Hace más de 20 años que Pasqual Maragall dejó el Ayuntamiento de Barcelona, oficialmente para dar clases en la universidad de Roma, oficiosamente para preparar el asalto a la Generalitat que intentaría por primera vez un año después, en 1999. Han pasado dos décadas y cuatro alcaldes de tres fuerzas distintas desde que abandonó el lado sur de la Plaza Sant Jaume y su legado volverá a marcar los comicios municipales en Barcelona el próximo marzo. Veinte años después, todas las candidaturas a la alcaldía cuentan con referencias a Pasqual Maragall o su legado, con las únicas excepciones, de momento, del PP y la CUP.

El caso más flagrante, de momento, es el de ERC. Su hasta ahora jefe de filas municipal, Alfred Bosch, anunció el viernes lo que ya era un secreto a voces, que renunciaba a la candidatura republicana en favor de Ernest Maragall, el hermano siempre en la sombra del que Pasqual aseguraba jocosamente que «es el auténtico Pasqual Maragall». Bosch ganó las primarias de su partido hace menos de un año, pero las últimas encuestas internas han convencido a la dirección republicana de que el actual presidente del grupo en el Ayuntamiento no es la mejor opción para plantarle cara a Ada Colau y Manuel Valls en unos comicios que todo el mundo prevé muy disputados.

Otro tanto podría suceder en el PDeCat, si finalmente se impone la voluntad de Carles Puigdemont. Neus Munté, que ganó las primarias en el partido para suceder a Xavier Trias como cabeza de lista por Barcelona, parece tener los días contados como candidata. En el partido nadie oculta las maniobras en busca de un candidato con mayor proyección, y en las últimas semanas el nombre que suena con más fuerza es el de Ferran Mascarell, actualmente delegado de la Generalitat en Madrid.

El alcalde que fue emblema de la oposición al nacionalismo de Jordi Pujol marca las dos candidaturas de los partidos indepdentistas

Mascarell, como Ernest Maragall, es uno de los emblemas de la época dorada del maragallismo. El primero ocupaba la regidoría de Cultura en Barcelona en plena explosión cultural de la ciudad que se preparaba para el Fórum, mientras el segundo fue su mano derecha del alcalde durante todo su mandato, primero como jefe de gabinete, más adelante como concejal de Hacienda y de Presidencia. Paradójicamente, el alcalde que durante años fue el referente a la oposición del nacionalista Jordi Pujol será el referente en las dos listas independentistas si se impone la candidatura de Mascarell.

La plataforma que el próximo martes presentará Manuel Valls para aspirar a hacerse con la alcaldía de Barcelona tampoco es ajena a esta corriente. Tras aterrizar en Barcelona de la mano de C’s, el ex primer ministro francés ha optado por formar un equipo propio al margen del partido de Albert Rivera en el que destaca la presencia de Xavier Roig, jefe de gabinete de Maragall en el Ayuntamiento durante prácticamente todo su mandato. Un «fichaje» acorde con el giro en discurso del candidato en ciernes, que en los últimos tiempos marca distancias con C’s y apela al catalanismo integrador y cosmopolita del que señala a Maragall como ejemplo.

Colau se suma al carro

Incluso la alcaldesa Ada Colau, que consiguió el bastón de mando de la capital catalana con un discurso muy crítico con el legado del maragallismo ha reconducido en los últimos tiempos ese discurso. Colau denostaba la Barcelona de los grandes eventos -de las Olimpiadas al Fórum de las Culturas- pero esas reticencias parecen agua pasada. En su programa Barcelona’42, presentado a principios de año como la base de su futuro programa electoral, se repiten conceptos como «Barcelona cosmopolita, metropolitana, ciudad en red» que inevitablemente remiten a la herencia del maragallismo.

Un discurso con el que Colau confía en acercarse a Esquerra, especialmente ahora que los republicanos se han abrazado definitivamente a esa corriente con el hermano del ex alcalde, y también al PSC, que nunca ha abandonado ese discurso en la capital catalana. Su candidato, Jaume Collboni, intentará hacer valer los derechos de autor de su partido, aunque las encuestas no le dan la proyección de rivales como Valls o Colau.