“El mundo es maravilloso y vale la pena luchar por él”. El senador John McCain (Coco Solo, Canal de Panamá, 1936-Phoenix, 2018) sentía como si esta frase la hubiera escrito él pero procede de Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway, la novela que, según su testimonio, encarnaba su forma de ver la vida. De familia de tradición militar, defendía que “vale la pena luchar, aunque puedas morir en el combate”. Acaba de perder su última batalla, contra un tumor cerebral, aunque ha apurado hasta el último minuto con su familia y amigos en su rancho de Arizona.

Fiel a sus principios, basados en una lealtad a prueba de rivalidades ideológicas, un sacrificio sin quejas y un sentido del honor quijotesco, McCain, uno de los últimos leones del Senado de EEUU, donde ha servido 32 años, ha muerto como ha vivido. Es un privilegio que solo alcanzan los seres humanos más dignos.

El 29 de agosto habría cumplido 82 años. Quería ser recordado como «un hombre que sirvió a su país, a veces cometió errores, pero lo hizo con honestidad». Así será.

Su familia, encabezada por Cindy, su esposa, emitió un comunicado este viernes, algo más de 24 horas antes de conocerse el fallecimiento para agradecer el apoyo durante los últimos meses y anunciar que el senador había decidido dejar el tratamiento de su cáncer cerebral.

En la madrugada del domingo, hora española, Cindy McCain confirmaba su muerte y su suerte por haber compartido con él 38 años de su vida. Añade: «Murió como ha vivido, rodeado de sus seres queridos, en el lugar que más amaba».

Aunque desde diciembre de 2017 no ha aparecido en público, ha apurado sus últimos meses disfrutando de su rancho del Valle Escondido, en Arizona, donde es considerado un icono irrefutable, como el Gran Cañón. Lleva siendo senador por Arizona desde 1986. Su esposa, Cindy, ha estado a su lado, al igual que le han visitado con frecuencia sus siete hijos, dos de ellos hijastros y uno adoptado.

En su retiro ha difundido algunas imágenes en los últimos meses a través de Twitter, cuya cuenta ha mantenido casi tan activa como la del presidente Trump, a quien ha criticado sin tregua por su condescendencia con Rusia, sus ataques a la relación transatlántica o su falta de respeto a la libertad de prensa.

También, han estado a su lado sus amigos del alma, como el ex vicepresidente demócrata, John Biden. Y ha seguido en contacto con su equipo por videoconferencia. “¿Algo más?”, solía ser su latiguillo más repetido. En alguna ocasión, incluso ha disfrutado de su vodka favorito Absolut Elyx con hielo.

A Biden, con quien ha conversado sobre el devenir de América en sus últimos encuentros, le tenía un cariño incondicional. Compartieron muchas jornadas en el Senado, pero a McCain le había conmovido profundamente cómo Biden afrontó en mayo de 2015 la muerte de su hijo Beau, a los 46 años, también de un glioblastoma, el mismo tipo de tumor que le descubrieron en julio de 2017.

McCain apoyó entonces a Beau y a su padre. Biden había perdido en 1972 en un accidente de coche a su esposa Neilia y a su hija, Naomi. Sobrevivieron Beau y su hermano menor, Hunter. Otra víctima de glioblastoma fue el senador Edward Kennedy, otro de los leones del Senado de EEUU.

Inconformista hasta el final

Ante toda América, como le confesó en una ocasión el general Petraeus, McCain era un héroe indiscutible. Salvo para Trump, que consideraba un deshonor haber caído en manos del enemigo. Fue capturado en Hanoi cuando fue derribado su avión en 1967 y no fue liberado hasta cinco años más tarde, en 1973, dos meses después del alto el fuego.

Sufrió tortura en el cautiverio y se negó a cualquier favoritismo, incluso a ser liberado antes debido al alto rango de su padre, oficial de cuatro estrellas, como su abuelo. Reconoció en su libro La fe de mis padres (1999) haber intentado suicidarse dos veces en su cautiverio y haber confesado crímenes de guerra que no había cometido. Sabe del sufrimiento de una guerra y por ello admira a cada soldado estadounidense.

Antes de ir a Vietnam, McCain se había casado en primeras nupcias con una modelo, Carol, de quien adoptó a sus hijos mayores y juntos tuvieron a Sidney. Carol sufrió un grave accidente de tráfico antes de que McCain regresara. No sabía nada del suceso cuando llegó a su casa. La vuelta fue dura para la pareja y se divorciaron en 1980. McCain se había enamorado de Cindy Hensley, en 1979, de una adinerada familia relacionada con el negocio de la cerveza y los licores.

John McCain era 17 años mayor que la rica heredera, y ya tenía tres hijos de su primer enlace. Con Cindy tuvo tres hijos más (dos varones y una mujer) y juntos adoptaron a una hija más procedente de Bangladesh.

