícil trabajar por Internet (mi trabajo). No sé árabe y el inglés es un riesgo cada día más grande, para mancharte por el Tawaguitt!! (sic) Tú me dirás. No te hablo de hombre a mujer, sino de hermana a hermano. Mi trabajo es muy arriesgado y muy complicado, pero necesario», le explica. En ese blog detalla que está postrado en una silla de ruedas desde hacía más de 10 años al tener la parte derecha del cuerpo paralizado y que era «hijo de gitano español y madre castellana andaluza».

Para ejecutar su trabajo, Maya Amaya contó con la ayuda de los cuatro integrantes de la red (de nacionalidades belga, tunecina y francesa), quienes reconocieron en el juicio que contactaron con el líder de la célula porque tenían interés en viajar a Siria «para luchar contra el régimen de Bashar Al Assad y hacer la yihad» y que llegaron a residir unos días en su casa de Melilla.

Documentación falsa

En relación al único acusado que no confesó, llamado Chafik J.B.A., el tribunal señala que ha quedado acreditado que Maya Amaya acudía a él para que les proporcionase documentación falsa que permitiese a las personas captadas cruzar las fronteras hacia zonas de conflicto, si bien no consta que aquel participase de forma estable con la organización. Este condenado reconoció que su amigo Mustafá Maya Amaya era conocido en Málaga y Melilla como El talibán de Melilla y que se dedicaba a la difusión de la yihad y a la captación de voluntarios.

La defensa de Chafik J.B.A. mantuvo hasta el final la solicitud de nulidad de las intervenciones telefónicas practicadas y las diligencias de
entrada y registro, lo que fue denegado por el tribunal al entender que cumplían la «totalidad de los requisitos legal y jurisprudencialmente exigibles».