La carta era pequeña, extraña. Un sobre poco común que junto a otros de facturas había llegado en el correo del día. Se lo temía y acertó, su osadía comenzaba a cobrarse la amenaza. En el interior, apenas un cuarto de folio con un inquietante encabezamiento: “Esto es para ti”. Debajo, el dibujo de una bala con un detalle que no pasó desapercibido, “9 milímetros parabellum”, la munición más habitual de ETA. La misiva se completaba con insultos, “Txakurra, PP hijo de puta” y los vivas de rigor como despedida, “Gora Euskadi!, gora Bildu!”. Juan Antonio Extremera sabía que podía ocurrir, que aquello formaría parte de su vida a partir del día en el que decidió dar un paso adelante.

En el pueblo muchos de sus compañeros de filas lo dieron hacia atrás. La presión les pudo. Pese a que concurrían en la lista a la alcaldía del pueblo, en Etxarri Aranatz no es fácil resistir. El acoso de la izquierda abertzale puede hacer reconsiderar una loable aspiración política. La historia de este pequeño municipio navarro de apenas 2.500 habitantes está repleta de ejemplos de héroes y verdugos. Incluso hoy, cuando ETA ha desaparecido, el rastro de intolerancia que ha dejado su historia sigue viviendo entre sus calles.

Estos días la localidad ha celebrado sus fiestas de verano. El apoyo al entorno de la banda y sus presos ha vuelto a estar presente, muy presente. El chupinazo de inicio de las fiestas lo dieron los cinco hijos de presos de ETA del municipio, el programa de fiestas del pueblo ha incluido una manifestación de apoyo a los reclusos y el viernes, otro de los actos de fiestas ‘alternativos’ volvía a organizar el “Día del inútil” en contra de la presencia de los cuerpos policiales, en especial la Guardia Civil y el resto de instituciones del Estado. Tampoco ha faltado una ‘encartelada’ en apoyo a los presos de la banda y sus familias.

Poco después de presentarse a concejal fue amenazado de muerte. Durante seis años ha llevado escolta y aún hoy debe acudir a los plenos protegido

Es el clima que se impulsa desde un ayuntamiento en el que nueve de sus once concejales pertenecen a Bildu y sólo dos a la oposición, el PP. Extremera es uno de ellos y afirma mantener intacto su ánimo para seguir defendiendo la libertad en Etxarri Aranatz. Fue la motivación que le llevó a reaccionar cuando tras las elecciones de 2011 ninguno de los candidatos de la lista del PP decidió ocupar el escaño que habían obtenido.

«Liarla en el ayuntamiento»

No es vecino del pueblo, sino de Pamplona, a 42 kilómetros de Etxarri. Llevaba días pensándolo y finalmente se dijo que sí, que lo haría, que no permitiría que los 120 votantes que en un entorno tan hostil como aquel se habían atrevido a votar al PP se quedaran ahora huérfanos por mucha presión que ejerciera la izquierda abertzale. El 2 de julio de 2012, tras presentarse voluntario, tomó posesión como concejal popular en el Ayuntamiento. Había comenzado su particular calvario.

Pancarta de apoyo a presos de ETA colocada junto al Ayuntamiento de Etxarri Aranatz.

Pancarta de apoyo a presos de ETA colocada junto al Ayuntamiento de Etxarri Aranatz. El Independiente

Su vida cambió. Las miradas amenazantes se multiplicaron, los insultos en plena calle fueron en aumento y la incomodidad para conocer la realidad del municipio fue creciendo. Hacía 10 meses que ETA había dejado de matar pero a él la escolta no se la quitaron. En los lugares más calientes de Euskadi y Navarra tardaron en liberar a los cargos municipales de la protección. Y eso no ha ocurrido hasta hace sólo un año. En realidad, la protección personal la mantiene. Cada visita a Etxarri Aranatz la hace protegido por la Guardia Civil. Participar en un pleno municipal se convierte en una suerte de lotería. Teme en especial los convocados los viernes en lugar del día habitual, el miércoles. Sabe que si se convocan para los viernes por la tarde, “entonces sé que van a liarla”. “Los viernes por las tardes, a las ocho, hay un acto de apoyo a los presos y suelen subir todos al ayuntamiento para liarla”, asegura.

El temor hace años que lo controló. También en los plenos tensos Juan Antonio acostumbra a concluir sus intervenciones con un “Viva Navarra y viva España”. “Si les pica, pues que se arrasquen”, asegura. Afirma que su principal motivación es “trabajar por los demás, ejercer la política, que me gusta” e intentar que su tierra “no forme parte de esa Euskal Herria que defienden”.