Para Cindy, que llevaba 38 años casada con el senador, era un referente moral. Ahora veremos que para la gran mayoría de los estadounidenses, republicanos y demócratas, también.

Sin embargo, Donald Trump, en plena campaña electoral, le ridiculizó. “No es un héroe porque los héroes no se dejan capturar”, sentenció, a pesar de que el millonario se libró de Vietnam aduciendo un problema médico. McCain, conocido por su lengua viperina en sus mejores tiempos, calló y pareció no hacer caso.

Según confiesa Mark Salter, estrecho colaborador del senador y coautor de varios de sus libros, lo que más le irritó de Trump a McCain fueron sus ataques a Khizr y Ghazala Khan, los padres del soldado que había servido en Irak, en el verano de 2016. Ese fue su punto de inflexión. «Se quedó perturbado y supe que jamás le votaría», contaba Salter a Benjamin Wallace-Wells en The New Yorker. Khan había muerto por su país y ahora Trump le deshonraba.

En su pulso con Trump hubo una imagen para la historia en el Senado en julio pasado. Con la cicatriz de la cirugía en su rostro, y un ojo ennegrecido, el senador McCain hizo gala de su rebeldía e independencia al votar de forma sorprendente contra la reforma del Obamacare que pretendía aprobar el presidente. Alzó la mano y bajó el pulgar derecho al tiempo que decía «no». La sala le rindió un homenaje en forma de prolongados aplausos.  Era el legado del maverick (inconformista) por excelencia.

Meses antes de morir, se dio a conocer que McCain no quería que Trump acudiese a sus honras fúnebres. Sí que ha expresado su deseo de que hablen Joe Biden, Barack Obama y George W. Bush.

Activo e influyente hasta el final, su rechazo a que Gina Haspel lograse el visto bueno del Congreso como directora de la CIA por haber estado implicada en torturas generó incomodidad entre los leales a Trump. De forma elegante, defendía su patriotismo pero concluía que alguien que ha torturado no está cualificado moralmente para encabezar la CIA.

Kelly Sadler, ayudante en el equipo de comunicación, dijo sobre el comentario del senador: “No importa, se está muriendo de todas maneras”. La hija de McCain, Meghan, se preguntaba cómo podía seguir semejante persona en su puesto. “Del legado de mi padre se hablará durante décadas. De esta gente no quedará nada”.

A quienes ha visto en sus últimos días les ha dicho sin pudor: “Te quiero”. O, “cuida de ella”, en el caso del marido de su hija Meghan, por ejemplo. También ha intentado convencer a su amigo Biden para que no se rinda y vuelva a la primera línea de la política. Su deseo es que intente la candidatura a la Presidencia en 2020.

McCain lo intentó en 2000 y 2008, esta vez frente a Obama, y perdió definitivamente su opción de llegar a la Casa Blanca. Reconoció «el valor especial» de la victoria del primer presidente afroamericano de la Historia de EEUU.

Sus memorias y su legado político

Lamenta haber cedido a los consejos del partido y haber aceptado a Sarah Palin, del Tea Party, como número dos. Reconoce que la opción de Joe Lieberman, más independiente y centrista, habría encajado mejor.

El pasado 22 de mayo se publicaba su último libro, The Restless Wave (La ola incansable), escrito junto a Mark Salter, quien ha elaborado sus discursos durante tres décadas. Salter ha confesado que a McCain se le pasó por la cabeza titularlo Siempre está más oscuro antes de que todo se vuelve negro, pero no perdió la esperanza sobre el futuro del país. Es su legado político al igual que un documental que está ultimando HBO y en el que ha participado.

Esto preparado para cualquier contingencia, o me estoy preparando», dice en su último libro ‘The Restless Wave’

“No sé cuánto tiempo me queda aquí. Quizá otros cinco años, quizá con los avances en oncología mi vida dure más. Quizá ya me haya ido cuando leas esto, es imprevisible. Pero estoy preparado para cualquier contingencia, o me estoy preparando. Hay cosas que me gustaría hacer, me queda aún tarea por acometer, y gente a la que me quiero ver, y quiero hablar a mis queridos americanos un poco más si pudiera ser”, ha dejado escrito McCain en este obra.

En estas memorias, el senador McCain, que ha representado a Arizona en la Cámara Alta desde 1987, se refiere a Trump. “La apariencia de dureza o la representación de firmeza es lo que parece importarle más. Si le adulas tienes asegurada su amistad, si le criticas, será tu enemigo”.

Recientemente, su esposa Cindy, ha tuiteado la portada del libro, cuyo subtítulo es una declaración de principios:” Buenos tiempos, causas justas, grandes luchas y otras apreciaciones”. Ahí es donde deben encajar sus disquisiciones sobre Trump, una figura inconcebible en su universo. Según McCain, “Trump ha fracasado en su intento de que nuestro gobierno no se diferencie de los gobiernos despóticos”.

