Los politólogos están de moda, él lo sabe. Su figura no es nueva pero nunca hasta ahora habían tenido una proyección mediática y social como la que disfrutan actualmente. La transformación social, institucional y política que la crisis económica y la corrupción han generado ha provocado que se les busque para explicar lo que está sucediendo en nuestro país y sus rostros sean casi familiares en paltós y hogares de los españoles.

“Vivimos una transición sin serlo, lo cambios que en otros países han llegado en 20 o 30 años aquí los estamos padeciendo en un tiempo mucho más reducido”, asegura Pablo Simón (Arnedo, 1985). Este profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid reivindica en su último trabajo, ‘El príncipe moderno‘ (Editorial Debate) la figura del politólogo y la aportación que la ciencia política para explicar un mundo sumido en la imprevisibilidad electoral, las regresiones autoritarias, el surgimiento de nuevos partidos o el aumento de las tensiones territoriales. Simón augura que la clave de la próxima cita electoral de Pedro Sánchez estará marcada por el porqué más que por el cuándo. El tema que centre y justifique la cita con las urnas marcará el resultado. “Si el Gobierno no construye una buena narrativa de por qué llama a los españoles a votar, el resultado pude ser muy distinto”.

Pregunta.- ¿Ha cambiado la política española más en los últimos diez años que en los 30 anteriores?

Respuesta.- El rasgo diferencial con otros países y respecto a nuestra historia precedente diría que es que hemos cambiado mucho en muy poco tiempo. El sistema institucional, los líderes han cambiado profundamente. Hemos vivido una transición sin serlo, hemos quemado una generación de políticos, hay una oferta partidista distinta, hemos visto una moción de censura exitosa, una crisis constitucional como la catalana, cómo nuevos partidos han entrado con fuerzas, etc.  En el resto de Europa estos cambios han llegado en 20 o 30 años, nosotros en cambio los hemos hecho en un tiempo muy reducido.

P.- Los politólogos son, de algún modo, los médicos de la política, ¿qué diagnóstico haría de la salud de la política en nuestro país? ¿Alguna enfermedad en particular?

R.- No hablaría de enfermedad. Nosotros no aspiramos a sanar. En política es imposible sanar si no tienes una preconcepción ideológica de la sociedad que quieres. El politólogo no debe entrar en ideologías. Más que la imagen del médico diría que es más útil la imagen del maestro de esgrima. Nosotros no nos preocupamos si el duelo está bien planteado o quién tiene razón. Nosotros explicamos la técnica, cuál es el golpe mortal, la estocada, etc.

P.- ¿Hay un resurgir del eje social, hasta no hace tanto algo relegado en las prioridades políticas? Inmigración, mujer, ayudas sociales, empleo…

R.-  Sí, fundamentalmente por la crisis económica. Son temas que van a ser muy importantes. Los votantes lo que hacen es responder pero las preguntas las hacen los políticos y cuáles serán los temas de la pregunta es lo que decidirá el resultado de las próximas elecciones. Si la pregunta es el modelo de Estado, el modelo territorial, la respuesta será una. Si la gran pegunta son las políticas sociales, la respuesta será otra. Ahora vivimos una pelea por la pregunta, quien la defina será quien logre una mayoría u otra.

Casado está buscando hacerse perdonar la gestión de Rajoy en Cataluña, por eso habla de un 155 reforzado”

P.- En las elecciones generales que se anuncian a medio plazo, ¿la pregunta sigue sin definirse?

R.- Sí, creo que aún no lo está. Hablamos mucho del cuándo pero no del porqué. Si no construyes una buena narrativa de por qué llamas a los españoles a votar el resultado puede ser muy distinto. El porqué es tan importante como el cuándo, ese es el problema que tiene el Gobierno, encontrar esa narrativa.

P.- ¿El fenómeno Vox es expresión de una carencia de las formaciones tradicionales o simplemente una extensión de una corriente extendida en Europa y que ha llegado para quedarse?

R.- Hay dos factores, uno de contexto. La extrema derecha emite radiaciones en toda Europa y los medios de comunicación están más pendientes sobre por qué no hay extrema derecha en España. Y hay otro factor específico y muy nuestro que explica Vox que es que el PP estuviera en el Gobierno durante la gestión de la crisis territorial en Cataluña. Si la crisis territorial no se hubiera producido porque el PP hubiera actuado antes, probablemente Vox lo tendría más difícil para emerger.