Cuando convocan los plenos el viernes en lugar de los miércoles sé que van a liarla. Los viernes hay acto de apoyo a los presos»

Al menos, su batalla ya no la libra en solitario, como cuando llegó. En la última convocatoria electoral, la de 2015, el PP logró mejorar sus resultados y aprovecharse de una leve caída de Bildu. Hoy los populares tienen dos concejales, él y María del Carmen Macías. Juan Antonio recuerda cómo los primeros días que ejerció como concejal muchos vecinos, incluso sus votantes, preferían no mirarle a la cara cuando se cruzaban. Seis años después asegura que ya se atreven a darle abrazos: “Eso sí, siempre a escondidas”. “Aquí los mejores abrazos que he tenido han sido de gente del pueblo que a escondidas te agradece que les representes. Estos sí que son abrazos sinceros”.

‘Carrera’ por la radicalidad

Lidiar con el acoso en territorio incendiario es algo que lleva haciendo hace tiempo. Ha sido presidente de la Junta norte del PP en Navarra, un área que incluye algunos municipios con especial presencia de la izquierda abertzale como Alsasua, Leiza o Etxarri Aranatz. Señala que entre algunos municipios se ha instalado una particular ‘carrera’ por demostrar mayor grado de radicalidad. El caso de Alsasua ha sido el referente que muchos grupos de la izquierda abertzale han empleado para extremar sus movilizaciones, «todos quieren su protagonismo».

Las fiestas populares estivales son un termómetro de cómo está la situación y cuál es la realidad en la que deben ejercer concejales como Juan Antonio. Las fiestas de Etxarri Aranatz han estado rodeadas de referencias a los presos de ETA, pero no es el único pueblo navarro en el que sucede. A 51 kilómetros, en Leitza, el municipio donde se rodó gran parte de la popular ‘Ocho apellidos vascos’ la proliferación de carteles relacionados con los presos etarras y las muestras de apoyo hacia ellos han sido una constante. Y en apenas tres semanas, en Alsasua se volverá a revivir el acoso a la Guardia Civil en la jornada anual del ‘Ospa Hemendik’ (Fuera de aquí) que ya han comenzado a divulgar los grupos afines a la izquierda abertzale. Una jornada que se espera multitudinaria tras el encarcelamiento de siete de los ocho condenados por la agresión a dos agentes y sus parejas en octubre de 2016.

Al principio ni me miraban a la cara. Hoy muchos vecinos me dan abrazos sinceros de agradecimiento por representarles, aunque te los den a escondidas»

También en Etxarri Aranatz las fiestas son expresión pública de un sentimiento generalizado en el pueblo. Bildu logró en las últimas elecciones 880 votos –mayoría absoluta- y controla la imagen en el municipio. Además de pancartas, pintadas y elementos de apoyo a los presos de ETA, otros símbolos aparecen con naturalidad en la localidad. La ikurriña ondea en sus calles o en el saludo de la alcaldesa, Eneka Maiz, sólo en euskera, que en la página web del Consistorio apela al “vaciado de las cárceles” como uno de los objetivos a lograr.

Un asesino, ‘hijo predilecto’

En una de las calles de la localidad aún se puede ver el orificio de bala. Está ahí desde hace casi cuarenta años como testimonio de lo que sucedió el 27 de enero de 1979. Sólo es una de las cinco que le dispararon al ex alcalde del municipio, Jesús Ulayar -54 años y padre de cuatro hijos-. En nombre de ETA, uno de sus vecinos lo mató ante la presencia de Salvador, su hijo de 13 años. Se llama Vicente Narzábal y en el pueblo lo cogieron con todos los honores cuando abandonó la cárcel tras cumplir la condena. Tanto que incluso le otorgaron el privilegio de designarle hijo predilecto y de lanzar el chupinazo de inicio de las fiestas en 1996 desde el balcón del ayuntamiento. El comando en el que actuó estaban su hermano Juan y su primo Jesús Repáraz e incluso el hijo de un primo del asesinado, Eugenio Ulayar.

Cuatro décadas más tarde, en Etxarri Aranatz decidieron elaborar su particular “mapa del sufrimiento” de los años de violencia transcurridos desde la Guerra Civil. Una suerte de libro de historia de la violencia en el pueblo elaborado por la Fundación Euskal Memoria en el que el ex alcalde asesinado de cinco balazos y su asesino se equiparan como víctimas, una de ETA y la otra de la “tortura” policial.

Es el pulso que continúa enrareciendo la convivencia en muchos rincones de Navarra y el País Vasco. El que concejales como Juan Antonio tendrán que soportar si quieren defender sus ideas. Por ahora, este edil del PPN está dispuesto a seguir adelante consciente de que es «jodido, sí».