ETA está a punto de concluir el proceso de debate interno y votación para decidir cómo será su final. La propuesta de la dirección pasa por dar por finalizado su “ciclo y función” y descarta convertirse en una organización civil. La cúpula de la banda propone al resto de los integrantes decantarse por redirigir sus fuerzas a fortalecer el proyecto de la izquierda abertzale para continuar con su aspiración de liberación nacional de Euskal Herria. ETA ha llegado a la conclusión de que ya no puede “esperar ni a nada ni a nadie” y señala que le corresponde ya “cerrar el tiempo del conflicto armado y las situaciones relacionadas” para abrir una etapa “totalmente nueva”.

El proceso que desde hace unos meses lleva a cabo ETA entre sus miembros está compuesto por un debate sobre tres documentos. Uno de ello hace referencia a la “contextualización histórica” de su lucha, otro al periodo que transcurre desde 2009 hasta la actualidad y un tercero, el único que se someterá votación, denominado como “propuesta política” y que define el papel que debería jugar ETA una vez disuelta. Sobre este tercer documento los miembros de la organización terrorista pueden votar a favor, en contra o en blanco. El resultado de la misma se espera para antes del verano y se hará público. En caso de ser aprobado ETA desaparecerá “de facto”, según se señala en la información que hoy avanza el diario Gara, y por tanto dejará de ser “un agente que interpele y es interpelado”. Se señala que tan sólo quedarán activas algunas labores “de carácter técnico” para evitar que se produzcan “utilizaciones malintencionadas de las siglas de ETA”.

ETA afirma que “no es el momento de irse a casa” sino de sumarse al proyecto de la izquierda abertzale

En su documento, conocido ahora pero redactado en abril de 2017, la organización violenta no hace ningún tipo de autocrítica ni reconocimiento del daño causado ni referencias a las víctimas de sus miles de atentados, secuestros, extorsiones y amenazas. El mismo se limita a plantear un análisis de la labor realizada como organización armada, a justificar las razones de su disolución y a proponer su incorporación y aportación del “caudal militar” almacenado a la estrategia de la izquierda abertzale. Así, señala que el camino iniciado hace casi seis décadas “no ha llegado a su fin” ni se encuentra “cegado”.  Afirma que el camino que aún le resta por andar “se debe realizar de otra forma”. Recuerda que ETA tiene “suficiente bagaje” y tranquilidad estratégica para saber cómo y dónde volcar “su capital político”.

Descarta ser una ‘organización civil’

En este punto, la dirección de la banda descarta convertirse en una organización “convencional” ya que requeriría “reinventarse” tanto en lo relativo a su estrategia, como en sus “funciones políticas y medios de lucha e influencia”. Añade además que para mantener “algún tipo de autoridad moral” las mayorías que requeriría actualmente en la sociedad son “ciertamente amplias” y no le entenderían, con el riesgo que supondría de terminar por convertirse en unas “siglas fantasma”.

Por todo ello, en el documento propuesto por la dirección se concluye que lo más adecuado sería que para seguir avanzando en el camino por la “liberalizacion nacional” de Euskal Herria y “toda la fuerza militar creada bajo la influencia de ETA y a su alrededor” se aporte al proyecto político de la izquierda abertzale, “no es el momento de irse a casa”, apunta, “contamos con razones suficientes para tener confianza en el futuro”.

En el documento de debate interno ETA no reconoce el daño causado ni hace referencias a las víctimas que ha causado

ETA aclara que en este punto del proceso de disolución como organización armada no se opta “entre Organización y precipicio” ya que “hace mucho que el proyecto de la organización ya no es sólo de ETA” sino de un movimiento “que denominamos izquierda abertzale” y que según asegura “ha demostrado suficiente madurez y capacidad de lucha” y por tanto resulta más eficaz para materializar el reto al que nos enfrentamos hoy en día”. Considera que con su apoyo se contribuirá a acelerar el proceso independentista.

En su documento arremete contra quienes ponen en cuestión su final. “Las fuerzas contrarias al cambio”, afirma, “recrean constantemente que nos encontramos en la situación anterior, para que no se produzcan avances que pongan en riesgo sus privilegios”. Al hacer balance de su actividad en todos estos años no oculta que han existido periodos de “crisis” dentro del organización pero que hoy las condiciones “para seguir adelante” en su lucha continúan “intactas” aunque por otras vías. Apunta que los objetivos que han guiado a ETA “no se han conseguido aún” pero sí han logrado acumular en torno a sí “fuerza y voluntad” suficiente para afirmar que el “proceso de liberación” continúa.

El ‘caudal militar’

La banda asegura que no reniega de su “aportación”, que deja abierta a la “autocrítica”. Junto a ello, insta a todos sus militantes a que en este nuevo tiempo que ahora se inicia expandan “los valores, el compromiso y la determinación mostrada durante estos años” para ponerla al servicio del “caudal militar” acumulado por ETA. Les urge a actuar en el futuro “manteniendo la honestidad, coherencia y responsabilidad necesarias para el proceso de liberación” y asumiendo el deber de mantener “la cohesión” en la izquierda abertzale.

El anuncio del final de ETA para antes de verano llega casi un año después de que la banda formalizara su desarme en Bayona, el pasado 8 de abril, y seis años y medio después de que anunciará el cese de su actividad armada, el 20 de octubre de 2011. En su documento no se hace referencia al legado que deja tras de sí la banda ni a las víctimas de sus miles de atentados. En los casi 50 años de atentados y acciones armadas, ETA ha provocado más de 800 víctimas y decena de miles de heridos. Además, 379 de sus asesinatos continúan sin resolver. A ello se suma que ETA tiene a casi 300 de sus integrantes presos en las cárceles españolas y francesas.