Después de rendir homenaje a su esposa Marisa Letícia, fallecida en 2017 y que el sábado habría cumplido 68 años, Lula aceptó su destino, aunque sin bajar la guardia y siempre combativo. Ahora el infortunio le lleva a la cárcel de Curitiba, donde saltó a la luz el caso de corrupción Lava Jato en 2014.

«No les tengo miedo. Demostraré que soy inocente», ha dicho al anunciar que iba a acatar «el mandato del juez», con decepción de sus admiradores. «Creo en la justicia, en una justicia justa», ha sentenciado, tras declarar que pronto será evidente que no es culpable. «Son ellos los que han cometido un crimen», ha reiterado.

Con 26 horas de retraso, Lula ha ingresado esta madrugada, hora española, en la cárcel de Curitiba, en Paraná. Allí también le han aclamado cientos de seguidores, y se han registrado enfrentamientos con la policía que se han saldado con ocho heridos, ninguno de gravedad, según la web de Folha de S. Paulo.

La jornada del sábado ha sido intensa y emotiva. Decenas de sus seguidores, bien pertrechados con vallas metálicas, han bloqueado el primer intento de Lula de salir en coche de la sede del sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo. En algún punto debía encontrarse con la policía federal y desplazarse desde el aeropuerto de Congonhas hasta Curitiba.

Lula, que iba a acompañado de su abogado, Cristiano Zanín y su amigo Paulo Okamotto, tuvo que volver a la sede del sindicato de Metalúrgicos. Su equipo, especialmente la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), Gleisi Hoffmann,  ha intentado templar los ánimos y permitir una salida pacífica.

Finalmente, hacia las 18.40 hora local, 23.40 en España, después de que la policía federal diera un ultimátum de media hora, ha salido del edificio a pie y se ha entregado a la policía federal para su traslado a Curitiba. Es el primer ex presidente de Brasil preso por un delito común.

Horas antes, el ex presidente brasileño, de 72 años, ha dado un mitin de 55 minutos, rodeado de sus más leales, como la ex presidenta Dilma Rousseff. «Vivo el momento de mayor indignación de mi vida», ha clamado casi afónico. Ha reiterado su inocencia, ha acusado al juez Moro de «mentiroso» y ha dicho que «quienes hablan del clamor del pueblo (para encarcelarle) que se quiten las togas y compitan en las urnas».

«Quieren evitar que sea candidato, que vuelva a ser presidente porque no quieren que los pobres dejen de ser de segunda categoría», ha dicho ante miles de seguidores, muchos con camisetas rojas. Lula, en clara evocación a Martin Luther King, se ha mostrado como «un constructor de sueños, ese es mi crimen».

«Tuve un sueño, que en Brasil los pobres progresaran y estudiaran. Seguiré con ese sueño. Y vosotros me vais a ayudar… No habrá un Lula en las calles, habrá miles, cientos de miles de Lulas», ha dicho con vigor a pesar de la ronquera. «Atenderé el mandato del juez… Pero no podrán encarcelar mis ideas», ha dicho en el primer discurso tras dictarse su ingreso en prisión.

El ex presidente Lula da Silva es el favorito en los sondeos con vistas a las presidenciales de octubre. La sociedad brasileña está muy polarizada: un 35% le quiere ver de nuevo en Planalto, y otro tanto se alegra de que haya sido condenado. Ha querido despedirse de sus fieles en el lugar donde en los 70 empezó como sindicalista y feroz opositor.

Fundó en 1980 el Partido de los Trabajadores (PT), intentó tres veces llegar a la Presidencia y a la cuarta, en 2002, lo logró. Muchos le recuerdan por sus programas sociales que permitieron sacar de la pobreza a millones de brasileños. Coincidieron sus mandatos con una época dorada en la economía brasileña.

Lula se resiste a renunciar a ser candidato, aunque según la Ley de Ficha Limpia lo tendrá casi imposible. Los condenados en segunda instancia no pueden competir, pero decide sobre el asunto el Tribunal Electoral. El Partido de los Trabajadores apurará el máximo para aprovechar la popularidad de Lula.

