«Dejo sin efecto mi delegación de voto». Con un escueto comunicado de tres líneas se ha acabado la participación belga de Toni Comin en la XII legislatura catalana, y con ella se acorta un poco más la ventaja del bloque independentista en el Parlament. Toni Comin renuncia a la delegación de voto forzada para la investidura cuando estaba bajo medidas cautelares de la justicia belga, pero mantiene su escaño, de manera que a JxCat y ERC ya no les vale la abstención de la CUP, como sucedió en la investidura de Quim Torra. A partir de ahora tendrán que contar con el sí de los antisistema o buscar nuevas alianzas, probablemente con los comunes de Xavier Domènech, si quiere aprobar alguna iniciativa parlamentaria.

La Mesa del Parlament, que se reúne a esta hora, debía decidir sobre la retirada de ese voto delegado que exigieron la semana pasada los grupos de la oposición, recordando que la situación procesal de Comin cambió en el momento en que la justicia belga denegó la extradición al ex consejero de Sanidad y le retiró las medidas cautelares. El presidente del Parlament, Roger Torrent, forzó aplazar medida pidiendo a ERC -su grupo- que «acreditara» la nueva situación procesal del diputado, una acreditación que nunca solicitó para aceptar la delegación de voto.

La Mesa se dio hasta hoy para tomar una decisión, pero en Esquerra eran conscientes de que no se podía mantener un voto delegado que, como les habían advertido tanto desde C’s como el PSC, podía suponer la nulidad de todas las decisiones adoptadas en el Pleno del Parlament con el concurso de Comin y llevar a la propia Mesa a incurrir en responsabilidades penales por prevaricación. Un riesgo que ni Torrent ni el resto de los independentistas de la Mesa están dispuestos a asumir por el ex consejero fugado.

Batalla por el escaño

La renuncia reabre sin embargo la batalla entre Comin y Esquerra por la negativa del ex consejero -que concurrió a las elecciones como independiente por las listas de Esquerra, partido que le acogió tras abandonar la órbita del PSC- a renunciar a su acta de diputado. Los otros tres ex consejeros fugados junto a Carles Puigdemont, Clara Ponsatí, Lluís Puig y Meritxell Serret, renunciaron a sus actas de diputados en enero para no dificultar la investidura de los sucesivos candidatos a la Generalitat. Pero Comin siempre se ha negado a ello, porque el acta de diputado le permite mantener la excedencia en la universidad privada en la que daba clases en el breve periodo entre su etapa como diputado socialista y su entrada en el gobierno de Puigdemont.

Ahora, Comin ha planteado un nuevo desafío al partido que oficialmente le da cobijo al aceptar la propuesta de Quim Torra para formar parte del «Govern restituido», una oferta que no ha aceptado ningún otro ex conseller republicano. Esquerra asegura oficialmente respetar esta decisión, pero los desplantes de Comin, convertido en confidente de Puigdemont en Bruselas, como destapó el episodio de los sms televisados, se ha convertido en un escarnio para un partido que sufre la falta de liderazgo público derivado del encarcelamiento de Oriol Junqueras, mientras Puigdemont lidera el discurso independentista tras su huida.