Política

El Gobierno se plantea acercar a un preso de ETA que intentó matar al Rey Juan Carlos

Kepa Arronategi Azurmendi cumple sus condena de 72 años en la cárcel de Almería y bajo la vigilancia de un interno de apoyo

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El Gobierno se plantea acercar a un preso de ETA que intentó matar al Rey Juan Carlos
Acto de recuerdo del agente de la ertzaintza Txema Agirre asesinado por ETA en 1997 días antes de la inauguración del Guggenheim.

Acto de recuerdo del agente de la ertzaintza Txema Agirre asesinado por ETA en 1997 días antes de la inauguración del Guggenheim. Mikel Segovia

Resumen:

El Ejecutivo Sánchez situó a los presos de ETA gravemente enfermos como primer colectivo, junto a los mayores de 70 años, para ser acercados a Euskadi. Según  ha podido saber El Independiente, el etarra Kepa Arronategi Azurmendi es el principal candidato. Este recluso de la banda, de 51 años, está condenado por intentar asesinar al hoy Rey emérito, Juan Carlos I, durante el acto de inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao el 18 de octubre de 1997.

Arronategi Azurmendi cumple condena en la prisión de Almería, a cerca de 1.000 kilómetros de Euskadi. Actualmente sufre una grave patología psicótica que se ha complicado en los últimos meses.

Por ello, el Gobierno considera que reuniría las condiciones para concederle la máxima prioridad de traslado dentro del colectivo de etarras. Es el único de los ocho reclusos de ETA que cumplen condena en la cárcel de Almería que ha requerido ser tutelado por un ‘preso sombra’, un interno de apoyo que se fija siguiendo el protocolo de prevención de suicidios o para evitar posibles situaciones conflictivas.

El propósito es firme y la decisión está tomada. Incluso los primeros candidatos a inaugurar el plan de acercamiento de presos de ETA a cárceles vascas o cercanas al País Vasco empiezan a conformar la lista. Y en la referida a presos gravemente enfermos, que el Ejecutivo Sánchez situó como primer colectivo junto a los mayores de 70 años para los acercamientos, figura, según ha podido saber El Independiente, el etarra Kepa Arronategi Azurmendi. Este preso de la banda, de 51 años, está condenado por intentar asesinar al hoy Rey emérito, Juan Carlos I, durante el acto de inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao el 18 de octubre de 1997.

Arronategi Azurmendi cumple condena en la prisión de Almería, a cerca de 1.000 kilómetros de Euskadi. Actualmente sufre una grave patología psicótica que se ha complicado en los últimos meses. Por ello, el Gobierno considera que reuniría las condiciones para concederle la máxima prioridad de traslado dentro del colectivo de etarras. Es el único de los ocho reclusos de ETA que cumplen condena en la cárcel de Almería que ha requerido ser tutelado por un ‘preso sombra’, un interno de apoyo que se fija siguiendo el protocolo de prevención de suicidios o para evitar posibles situaciones conflictivas.

Como publicó El Independiente el pasado lunes, el Ejecutivo ha trasladado a algunos colectivos de víctimas que tiene ya identificados a al menos dos presos de ETA, de entre los 109 que no tienen delitos de sangre, que podrían conformar la primera fase de la nueva política de acercamientos que se quiere poner en marcha. Junto a ellos, los reclusos enfermos de especial gravedad serían los primeros que se beneficiarían del cambio de política penitenciaria. Desde la delegación de Gobierno en el País Vasco se ha reiterado estos días la intención de que los traslados se activen próximamente, incluso este mismo mes de agosto.

El preso cumple sus condena de 72 años en la cárcel de Almería y bajo la vigilancia de un interno de apoyo

Según los datos del colectivo de familiares de presos de ETA, Etxerat, en Almería se encuentra ingresado otro recluso de la banda que estaría enfermo. Se trata de Garikoitz Arruarte Santacruz, de 38 años, natural de Hernani (Guipúzcoa). Está condenado a 20 años de prisión y cumple condena desde hace quince años.

‘Comando Katu’

Los acercamientos producidos el miércoles a la cárcel de Basauri (Vizcaya) no responden a la activación del final de la dispersión. Los dos presos, Olga Sanz Martín y Javier Moreno, se habían acogido a las medidas de reinserción ofrecidas por Instituciones Penitenciarias durante el Gobierno del PP en el contexto de la Vía Nanclares. Ambos se habían desvinculado de ETA, habían solicitado perdón a las víctimas y habían colaborado con la justicia. Tanto la AVT como Covite han respaldado la legalidad de ambos acercamientos.

El final de la dispersión de los 237 presos de ETA puede ser cuestión de días o semanas, según insisten desde el Gobierno. Los pacientes enfermos, los de mayor edad –dos de ellos superan los 70 años-, y quienes tengan gran parte de la condena cumplida y carezcan de delitos de sangre serán los primeros. Inicialmente se llegó a contemplar iniciar el proceso con Santiago Arrozpide Sarasola, ‘Santi Potros’, que en febrero cumplirá 71 años y que se desmarcó de la violencia. El histórico preso de ETA salió en libertad el pasado domingo tras cumplir casi 31 años de prisión.

