Aparentemente son bicis simples amarillas o de colores vistosos, pero detrás están multinacionales de Singapur, China o Dinamarca. En Madrid hay al menos tres de estas compañías con miles de aparatos de dos ruedas: desde hace algo menos de un año, estas empresas desembarcaron en la capital y, como si de Car2Go, Uber o Cabify se tratase, dispusieron un sistema de bicis que funciona a través de una aplicación móvil que le muestra un mapa al usuario indicándole dónde están estos vehículos y le permite desbloquearlos para su uso y disfrute.

Ya se avisó de que este sistema colaborativo limpio no estaba exento de problemas, pero lo que está pasando en Madrid escapa a lo previsto: con 100.000 usuarios desde octubre de 2017, las bicis amarillas chillonas de Ofo Bike han experimentado “robos, vandalismo y privatización” y han sido temporalmente retiradas de tres distritos, Usera, Carabanchel y Villaverde, los tres fuera de la Almendra Central que son los límites de la M-30.

Son propiedad de multinacionales asiáticas que inundan las ciudades de bicis chillonas

Así lo expresan portavoces de esta compañía, la que más presencia tiene en Madrid y cuyo número de usuarios evidencia un cada vez mayor interés, especialmente entre las riadas de turistas que visitan España. “Desde el lanzamiento, se han realizado más de 200.000 viajes en Madrid”, indican en Ofo Bike. “En términos de impacto, esto supone el ahorro de 180 Toneladas de CO2 a la atmósfera, equivalente a 9.000 árboles, o dos terceras partes del Parque del Retiro”.

Además de Ofo, están OBike y Donkey Republic, y a ellas se podría sumar el sistema de bicis públicas eléctricas BiciMad. Los problemas clásicos son muy típicos: vehículos oxidados por falta de mantenimiento, aparcabicis llenos. Sin embargo y a diferencia de localidades como Valencia, Barcelona o Sevilla, Madrid continúa siendo una ciudad hostil a la bici por la falta de infraestuctura. El único carril bici decente ejecutado en tres años de Gobierno de Ahora Madrid está en la calle de Santa Engracia: todo eso ha propiciado los robos en zonas más desfavorecidas, donde la bici es marginal aún.

Los robos se producen en barrios más desfavorecidos, donde la bici era y es marginal

Al aterrizar en barrios de clase media-baja sin ningún arraigo ciclista, las incidencias con las Uber bicis se han disparado. Por ejemplo, las privatizaciones, que son sencillamente usuarios que en lugar de dejar la bici en la calle para que otro usuario la utilice después la guardan en sus garajes o trasteros en espera de que la app no se dé cuenta. “Con respecto a incidencias, es una cifra que varía por días, pero actualmente tenemos que ir a recoger diariamente en torno al 1% del total de bicis que tenemos desplegadas”. Ofo Bike informa de cambios en su aplicación que estarán listos este mismo jueves.

Entre las compañías se hacen la competencia. Treinta minutos con Donkey Republic salen por algo menos de dos euros frente a los 50 céntimos la media hora que cuesta una bici de Obike. Pero la calidad del velocípedo de Donkey parece mejor. Cada vez más en el centro se ven hordas de turistas subidos a una bici idéntica. “Las zonas con mayor densidad de bicicletas son Madrid-Río, Ciudad Universitaria y Atocha”, señalan en Ofo, “y las zonas más usadas son Centro y Chamberí-Malasaña, aunque no sea donde más densidad hay”.

Mucha gente aparca este vehículo en su garaje confiando que la app no se dé cuenta

Las multinacionales detrás de la app asumen pérdidas al tratarse de un periodo experimental en Madrid. Y ya han desembarcado en muchas otras ciudades, sobre todo europeas. En Holanda, donde todo el mundo se desplaza en bici, las Uber bicis no son bien vistas. En Barcelona grupos políticos independentistas cercanos a las CUP y contrarios a la turistificación han pinchado varias veces las ruedas. En Madrid es otra historia.