La CUP ha convocado a su militancia al Consejo Nacional que celebrará el domingo en Cervera para debatir el sentido de su voto en la investidura de Quim Torra. Un voto que mañana se mantendrá en la abstención, como los antisistema hicieron en el debate de investidura de Jordi Turull, pero que el lunes, en la votación definitiva, podría pasar a ser un voto en contra del candidato propuesto por Carles Puigdemont. En ese caso, Torra sería derrotado por 69 votos en contra y 66 a favor, y los independentistas contarían con sólo ocho días para intentar una última investidura in extremis antes de la convocatoria automática de celebraciones, el 22 de mayo.

La formación antisistema siempre había mantenido su apuesta por una «abstención crítica» a cualquier candidato propuesto por JxCat que no fuera Carles Puigdemont, al que siguen considerando «presidente legítimo» de la Generalitat. Pero hoy tres asambleas territoriales de la formación, las del Barcelonés, Baix Llobregat y Tarragona, han forzado la convocatoria para definir el sentido del voto.

Nadie se plantea un «si» a Torra

La diputada Natalia Sánchez ha asegurado que la disyuntiva será entre la abstención y el «no», de manera que no se plantean apoyar a Torra, pese a que se trata del candidato más próximo a sus tesis de todos los que podría haber propuesto Puigdemont.

Y las juventudes del partido, Arran, ya han advertido este viernes a través de las redes sociales su oposición a la investidura de Torra, postura que defenderán ante su militancia con la vista puesta en la cita del domingo en Cervera.

Para Arran la candidatura de Torra «no sirve para mantener el embate» con el Estado, puesto que a su juicio implica obediencia. Tampoco sirve, argumentan desde Arran «para sumar ni para identitarismos no muestra la correlación de fuerzas dentro del independentismo» por lo que concluyen que «es una mala opción a nivel táctico y estratégico».

La dirección de la CUP no preveía cambiar su voto, pero división en el seno del partido anticapitalista, que renovó su secretariado nacional el pasado febrero, y la distancia entre el grupo parlamentario y las bases explican este inesperado escollo a la investidura de Torra. En la actual dirección siguen conviviendo los dos sectores mayoritarios, Endavant y Poble Lliure, pero con preminencia del primero, justamente el grupo que en 2015 forzó el plante ante la investidura de Artur Mas y provocó su relevo por Puigdemont.

Ahora, de nuevo, la dirección anticapitalista se encuentra atrapada por su funcionamiento asambleario. Los líderes parlamentarios no tienen ninguna intención de obstaculizar la investidura, pero Carles Riera no tiene el ascendente sobre sus bases de David Fernández, Quim Arrufat o Anna Gabriel.