En el libro, según un extracto que ha publicado recientemente The Wall Street Journal, McCain hace un retrato detallado del presidente ruso, Vladimir Putin, a quien a su juicio hay que parar con las mismas armas que él emplea.

“Putin es malvado, y sus intenciones también lo son. Quiere destruir el orden liberal que EEUU ha abanderado y ha traído a la humanidad una estabilidad, prosperidad y libertad nunca antes conocida. Se aprovecha de la apertura de nuestra sociedad y de las divisiones políticas que nos consumen», señala. «Quiere polarizarnos y paralizarnos frente a sus agresiones. Interfirió en una elección y lo volverá a hacer porque nadie le ha parado los pies. Su meta no es derrotar a un candidato o un partido. Lo que quiere es vencer a Occidente”.

En el Senado, donde llevaba desde 1986 como representante de Arizona, van a echar de menos cómo ejercía de contrapeso a Trump y a los que se habían sometido con su silencio a su poder les va a poner más en evidencia. Su puesto es de hecho decisivo para la escasa mayoría republicana. Ha ido en contra de Trump en el Obamacare y ha sido muy crítico con su política migratoria, ya que formó parte del equipo que diseñó el plan de la Administración anterior, que buscó el consenso.

Un romántico conservador

McCain, conocido como un auténtico inconformista, ha sido poco dado a etiquetas. A pesar de su rudeza, con los años cada vez se ha mostrado más ecuánime, y nunca fue de fanatismos partidistas. La campaña de Trump contra Obama, de quien dijo que no había nacido en EEUU para descalificarle, le irritó. Siempre mantuvo que Obama era “un hombre decente”, aunque le perjudicara ser tan condescendiente con su rival. Luego tuvo algunos rifirrafes con el presidente demócrata, pero le respetaba.

Probablemente su rebeldía procedía de parte materna. Su madre, Roberta, que le sobrevive centenaria, se desplazaba con una hermana gemela Rowena por el mundo de incógnito. Roberta tuvo un accidente hace unos años cuando viajaba por Portugal. Le ingresaron en Lisboa y nadie sabía quién era hasta que fue descubierta por un periodista local. Avisó a la oficina del senador y fue el propio John McCain quien le devolvió la llamada para darle las gracias por haberles avisado del percance.

El mundo espera que nos preocupemos por la condición humana… No estoy seguro de que el presidente entienda de qué se trata»

“Hay falta de humildad en la política en estos días”, escribe McCain en su último libro. “El mundo espera de nosotros que nos preocupemos por la condición humana. Hemos de sentirnos orgullosos de esta reputación. No estoy seguro de que el presidente (Trump) entienda de qué se trata”.

Es un mensaje al Partido Republicano, más que a Trump. “No recuerdo ningún otro tiempo en que la afiliación a un partido fuera un test sobre el respeto que merece esa persona”, señala en sus memorias. McCain destaca que “la amistad” de aquellos que piensan diferente, en concreto se refiere a los demócratas Joe Biden o Ted Kennedy, “ha hecho mi vida más rica, me convirtió en un senador mejor, y me transformó en una mejor persona”.

En un reciente perfil en The New Yorker, Benjamin Wallace-Wells, le describía como la encarnación «del conservadurismo romántico». Salter le veía como «un cínico romántico», aunque la expresión pueda parecer un oxímoron. «Ha sido testigo de toda la maldad de la que es capaz el ser humano y por eso siempre esperaba lo peor, pero también sabía cómo dar esperanza a los defensores de las causas más nobles, por muy idealistas que fueran», señala su colaborador.

Cita como ejemplo Salter la gran admiración que McCain profesaba al disidente Natan Sharanksy, de origen judío, quien estuvo nueve años encarcelado en cárceles soviéticas. Junto a Sharansky, apoyaba a los disidentes bielorrusos, a quienes siempre daba ánimos para seguir adelante, pese a que la dictadura en Bielorrusia no cede ni un milímetro.

Ha ido despidiéndose poco a poco. Y hasta el final ha seguido leyendo de manera incansable. Este verano recomendaba A Room on the Garden Side, un relato inédito de Hemingway sobre la liberación de París en la Segunda Guerra Mundial. Otra vez Hemingway, su referente, aunque Salter asegura que también le encantaba el británico Somerset Maugham.

Muchas páginas de Por quién doblan las campanas le retratan, sobre todo cuando se habla de la muerte. “Morir no tenía importancia ni se hacía de la muerte ninguna idea aterradora. Pero vivir era un campo de trigo balanceándose a impulsos del viento en el flanco de una colina. Vivir era un halcón en el cielo. Vivir era un botijo entre el polvo del grano segado y la paja que vuela. Vivir era un caballo entre las piernas y una carabina al hombro, y una colina, y un valle, y un arroyo bordeado de árboles, y el otro lado del valle con otras colinas a lo lejos”.

Así se ha ido el senador McCain, cabalgando desde su rancho en Arizona.