Los Juegos Mediterráneos de Tarragona, que se inauguraron el pasado viernes y se extenderán hasta el próximo 1 de julio, están derivando en una sensación de fracaso organizativo considerable. Las gradas de los eventos deportivos están en su mayoría vacías y se han protagonizado ya algunos momentos esperpénticos durante las ceremonias de entrega de medallas por problemas logísticos o, directamente, por la ausencia de autoridades. Además, el conflicto político en Cataluña está ejerciendo una sombra alargada sobre el evento, que no atrae ningún interés mediático dada la coincidencia temporal con el Mundial de Rusia 2018.

Una coincidencia que no debía ser, y que se ha acabado produciendo por la nula previsión organizativa que España ha demostrado en este caso. Tarragona fue elegida como sede en 2013, en una ajustada votación en la que se impuso por 36 a 34 a Alejandría (Egipto). El evento, que se celebra cada cuatro años, debía celebrarse en 2017, precisamente para evitar toparse con Juegos Olímpicos de Verano o de Invierno, Mundiales de Fútbol o Eurocopas. Pero España incumplió su compromiso y no llegó a tiempo. Se culpó entonces a la inestabilidad política, con el país al borde de unas terceras elecciones, para justificar que las partidas necesarias no podían desbloquearse y los Juegos tenían que retrasarse un año.

Así se llegó a la ceremonia inaugural del pasado viernes, con el presidente de la Generalitat Quim Torra amenazando con boicotear al Rey, la grada dividida entre independentistas y constitucionalistas que silbaban a unos y otros según se escuchaban sus nombres por megafonía y una imagen del Nou Estadi triste, con las gradas a medio llenar y un espectáculo prácticamente amateur en el césped.

Gala ‘amateur’ y gradas vacías

La gala no recordó en nada a la de eventos deportivos de entidad, y ni siquiera se pudo comparar con las de Mersin 2013, Pescara 2009 o Almería 2005. Por si fuera poco, el Ayuntamiento socialista y la Generalitat se enzarzaron en una disputa sobre el reparto de las entradas y la “selección” del público con criterios políticos. No fue, ni de lejos, el inicio deseado para una competición que necesita relanzarse, reinventarse o morir, máxime con la amenaza de los recién nacidos Juegos Europeos, cuya segunda edición se celebrará en Minsk el año que viene. De momento, los Juegos Mediterráneos tienen una próxima edición asegurada en Orán (Argelia) en 2021, y aún no hay sede para 2025.

Pero si la gala fue negativa para la imagen de los Juegos Mediterráneos, lo que ha seguido ha sido mucho peor. Tanto en el fin de semana como en el arranque de esta, las gradas han estado vacías, incluso en la piscina que ha visto en acción a la abanderada española, Mireia Belmonte, que se ha llevado dos oros y dos platas. Ni hablar del pabellón de gimnasia, el de balonmano o los de voleibol, para los que la organización de los Juegos ha terminado repartiendo entradas a los clubes locales.

Belmonte también ha protagonizado la que, hasta el momento, ha sido la imagen más esperpéntica del evento. Se produjo este lunes, durante la entrega de medallas del 400 libre femenino, en el que la española fue plata tras la italiana Simona Quadarella y por delante de la portuguesa Diana Durães. Las deportistas esperaron durante minutos a que la ceremonia se iniciase, llegando a desesperarse e incluso a sentarse en el podio. No había ninguna autoridad para entregarles las preseas. Fue Belmonte, quien, ya harta de la situación, tomó las riendas y entregó las medallas personalmente.

La imagen, más allá de la anécdota, retrata la incapacidad del evento para cuidar, incluso, de sus más grandes estrellas. Para el resto también ha habido agravios. Por ejemplo para el doble masculino francés que esta mañana se ha llevado el oro en bádminton, y que se ha tenido que desgañitar cantando La Marsellesa porque el himno, directamente, no sonaba por megafonía.

Al mismo tiempo, parte de los árbitros de las modalidades de lucha están en huelga por el retraso en los cobros de sus tasas por parte de algunos Comités Nacionales. El comité organizador de los Juegos se ha desmarcado de esta polémica, alegando que no es responsabilidad suya, pero la problemática está retrasando significativamente las pruebas en el tatami.

A nivel deportivo, para España los Juegos Mediterráneos transcurren a gran nivel. Ha conseguido ya 57 medallas, 13 de ellas de oro (en bádminton, piragüismo, esgrima, gimnasia artística, tiro y natación), y está segunda en el medallero, aunque a gran distancia de Italia. A partir del miércoles arrancan las competiciones en la pista de atletismo y el sábado se disputará la final de fútbol, donde España acude con su selección sub-18.