El etarra que el Gobierno se plantea que pueda estrenar el plan de acercamiento fue uno de los integrantes del ‘comando Katu’ de ETA que en octubre de 1997 intentó asesinar al Rey en Bilbao. Sus miembros –”legales”, no fichados- simularon ser jardineros municipales que ultimaban los preparativos para la jornada de inauguración del flamante museo de Frank Gehry. El acto estaba previsto para el sábado 18 de octubre y estaría presidido por el Rey Juan Carlos. El Monarca estaría acompañado por las máximas personalidades del Gobierno, como José María Aznar, y del Ejecutivo vasco, como el lehendakari José Antonio Ardanza, además importantes representantes de la Cultura de todo el mundo.

Los terroristas se disfrazaron de jardineros para colocar tres jardineras con lanzagranadas y activarlas por control remoto

El plan diseñado por los etarras pasaba por la instalación de tres falsas jardineras en las inmediaciones de la pinacoteca. Llegaron incluso a falsificar los albaranes de entrega. En ellas habían ocultado 12 lanzagranadas que pretendían accionar por control remoto desde una gasolinera cercana. Según la investigación de la Ertzaintza, además de Kepa Arronategi, al comando también pertenecía su primo Eneko Gogeaskoa Arronategi. Pese a que no participó en la operación del Guggenheim, su hermano Jon Mikel Arronategi también fue detenido posteriormente. La investigación reveló que los dos hermanos habrían utilizado un caserío familiar –donde se encontró abundante documentación y explosivos- ubicado en el barrio de Natxitua, en la localidad vizcaína de EA, para sus actividades. En él reprodujeron las jardineras habituales de Bilbao, -que incluían el escudo de la ciudad-, y en las que bajo plantas de plástico ocultaron las granadas que debían ser lanzadas.

Matar al Rey “con un plan concreto”

Disfrazados de operarios de jardinería, cinco días antes de la fecha de inauguración, el 13 de octubre, accedieron al entorno del Guggenheim. A las 16.00 horas de aquella tarde el Museo era un hervidero de trabajadores empeñados en los retoques de última hora. Uno de los terroristas vestía un buzo verde y el otro un chubasquero. Cuando se disponían a instalar las jardineras, uno de los agentes de la Ertzaintza que custodiaba el entorno descubrió que aquella furgoneta Ford Transit blanca no correspondía con la matrícula que portaba. Las placas pertenecían a un vehículo robado días antes. Al tratar de identificarles, uno de los miembros del comando, Gogeaskoetxea, disparó contra el agente Txema Agirre, que fallecería horas después. Hoy la plaza del Museo lleva su nombre.

Tras ser descubiertos, los terroristas emprendieron una huida por las calles de Bilbao. Arronategi fue detenido poco después, cuando intentaban disparar a los agentes. Resultaron ilesos al encasquillarse su arma. Su primo, Gogeaskoetxea, logró escapar tras robar varios coches a punta de pistola. No fue arrestado hasta trece años después.

Tras ser descubiertos ‘in extremis’ por un ertzaina, lo mataron y huyeron por la ciudad

Siete meses más tarde del fallido atentado, la Audiencia Nacional condenó a Kepa Arronategi Azurmendi a 72 años de prisión por pertenencia a banda armada, delito contra la Corona en grado de conspiración, falsedad de documento oficial, terrorismo con resultado de muerte, depósito de armas de guerra y depósito de explosivos. No se le consideró el autor material de la muerte del ertzaina asesinado, por el que fue condenado su primo en 2016 a 92 años de cárcel.

El juez concluyó en su sentencia que hubo “voluntades orientadas a logra la muerte del Rey” y que el proyecto ideado por los terroristas “era viable” al tratarse de una acción consecuencia de haber tomado la decisión de “matar al Rey con un plan concreto y acabado”.

La próxima entrada en vigor de la política de acercamientos de presos de ETA, que podría fin al alejamiento de etarras que ideó el Gobierno de Felipe González en 1989, llega en un clima de oposición creciente tanto desde las filas del PP como de algunas asociaciones de víctimas. El presidente del PP, Pablo Casado reiteró ayer su “oposición frontal” a que se acerquen presos de la banda al País Vasco. Considera que la medida responde únicamente al pago del apoyo dado por el PNV para derrocar a Rajoy y acceder a la Moncloa.

Los populares ya han amenazado a Sánchez que secundarán las movilizaciones que puedan llevar adelante las víctimas. Desde la AVT han avanzado que saldrán a la calle si el Gobierno traslada presos de la ETA sin que se les obligue a colaborar con la Justicia para el esclarecimiento de los más de 350 crímenes sin autoría.