P.- Por tanto, Vox crece más por una cuestión territorial que social…

R.- Sí, el votante de Vox está más preocupado por la cuestión territorial que el migratorio. Vox piensa que si era el PP quien ofrecía dureza en el tema territorial, realmente ha sido blando. Considera que se necesita una alternativa más dura. Por eso ahora el PP de Casado quiere ofrecer una alternativa más dura. Pablo Casado habla de nuevo de un ‘155 plus’, un 155 reforzado. Está buscando hacerse perdonar la gestión que tuvo Mariano Rajoy y que es la que ha provocado una fuga de votos a Ciudadanos pero también una parte a Vox.

P.- ¿Cuál es el potencial de votos de la formación de Santiago Abascal? ¿Estamos sobredimensionando los medios su penetración o es real?

R.- Mi percepción es que hoy Vox es equivalente al Frente Nacional en los años 80 y 90, es decir que va a entrar con entre un 1% y 3% del voto, podrá ser parlamentario. Todos empezaron así. El sistema electoral le penaliza al tener el voto disperso y si no lo concentra bien en Madrid o en Valencia puede tener dificultades. En el momento en el que todo cambia es cuando tengan recursos, visibilidad, más aparición en los medios, etc. Por ahora ni PP ni C’s han dado con la tecla para frenarle. También la izquierda creo que está cebando a Vox, creen que es ventajoso tener a las derechas divididas pero no entienden que una vez que tengan representación institucional todo cambiará y empezará a competir también con la izquierda.

También la izquierda está cebando a Vox para dividir a las derechas, pero olvida que competirá con ella cuando tenga representación”

P.- Podemos está sumida en un rosario de crisis autonómicas internas. ¿Se ha desinflado aquel movimiento que nació al calor del 15-M?

R.- Es lo propio de los partidos de aluvión, que se forman tan rápido en poco tiempo. Han tenido un problema claro de reclutamiento de sus mandos medios a nivel autonómico y local. Están divididos. Ha habido un cambio interno profundo entre el Podemos de antes y de después de Vista Alegre. El anterior era un partido ‘socialpopulista’, un partido que seguía la estrategia de la casta y el pueblo y que hablaba de temas transversales y no sólo de los temas propios de la izquierda. El Podemos que surge de Vista Alegre, además de desplazar a quienes planteaban las tesis populistas, como Errejón y otros, es un partido ‘postcomunista’, que recoge las viejas banderas de la izquierda tradicional como la Monarquía. Un partido populista construye una verdad, uno postcomunista la debe mostrar. Ahora el espacio ‘postcomunista’ en España es más pequeño que el populista y es muy difícil que aguante en los niveles de voto anteriores. Los tics de Izquierda Unida han terminado siendo la línea prevalente dentro de Podemos y eso le achica el espacio electoral para reemplazar al PSOE como principal partido de la izquierda. Hoy está en una esquina, al haber comprado el eje izquierda-derecha.

P.- Afirma que la clase política y el escenario ha cambiado de manera profunda y rápida en nuestro país. ¿También votamos hoy de modo distinto, con otros parámetros, a cómo lo hacíamos hace una década?

R.- Sigue primando el eje ideológico izquierda-derecha, aunque las nuevas generaciones se ubican menos en ese eje.

P.- Pero el concepto izquierda-derecha, ¿no ha cambiado? ¿Qué es hoy izquierda, qué derecha…?

R.-  Sí, es una cuestión interesantísima. Ese termómetro, dónde se coloca cada uno, tiene hoy otro significado. En una escala de 0 a 10 en ese eje puede significar hoy cosas distintas. ¿Quiénes llenan de contenido a esa escala izquierda-derecha? Los partidos. Son ellos los que generan ideología a partir de unos temas. Hace 20 años podías ser un 4, (centro izquierda) pero sin hablar de temas feministas. Hoy no. Hoy en España a las posiciones más ‘cosmopolitas’ se sitúan más a la izquierda y las más ‘tradicionalistas’ más hacia la derecha. Los distintos ejes se han solapado mucho.

P.- Se dice que la corrupción no pasa factura en España. ¿Realmente es así? ¿Ha dejado de tener incidencia en el sentido del voto?

R.- Tuvo un impacto importante a partir de 2014. No es lo mismo una corrupción que genera ‘beneficios para todos’. Por ejemplo, una recalificación de terrenos que va a traer prosperidad y empleo en un pueblo. Con esa corrupción somos más indulgentes. No tanto con la corrupción individual y en un contexto de sufrimiento o crisis. Por eso en el CIS la preocupación por la corrupción se disparó en los años de crisis. ¿Significa que antes no lo hubiera? No. La opinión pública a veces es volátil. Creo que habría que quitarle la responsabilidad al votante de castigar la corrupción. Está bien que lo haga, pero es que con una papeleta se le pide que castigue, premie, etc. Sería más adecuado una reforma de la administración que desarticule la corrupción antes de que tenga lugar.

