Enrique Villalobos preside de la mítica federación de vecinos de Madrid, con un pasado de lucha antifranquista y más de 100.000 miembros declarados. Se suponía que la FRAVM iba a ser un soporte para la coalición de Ahora Madrid durante la legislatura, ya que uno de los concejales más cercanos a Carmena (Nacho Murgui) presidía la federación hasta 2015.

Desde entonces el presidente es Villalobos, y en la entrevista -celebrada dos días antes de anunciarse la decisión de Carmena de volver a presentarse- desgrana luces y sombras: la incomodidad de la FRAVM con las operaciones urbanísticas, el problema de la vivienda social o los desconcertantes presupuestos participativos, cuya filosofía celebran; no así la ejecución.

P.- Tres años y medio con Ahora Madrid en el ayuntamiento. ¿Qué balance hace?

R.- Ha habido dos o tres cosas claras: la ciudad no se ha venido abajo y no ha habido cambios a peor, como vender miles de viviendas de protección a fondos buitre. No se ha vendido el patrimonio de la ciudad. Los cambios en positivo son de menor calado, aunque importantes en los territorios como el tratar de impulsar un sistema de transparencia que involucre a la ciudadanía en la toma de decisiones. Con lagunas.

La gente da valor a los presupuestos participativos pero más a la limpieza o la seguridad

P.- ¿Eso no es más bien un cambio cosmético?

R.- La gente da valor a la transparencia, pero da mucho más valor a que no le quiten la vivienda, a la limpieza, a la seguridad o a una biblioteca. La coyuntura desplaza la participación ciudadana a una segunda línea. No olvidemos que venimos no solo de una crisis económica gorda, sino también de una crisis de la clase política: de ahí emana Ahora Madrid y hemos normalizado una práctica muy buena. ¿Eso es lo más urgente? No. Pero sí que es bueno el que hayamos naturalizado una costumbre. Me preocupa más la vivienda social que qué puedo hacer con dos millones de euros en mi distrito.

P.- ¿Y el problema no es que los vecinos están votando cosas que no siempre se aprueban?

R.- El ayuntamiento se ha desentendido mucho de lo que pudiera salir en los presupuestos. Todos los barrios tienen necesidades desatendidas, mayores o menores. A la hora de la verdad, lo que se ha acabado decidiendo no siempre ha sido lo que la gente demandaba. Más bien se han llevado el gato al agua aquellos sectores con más cultura tecnológica. Podíamos haber esperado un año para implantar los presupuestos y mejorar las ejecuciones, la asignación de recursos y de personal…

El sur sirve a la ciudad pero no forma parte de ella. Aun así, hay avances

P.- Y ni siquiera, a tenor de las protestas.

R.- Casi todos los distritos tienen una parte envejecida y otra más joven. El uso de las redes sociales es desigual. Y como los presupuestos participativos tienen un sustento primordialmente tecnológico lo han aprovechado personas con dominio de ese sustento, más jóvenes. Y si ya nos vamos a la materialización de esas inversiones, la lentitud ha sido la norma. Los primeros presupuestos se votan en 2016 a cargo de los presupuestos de 2017. Y los de 2017 para 2018. Es decir, un mínimo de un año de retraso. Pero en 2017 sucedió que el presupuesto general del ayuntamiento se aprobó en febrero, no en noviembre. Lo que agravó el retraso.

P.- Se quejan de la desatención a los barrios del sur, los más desfavorecidos.

R.- En junio llegamos a unas conclusiones claras: el sur sirve a la ciudad pero no forma parte de ella. En estos tres años y pico de Gobierno municipal nos hemos quedado muy lejos de sus necesidades. El otro día se lo dijimos al PSOE: las competencias del ayuntamiento hacen que lo que se pueda hacer esté muy lejos de las necesidades. Hacen falta políticas de inversión estatales y regionales: sanidad y educación, por ejemplo, más allá de mejoras cortoplacistas como que las calles estén limpias, que no lo están. Entre otras cosas por unos contratos integrales que van hasta 2021 y que establecen que el dinero que se dedica a Usera es tres veces menos que el que se dedica al centro.

Hace falta que el Estado y la Comunidad arrimen el hombro e inviertan en barrios menos favorecidos

P.- ¿Qué ha pasado?

