Aquella mañana del 17 de enero de 2002 pudo haber cambiado la vida de tres periodistas para siempre en Euskadi. La desgracia viajaba en furgonetas y motocicletas de mensajeros. Sin saberlo, entre los repartos de aquella mañana incluían tres cajas de pequeñas dimensiones, libros pensarían. No, eran tres bombas con destinatarios señalados por ETA.

El primero, el director de Radio Nacional de España (RNE) en Euskadi, Santiago Silván, lo recibió en su casa en Getxo. Cerca de allí, también en Getxo, un representante de uno de los medios periodísticos de referencia en el País Vasco, el Grupo Correo, Enrique Ybarra, recibía otro paquete. No estaba en casa. El tercero debía entregarse en la cercana localidad de Leioa. El de Marisa Guerrero, delegada de Antena 3 en Euskadi, simulaba ser remitido por Confebask, la patronal vasca. En casa la puerta al repartidos la abrió su su madre. No estaba sola, ese día en casa la hermana de Marisa y sus dos sobrinos de corta edad también se estaban. Ninguna abrió el paquete bomba.

No tardó en llegar la advertencia de no tocarlo. Afortunadamente todo salio mal para ETA. Silván sospechó, avisó a la Ertzaintza que sin demora localizó a la empresa de reparto y los tres paquetes, evitando que Ybarra y Guerrero llegaran a abrirlos.

Las sospechas eran ciertas, 230 gramos de dinamita hubieran estallado de haberlos manipulado. En su interior, un dispositivo similar al que sólo ocho meses atrás, el 15 de mayo de 2001, le estalló a otro periodista, Gorka Landaburu, provocándole graves heridas en una de sus manos y la pérdida de la vision de uno de sus ojos.

Dos condenados

Ahora, 16 años después, quien fuera uno de los jefes millitares de ETA, Garikoitz Azpiazu, ‘Txeroki’, se enfrenta a una petición de prisión de 20 años por aquellos envíos bomba. Una acción por la que ya fueron condenados Asier Arzalluz e Idoia Mendizabal. Desde esta mañana se celebra en la Audiencia Nacional la vista en la que ‘Txeroki’ se enfrenta a  una acusación por parte de la Fiscalía de dos décadas de cárcel al darse por acreditado que formó parte del ‘comando Olaia’ que perpetró los atentados.

‘Txeroki’ se ha negado a declarar. Ha apuntado que no le reconoce «autoridad para juzgar a ciudadanos vascos». A ello a sumado que sobre los hechos que se juzgan «no tengo nada que decir’. Tras ellos se ha retirado no sin antes lanzar un gesto de apoyo, puño en alto, a varios de los presentes en la sala. En la vista también ha declarado por videoconferencia Gorka Martinez, el miembro de ETA condenado por intentar hasta en cinco ocasiones asesinar al ex consejero de interior del Gobieno Vasco y presidente del Parlamento Vasco, Juan María Atutxa. En una declaración de 2003, Martínez situó a ‘Txeroki’ como integrante del ‘comando Olaia’. Al ser preguntado por si se ratificaba en aquella declaración, Martínez lo ha negado y ha señalado que lo que entonces aseguró lo hizo bajo torturas.

El momento mas emotivo de la sesión ha sido la declaración de Marisa Guerrero. La que fuera delegada de Antena 3 en Euskadi ha asegurado que desde el día del intento de atentado contra ella su vida fue un infierno que no ceso hasta que ETA anuncio el cese de su actividad armada en octubre de 2011. «Mi vida dio un vuelco brutal, fue una pesadilla». Guerrero ha relatado que cuando descubres «que alguien te quiere matar es una sorpresa mayúscula. Soy vasca y periodista, que defiende la democracia, y descubrir que alguien te pone una diana…».

Depresión y shock

Ha asegurado que tras lo sucedido en 2002 su madre cayó en una profunda depresión de la que no se recuperó hasta que falleció en 2008. Ha apuntado que tanto ella como su hermana también tuvieron secuelas psicológicas y requirieron tratamiento. Ha apuntado que en el caso de su hermana el impacto de pensar que su hija de tres años pudo «saltar por los aires» le afecto de un modo muy importante. Guerrero si se ha reafirmado en la certeza que siempre ha tenido claro que «nadie me iba a callar y nadie me iba a echar de mi tierra. Había que resistir».

Diversos informes de la Ertzaintza relacionaron al ‘comando Olaia’ con estos hechos. La localización de un piso donde se habría refugiado el comando, y en especial de una máquina de escribir con la que se habría escrito cartas remitidas a la dirección de ETA informando de los mismos, son una de las pruebas de la acusacion que pesa contra ‘Txeroki’.