JxCat no cederá la presidencia de la Generalitat. Los Comunes no votarán un candidato del PDCat. ERC no puede acumular la presidencia del Parlament y la Generalitat. La negociación para la formación de gobierno catalán se ha convertido en un juego de vetos y contra vetos entre los partidos independentistas, con la participación en los últimos días de los comunes de Ada Colau, de difícil solución. Todos los implicados aseguran querer evitar a toda costa la repetición electoral que, hoy por hoy, se antoja como una auténtica ruleta rusa, pero el sudoku de la presidencia no tendrá fácil solución.

El primer debate está entre quienes quieren esperar a ver cómo evoluciona la situación jurídica de Carles Puigdemont en Alemania y los proclives a formar gobierno ya. La diputada de JxCat Gemma Geis clamaba el miércoles en el Parlament que «no renunciaremos a la investidura de Puigdemont» en el debate de una propuesta que esgrimía la apelación ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU para forzar al Tribunal Supremo a permitir la investidura. Propuesta que fue aprobada con los votos de JxCat, ERC y la CUP.

El adjunto a la presidencia de Esquerra, Pere Aragonés, defendía horas después, sin embargo, la necesidad de pasar página y formar un gobierno efectivo. Y aprovechaba el altavoz de TV3 para reclamar a sus futuros socios de JxCat que propongan ya un candidato viable para la investidura. En los cálculos de Esquerra pesan los plazos del proceso de extradición de Puigdemont, que puede prolongarse hasta dos meses si sus abogados, como han anunciado, recurren la petición del Gobierno español ante Alemania. Y dos meses es lo que queda para que se agote el plazo para la convocatoria de nuevas elecciones.

Aragonés es, además, uno de los nombres más interesados en esa investidura efectiva, que le permitiría a él asumir la consejería de Economía, principal representación institucional reservada para Esquerra en el reparto de carteras ya cerrado entre ambos partidos. El vacío de poder en Esquerra es obvio, con Junqueras en prisión y Marta Rovira fugada en Suiza, y dos hombres pugnan por cubrir ese vacío: Aragonés y el presidente del Parlament, Roger Torrent.

El primero, colaborador directo de Junqueras en Economía, se apuntó un tanto al ser nombrado adjunto a la presidencia del partido en el consejo de urgencia celebrado el pasado viernes. Pero necesita una atalaya de poder institucional para competir con Torrent, omnipresente desde la presidencia del Parlament que usa cada vez más abiertamente para su proyección personal.

El eje Tardà-Domènech

Por eso Aragonés ha descartado la posiblidad de un «gobierno técnico» como defiende Xavier Domènech para desbloquear la situación. Ese gobierno de concentración entra mucho más en los planes de los comunes que en los de Esquerra. Los republicanos sí confían, sin embargo, en atraerse a CatEC para que apoye una futura investidura, como defiende desde hace semanas su portavoz en el Congreso, Joan Tardà.

Tardà, una de las voces más respetadas del ámbito republicano, siempre ha defendido un acercamiento a Podemos y los Comunes, maniobra que facilita enormemente su buena relación con Xavier Domènech, tejida a raíz del paso del segundo por el Congreso. Los morados han dejado clara su predisposición a apoyar un candidato de Esquerra, pero se niegan en rotundo a votar a un presidente del PDCat. Ernest Maragall podría ser un candidato de consenso, proviene del socialismo, lidera un partido minoritario coaligado con ERC y sus 75 años permiten suponer que no aspirará a mantener el cargo más allá de un año.

Pero desde JxCat avisan que ERC -«que es la tercera fuerza parlamentaria» insisten estas fuentes- no puede acumular la presidencia del Parlament y la Generalitat. Ningún partido ha sumado los dos principales cargos institucionales catalanes -en tiempos de CiU la presidencia del Parlament siempre se dejaba en manos de Unió y ERC la asumió por primera vez en el tripartito, cuando el PSC ocupaba la presidencia de la Generalitat- menos va a suceder ahora cuando los republicanos han quedado por detrás de C’s y JxCat en las elecciones del 21D-D.

JxCat defiende que suyo es el candidato a la presidencia de la Generalitat. Pero tampoco hay consenso en el grupo mayoritario del independentismo sobre el «plan D». El PDCat exige que sea un militante del partido, lo que apunta a dos alcaldes: Albert Batet y Marc Solsona, ambos diputados. El primero ha tenido un papel destacado en las negociaciones durante las últimas semanas, en el que se le ha visto siempre secundando a Elsa Artadi.

El bloque de fieles a Puigdemont, liderado por Artadi y Pujol, defiende sin embargo un presidente de su entorno, que podría ser el ex presidente de Òmnium Quim Torra. Sería un nombre mas «digerible» para los comunes, argumentan en su defensa. Pero el PDCat no está dispuesto a hacer más renuncias, consciente de que puede encontrarse a las puertas de unas elecciones en las que la ruptura del grupo es más que probable.

Así las cosas, la detención de Puigdemont ha abierto un nuevo baile de nombres para la investidura, en el que lo único seguro es que «quien diga que sabe lo que va a pasar, miente» como más de uno reconoce en el entorno independentista