R.- Se ha hecho un fondo de reequilibrio territorial, que era necesario, pero que no consigue resolver los problemas. Se ha hecho un intento por dotar de más cosas al sur, pero las grandes políticas urbanísticas han discriminado al sur. Aquí hay una desatención: si pones toda la atención en sacar adelante la Operación Chamartín, te olvidas del sur. Los polígonos industriales de Villaverde, Villa de Vallecas y Vicálvaro necesitan tener más poder económico. El parque de la Gavia recibe 20 millones y la Plaza de España 100 millones en reformas: el primero tiene 10 veces más superficie que el segundo. Es cierto que hay en el ayuntamiento quien sí ha prestado dedicación al sur, pero no en Urbanismo claramente.

P.- ¿Se han aparcado otras urgencias?

R.- Sí, por ejemplo la vivienda social. Es inaceptable que Madrid al final de su mandato apenas vaya a tener vivienda nueva con un nivel de protección y con un tipo de gestión dirigida a los que más lo necesitan. Desde hace tiempo en los movimientos venimos hablando de vivienda social y no de vivienda de protección oficial (VPO), porque en los últimos diez años la VPO ha ido relacionada con la propiedad. ¿Cuánto parque de vivienda social se ha construido estos años? Muy poco. Ojo, todo el peso no debe recaer en el ayuntamiento, pero sí tiene una responsabilidad. Ha dudado entre si comprar o construir, etcétera.

Es inaceptable que venza el mandato sin apenas vivienda nueva con cualquier nivel de protección

P.- ¿Por qué no se ha construido?

R.- Bueno, al generarse el área de Desarrollo Urbano Sostenible (DUS, antes Urbanismo), quizás debería de haber tenido las competencias para hacer vivienda social. Sin embargo, se asigna al área de equidad, donde muchos técnicos estaban en servicios sociales. El área de Marta Higueras ha tenido altibajos, cambios… y eso ha influido. Con el tiempo se han abordado cosas interesantísimas, como un plan de asesoramiento para familias vulnerables. Pero son cosas que había que haber llevado desde el principio.

P.- ¿Con qué áreas están más descontentos?

R.- Tenemos una serie de desencuentros concretos y públicos con ciertas actuaciones, principalmente con Desarrollo Urbano Sostenible. Hemos sido críticos con ciertos planteamientos de participación del área de Pablo Soto y también con Equidad por lo que he comentado de Marta Higueras. Podríamos decir cosas buenas y cosas malas de cada concejal. Y otras han cumplido: con toda la crítica que le hacemos a los presupuestos participativos, me parece un logro su incorporación en los hábitos ciudadanos.

Siendo muy generosos en Madrid capital se crean 4.000 hogares. ¿Dónde está esa demanda?

P.- En el ángulo opuesto a ustedes están los promotores, que dicen que falta vivienda barata porque no hay suelo donde construir.

R.- La vivienda es una necesidad básica. Y eso se puede enfocar a través de un mercado de segunda mano o de nueva construcción. El que se haga de una forma o de otra dependerá de una serie de cosas: cuánta gente sigue viviendo en la ciudad o  adónde se desplazan los vecinos. Lo que no podemos es asentar una tendencia de espaldas a la ciencia.

P.- ¿Qué dice la ciencia?

R.- Los datos estadísticos del Padrón, Hacienda, Fomento etcétera es que se crean, siendo muy generosos, 4.000 hogares en Madrid. Algunos unipersonales. Si en Madrid ciudad hay 100.000 viviendas vacías… ¿qué hacemos? Estamos dispuestos a asumir que hay un porcentaje de casas que no cuelan en el mercado: que si carecen de interés real para el mercado, que si están en mal estado… ¿Un 40%, 50%? Sigue quedando un remanente para no construir más que lo mínimamente imprescindible. ¿Esto quiere decir que no hay que construir vivienda nueva? Para nada. Pero con cabeza.

P.- Están en guerra con los promotores del Sureste.

R.- Además de lo que he dicho, la FRAVM no va a renunciar al sueño de tener un cinturón verde en la ciudad. No podemos vivir de otra form. Y eso de suelo barato… yo vivo en una vivienda con el grado de protección mínimo, antiguamente VPT. Decir que una vivienda como la mía que costó 180.000 euros es asequible, pues a mí se me abren las carnes. Porque no, no es asequible.