No les perdonaré (a los jueces que le han condenado) porque me han presentado como un ladrón», dice Lula

Sobre los jueces que le han condenado, Lula fue tajante. «No les perdonaré porque me han presentado como un ladrón». Y añadió: «Soy el primer condenado del mundo por una casa que no es mía». Su discurso acabó con la canción  A pesar de vocé, de Buarque, opositor a la dictadura. «A pesar de vocé/ amanha ha de ser outro dia/ A pesar de ti, mañana será otro día». La multitud clamaba: «Yo soy Lula, yo soy Lula».

Con celeridad, el juez Sergio Moro dictó el jueves la orden de arresto del ex presidente brasileño por su condena a 12 años y un mes por corrupción. Tenía que ingresar en prisión el viernes a las 17h locales. Por su rango podía presentarse voluntariamente o bien esperar a que la policía le fuera a buscar.

No cumplió el plazo y se atrincheró en la sede del Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, junto a sus fieles. Los allegados de Lula han señalado que el ex presidente no podía presentarse por sus medios en Curitiba por tener bloqueadas sus cuentas.

Ha resistido y ha presentado un segundo habeas corpus al Tribunal Supremo de Justicia, que ha sido rechazado, y ha apelado al Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas para evitarlo. Cientos ocupaban las calles de Sao Bernardo, en el cinturón industrial de Sao Paulo, y gritaban: «Inocente, inocente».

Durante la jornada del viernes y el sábado, muchos le pedían seguir adelante. La policía federal, por razones de seguridad, optó por la espera. Sus allegados, con gran pesar, le convencieron para que no perdiera posibilidades de recursos y cediera. Así fue finalmente.

Para la misa en honor de Marisa Leticia, con quien estuvo casado 43 años, Lula había pedido pidió escuchar Asa Branca y Dixa a Vida me Levar. Empezó con retraso porque sus hijos estaban desconsolados. «Es Lula quien va calmando a unos y a otros», comentaba un diputado cercano, según Folha de S. Paulo. Fue una celebración por la esposa y un homenaje a Lula made in Lula y dedicado por los más lulistas.

Después de una mañana intensa, almorzó el sábado con su familia antes de su entrega a la policía federal, que los más acérrimos del PT querían impedir a toda costa. Finalmente ha logrado salir de su refugio de estas últimas 48 horas y cumplir el mandato judicial. En Curitiba los ánimos también estaban exaltados. Los partidarios del juez Moro, con un muñeco hinchable del magistrado como un superman y otro del ex presidente como presidiario, y los admiradores de Lula, frente a frente.

Habían pasado unas largas 48 horas desde que el juez Moro emitiera su orden de ingreso en prisión. “Al condenado, el ex presidente Luis Inácio Lula da Silva, le concedo, en atención a la dignidad del cargo que ocupó, la oportunidad de presentarse voluntariamente a la Policía Federal en Curitiba hasta las 17:00 (hora local) del día 06/04/2018, cuando deberá ser cumplido el mandato de prisión”, suscribe el juez Moro, según O Globo. Prohibió usar esposas en cualquier caso.

El juez Moro no le declaró prófugo al cumplirse el plazo, el viernes a las 17h locales. Aguardó a que el ex presidente accediera. Ceder no lo hará nunca, tal y como quedó demostrado en sus primeras palabras tras saber que no va a evitar la cárcel.

En caso de no entregarse, habría complicado mucho tanto la causa por la que es encarcelado como otras cuatro pendientes. Su excarcelación sería más difícil porque el juez podría demandar prisión preventiva, dada su resistencia. Sería culpable de cualquier incidente violento. Y habría puesto en juego ciertos beneficios, como una celda individual de 15 metros cuadrados en la cárcel de Curitiba, en Paraná al sur del país. No tendrá que compartirla con otros condenados por corrupción.