Hemos vivido una transición sin serlo. En el resto de Europa los cambios políticos han llegado en 20 o 30 años, aquí en un tiempo muy reducido”

P.- De la crisis y de la ola de casos de corrupción política los politólogos parecen haber salido beneficiados, ¡han salido de la cueva!

R.- Sí, algo de eso. En realidad, las ciencias sociales y políticas en España tienen una tradición más larga, tenemos facultades en España desde hace 40 años pero es cierto que ha habido un salto en la divulgación pública. Ha habido una demanda de información política dadas las enormes transformaciones que vivimos. Es un momento con una recesión tan importante, con unas causas políticas de fondo, con la emergencia de nuevos partidos, la aparición de la extrema derecha, personajes estrambóticos que llegan a presidencias de países importantes… Todo eso genera una demanda de información y de análisis de la política. Eso ha permitido que algunos politólogos, con cierta modestia, hayamos podido abandonar nuestras torres de marfil y aportar algunas cuestiones. No siempre lo hacemos bien. A veces el lenguaje de la academia y los medios no es el mismo, pero es cierto que los politólogos se han abierto un hueco.

P.- ¿Hay interés por la política o por pedir cuentas a la política?

R.- El incremento en el interés por la política conecta mucho con la crisis. El malestar de la gente con la política es bastante persistente, más allá de que en España ha habido desafección, malas valoraciones de políticos, partidos y Congreso. Es un síndrome de democracias jóvenes, aunque a nuestra quizá ya no lo es tanto. Existe una necesidad de decir que la política y la economía no ha satisfecho mis expectativas, no se ha gestionado adecuadamente muchas cuestiones y mucha gente plantea transformar ese malestar en acción. Eso se veía muy claro en 2013 y 2014, cuando crecía el interés por la política y de la apatía se pasaba a la irritación en torno a la política. Eso terminó eclosionando en una desafección más en el centro izquierda que el centro derecha e indicaba por dónde se iba a romper el bipartidismo. Después vino la regeneración por la derecha.

P.- Hay politólogos de izquierdas y de derechas, o al menos los medios los identifican así. ¿No es una contradicción con la ciencia política?

R.- Estamos viendo a gente que ejerce de politólogo sin necesidad de serlo o gente con sesgos ideológicos. Es inevitable. Alguien que quiera ser riguroso debe ser lo más analítico en su aproximación a los fenómenos. Es verdad que hay algo que viene de tradición, las academias suelen tener un sesgo más de izquierdas que de derechas y eso es un hecho objetivo. Eso no quita a que la ciencia política no se pueda hacer con el mismo rigor en un sentido y en otro desde una perspectiva analítica.

La opinión pública es volátil. Habría que quitarle la responsabilidad de castigar con el voto la corrupción, eso requiere reformas administrativas”

P.- Hoy día ustedes se han hecho casi imprescindibles en los medios de comunicación, y no sólo para hablar de política…. ¿No es excesiva la autoridad que se les concede?

R.- Sí, es preocupante. Nosotros deberíamos estar más pendientes de eso y estar dispuesto a en determinados temas dar un paso atrás. Los politólogos tenemos conocimientos en los que en algunas materias podemos aportar y en otras no tanto. Podemos generar análisis o aportar información pero es cierto que la lógica de los medios es tener comentaristas de cabecera y un tertuliano habitual le toca opinar de cosas de las que nosotros no tenemos conocimiento. Tenemos que asumir que de vez en cuando habrá que decir “no lo sé” y eso puede ser liberador.

P.- Esa sobreexposición, ¿no hace que puedan ser utilizados para reforzar tesis y comportamientos políticos más que para analizarlos, evaluarlos?

R.- Hay politólogos que trabajan para partidos que operan en una ‘lógica mercenaria’, por decirlo de algún modo. Operan al servicio de los que les contratan. Hay otra lógica, la de los medios, que es donde corremos riesgo. El politólogo puede ser un creador de opinión y cuando eso ocurre puede tener determinados sesgos o intereses para orientarlo en una dirección u otra. La mayoría de los politólogos no están en ello.

P.- ¿Cuánto hay de sociología, historiador y economista en el análisis del escenario político español?

R.- Depende mucho de la tradición de la que uno provenga. Yo vengo de una tradición comparativista, me fijo en lo que pasa en otros lugares y otras épocas. Eso da unas pautas y ayuda a poner las cosas en su contexto. A veces loas árboles no nos dejan ver el bosque y creemos que España es muy distinta y a lo mejor no lo es tanto. La economía tiene un impacto importante y la sociología por supuesto. Ahora también influye el marketing y la comunicación.