El exlehendakari Juan José Ibarretxe visitó ayer a los políticos catalanes que se encuentran presos. A través de las redes sociales ha señalado que su visita a los “presos políticos catalanes” se ha producido para trasladarles “mi reconocimiento personal y políticos” pero también para “denunciar que en España se vulneran los derechos humanos”.

La visita de Ibarretxe se produce sólo un mes después de que el presidente del PNV Andoni Ortuzar acudiera a la prisión de Lledoners para visitar a los ex consellers Trull, Rull y Forn. La presencia de Ortuzar, que estuvo acompañado por el responsable de Organización del PNV, Joseba Aurrekoetxea, se produjo con motivo de la celebración de la Diada a la que asistió por la mañana. Con ella el PNV también intentó calmar el malestar que suscitó la visita que Iñigo Urkullu hizo a Oriol Junqueras el pasado 14 de agosto “por razones humanitarias”. El hecho de que el lehendakari sólo se reuniera con Junqueras fue interpretado como un reproche por el resto del nacionalismo catalán.

El anuncio hecho ayer por Ibarretxe sobre la visita y la valoración posterior de la misma muestra la distancia que existe entre el ex lehendakari y el actual PNV. En la formación que lidera Ortuzar se sigue calificando a los encarcelados como políticos presos y se huye de la consideración de presos políticos. Ibarretxe en cambio, siempre ha asegurado que a todos ellos se les encarcela por sus ideas y por tanto requieren la consideración de “presos políticos”.

Distancia con Urkullu y Ortuzar

De igual manera, los nacionalistas se han referido a su situación como una “injusticia” que debería ser reconducida en aras a un entendimiento y solución a la crisis en Cataluña, frente a la contundencia con la que Ibarretxe ha calificado lo que califica como una “vulneración de los derechos humanos”.

Precisamente la situación penitenciaria de los exconsellers Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn, que permanecen encarcelados en el centro penitenciario de Lledoners (Barcelona), junto con el exvicepresidente Oriol Junqueras, el diputado de JxCat Jordi Sànchez, el exconseller Raül Romeva y el líder de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart. Se han convertido en uno de los obstáculos para la negociación presupuestaria que el Gobierno quiere iniciar con el independentismo catalán. De igual modo, formaciones como e PDeCat y ERC exigen gestos para la expresidenta del Parlament Carme Forcadell y la exconsellera Dolors Bassa están en la cárcel de Puig de les Basses, en Figueres (Girona). Una cuestión que puede complicar el inicio y sobre todo, el final, del proceso de negociación que el Ejecutivo Sánchez anunció ayer que inicia con el PNV, dispuesto a “arrimar el hombro” para sacar adelante las cuentas.

El distanciamiento de Ibarretxe de la tesis del PNV ha sido progresiva desde que abandonó el Gobierno vasco en 2009. Sus posiciones más radicales en materia de autogobierno pronto fueron moderadas por el entonces presidente, Iñigo Urkullu, hoy lehendakari. La participación de Ibarretxe en la vida política del partido también se ha visto reducida por su alejamiento incluso de Euskadi, con dedicación plena a la vida docente en su centro de investigación y en la ‘catedra Lehendakari Agirre’ que impulsa en varias universidades de los Estados Unidos. La defensa de lo que llama ‘el modelo vasco’ de autogobierno ha sido el motivo que ha centrado la actividad de Ibarretxe todos estos años.

Defensor del ‘procés’

Ibarretxe se ha mostrado firme defensor del modelo catalán y el ‘procés’ como camino para lograr las aspiraciones soberanistas del pueblo catalán. Incluso en ocasiones ha manifestado la necesidad de unir fuerzas entre el soberanismo vasco y el catalán para favorecer un cambio del modelo territorial en el Estado.

Uno de los episodios que mejor reflejó su sintonía con el ‘procés’, del que Urkullu y Ortuzar son reacios, fue el evento que junto con Artur mas celebró en el Kursaal de San Sebastián en febrero de 2017. Allí Ibarretxe y el ex president se fundieron en un abrazo tras protagonizar un multitudinario acto por el derecho a decidir, con más simpatizantes y cargos de EH Bildu que del propio PNV.

Ambos tienen mucho en común. Los dos representan el pasado están fuera de los gobiernos que presidieron; los dos dan conferencias hoy por el mundo defendiendo el derecho a decidir de los pueblos y los dos tienen la vivencia de verse ante un juez por decisiones adoptadas mientras ejercían como lehendakari y president, uno por hablar con Batasuna –salió absuelto- y el otro se enfrentó a la justicia por organizar la consulta soberanista del 9-N . El político catalán dejó hundido al partido que presidía y que ahora se ha refundado en varias ocasiones y el vasco lo abandonó con un nivel de desgaste interno desconocido desde los tiempos de la escisión.