El ‘pressing catch’ es un espectáculo en el que varios actores con apariencia de luchadores hacen como que se pegan, como que se odian, todo alrededor de una importante atención mediática y enormes audiencias que pagan por el show. El ‘pressing CUP’ es un término acuñado tras las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015 que describe como prensa independentista, partidos independentistas y sociedad independentista presionan a la CUP para que se adapte a los deseos de la mayoría soberanista y no entorpezca. En aquella ocasión fue para que cedieran e invistieran a Artur Mas, cosa que no hicieron, forzando el límite de la nueva convocatoria electoral. Ahora, tras la negativa a investir a Jordi Turull, el espectáculo ha vuelto a emerger en redes sociales, discursos políticos y prensa.

En El Nacional, su director José Antich titula su columna ‘Investidura fallida, ocasión perdida’ y dice que «los perdedores del 21-D se fueron satisfechos y los ganadores tristes». Y apunta a los que fueron incapaces de ponerse de acuerdo: «La democracia tiene sus reglas y sus juegos de mayorías y minorías, es cierto. Pero cuando los electos no son capaces de cumplir el mandato de los electores, resolver sus diferencias y realizar grandes acuerdos ni en condiciones tan excepcionales es normal que sus votantes se pregunten qué ha sucedido».

Si no han sido capaces de cerrar filas con la mayoría soberanista en pleno bombardeo represivo, no se puede esperar ninguna solidaridad de los anticapitalistas’

El medio acompaña su edición del viernes con una encuesta en la que pregunta a sus lectores si la CUP debería haber permitido la investidura de Jordi Turull antes de la declaración de hoy en el Supremo. El 70% dicen que sí. En su crónica ‘La magnitud de la tragedia’, el periodista Jordi Barbeta es especialmente duro con la formación de Carles Riera. «Si no han sido capaces de cerrar filas con la mayoría soberanista en pleno bombardeo represivo, no se puede esperar ninguna solidaridad de los anticapitalistas cuando se tratan asuntos no tan trascendentales como la investidura del presidente. De hecho, siempre han actuado igual», escribe, antes de acusar a la CUP incluso de no pertenecer al movimiento: «No son de este mundo. No son soberanistas, ni independentistas, o lo son sólo en función de la agitación que puedan lograr asumiendo provisionalmente estas o aquellas etiquetas». Como contrapunto, el columnista Enric Vila sí justifica la posición cupaire y la compara con la de las juventudes de ERC contra el Estatut en la época de Zapatero.

También en VilaWeb su director Vicent Partal se suma al reproche a la CUP, si bien algo más ligero: «Ayer el error fue, de nuevo, múltiple. No se puede tratar a la CUP con la displicencia y la soberbia con la que lo van a hacer Junts per Catalunya y ERC. Ahora, creo que la CUP también debería de reflexionar sobre si, pese a todo, su decisión puede ser entendida por los ciudadanos de este país en el momento concreto en que nos encontramos». Más tarde, subraya el error de no propiciar el simbolismo de mandar al Tribunal Supremo a un presidente electo: «La CUP no creyó conveniente hacer presidente a Jordi Turull pocas horas antes, seguramente, de su entrada en prisión: pocas horas antes de lo que habría sido, por tanto, la entrada en prisión de un presidente de la Generalitat».

Así sí. Este es el partido que quiere el Estado. Una minoría con gestos bien radicales y amenazantes. El grupo extremo que vive en la oposición’

Más dura es la opinión del director de El Punt Avui, Xevi Xirgo, que titula su columna ‘El autogol’. «Hoy la imagen del presidente de un gobierno recién investido declarando delante de un juez que le puede enviar a prisión tendría que dar la vuelta al mundo. Pero no. Cup style», escribe en un artículo plagado de referencias a la no investidura de Turull que siempre apostilla con un irónico «gracias, CUP». «Ayer perdimos un partido, pero queda Liga. No dejo de pensar, de todas formas, que Turull no se merecía este resultado. Ni Turull ni probablemente el país. ¿Y ahora?, se preguntarán. Pues ahora, respiren hondo. ¿No sienten, allá al fondo, un aire de elecciones?».

En todos los medios se cuelan opiniones que ponen la responsabilidad del fracaso del jueves sobre los hombros de la CUP. En El Mon la firma Oriol Jara, que escribe ‘La CUP. El independentismo que quiere España’: «Así sí. Este es el partido que quiere el Estado. Una minoría con gestos bien radicales y amenazantes. El grupo extremo que vive en la oposición y acusa a los otros de traidores y miserables. Los cuatro diputados (los mismos que el PP) que son más dignos y más honestos y más comprometidos y más nobles y más auténticos que los otros».