Las últimas horas en libertad las pasó Lula rodeado de los más fieles en la sede del Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, cuna de su ascenso al poder. Desde que se refugió en la sede de su sindicato, clamó ante sus seguidores por su inocencia: “Los que tienen la razón vencerán. Cientos de manifestantes del Partido de los Trabajadores corearon: “Lula, guerrero del pueblo brasileño”, cuando se asomó a saludarles el viernes, desde la ventana del edificio de Sao Bernardo do Campo. Allí justo conoció a su querida Marisa Letícia, viuda como él cuando se encontraron.

Los que tienen la razón vencerán», ha dicho Lula da Silva a sus seguidores desde la sede de Metalúrgicos

El juez Moro procedió velozmente, apenas unas horas después de que el Supremo Tribunal Federal (STF) rechazara conceder el habeas corpus al ex presidente brasileño, tras ser condenado en segunda instancia a 12 años y un mes por corrupción. En otros casos juzgados en Lava Jato, no hubo tanta urgencia.

La doctrina desde 2006 dicta que los condenados en segunda instancia esperen el resto de los recursos en la cárcel para evitar que los procesos se prolonguen en exceso. Es la que han aplicado los 11 jueces del STF, si bien su voto fue muy ajustado, de seis en contra del habeas corpus y cinco a favor. Tuvo que ser la presidenta del Tribunal, Cármen Lúcia, quien desempató finalmente. El proceso contra Lula está marcado por la polarización en todos los ambientes, político, social y judicial.

El juez Moro, que fue quien dictó la primera condena contra Lula en julio pasado por el caso del tríplex cuya reforma fue una moneda de cambio para favorecer a la constructora OAS en sus negocios con Petrobras. En enero perdió la apelación Lula e incluso aumentaron la pena a 12 años y un mes. Los testimonios de los ejecutivos arrepentidos fueron clave para incriminar a Lula.

Lula se considera una víctima política. En la víspera de la resolución del Supremo Federal, alarmó un tuit del comandante Eduardo Villas Boas sobre cómo no podría permitirse “la impunidad”. Muchos lo intepretaron como una presión a los magistrados. Luego el militar matizó e insistió en su defensa de la Constitución.

Lula declaró que la inmediatez con la que ha resuelto el juez Moro su ingreso en la cárcel es “absurda” porque estaba dispuesto a entregarse, y porque había margen hasta el martes para agotar recursos jurídicos. Un periodista brasileño, Kennedy Alencar, de la emisora CBN, reprodujo su conversación con Lula en Twitter y el ex presidente le retuiteó. Dice Lula que el juez Moro “tiene la idea fija” de verle “preso”.

Junto a Lula estuvo la ex presidenta Dilma Rosseff, que tuvo que dejar el cargo por un caso de falta de transparencia en las cuentas públicas. La presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, acusó al juez de ser una persona “armada de odio y rencor, sin pruebas, con un proceso sin delito que ordena la detención antes de agotar todos los recursos. Es una detención política que reedita los tiempos de la dictadura”.

El abogado de Lula, Cristiano Zanini, lo suscribe: “El objetivo es que mi cliente no vuelva a gobernar Brasil justo cuando lidera las encuestas para las presidenciales de octubre”, y argumentan que las confesiones se obtuvieron “bajo delación premiada”.

Sin embargo, Carlos Malamud, investigador principal del Real Instituto Elcano, asegura que no se trata de “una persecución política”. Según Malamud, “Lula no es un perseguido político. Puede decir que la mirada es más escrutadora sobre él que sobre otros personajes, pero no reclamar inocencia».

En estas últimas horas en libertad, Lula se ha dejado querer por sus leales y por sus seguidores. “Quiero probar que ellos son los que están cometiendo un error en este país. Entonces, estoy muy tranquilo”. Así parecía en su discurso, vigoroso y ardiente, horas antes de llegar a su celda en Curitiba quien fuera el político más popular de América Latina.