En su pueblo son pocos, muy pocos, apenas dos docenas de simpatizantes en las últimas elecciones generales. La mayoría nunca llegó a imaginar que un día aquel chico se convertiría en el fenómeno político del que todos hablan en el bar. Lo han visto crecer a la sombra de su padre, sufrir, resistir y enfrentarse como él a la amenaza y a la coacción del entorno radical abertzale y ahora lo ven hacerse profeta lejos de allí, de su tierra. No, en Amurrio (Álava) el proyecto de Santi hijo, ‘el de los Abascal’, no tiene muchos seguidores. Por ahora su techo electoral se sitúa en 35 votos. Lo logró en las autonómicas de hace dos años, aunque quizá hoy lo superaría.

De algún modo, el germen de lo que hoy es Vox nació en sus calles, en sus tabernas, en sus amenazas, en sus miedos. En la historia reciente de este municipio del Valle de Ayala, en la que aún reside parte de su familia, hay dos Santiagos ‘Abascales’. El actual, presidente de Vox, y su padre, fallecido en julio de 2017, que fue cargo del PP vasco, fraguado en mil batallas, presionado sin piedad por el entorno radical y convertido en un símbolo de resistencia ante ETA y al que su hijo siempre ha profesado admiración.

El primero, Santiago Abascal Conde, se inspiró y aprendió de la trayectoria del segundo, Santiago Abascal Escuza, muy querido en Amurrio. A ambos les unió una resistencia ante las amenazas terroristas y una decepción por la deriva que su partido tomaba en Euskadi y en el conjunto de España y que les llevó a abandonar la formación. El hijo se integró en Vox en 2013 y hoy asume la presidencia. Su padre le siguió poco después accediendo a figurar como candidato a lehendakari en la que fue la primera cita electoral de la recién creada formación en Euskadi.

Parte del mensaje de Abascal se forjó en Amurrio, su pueblo, y en un clima de odio hacia España y de amenaza de ETA

Aquella vida dura en un Amurrio, en una Euskadi en la que hablar de España era un tabú y un riesgo, en la que militar y ocupar un cargo de concejal en un pequeño municipio por un partido constitucionalista con 18 años suponía rodearse de escoltas o en el que la presión del entorno nacionalista radical se convertía en un clima asfixiante, fue en el que creció políticamente el presidente de Vox. Es lo que en gran medida moldeó su mensaje, su discurso y su concepto de la política.

Las ‘familias populares’

El PP vasco en el que Abascal se fraguó como político no se movía en un eje ‘centro derecha-derecha extrema’ en el que hoy se sitúa la disputa política entre el PP, Ciudadanos y Vox. Las ‘familias populares’ en Euskadi se clasificaban más en función de su relación con el nacionalismo; los posibilistas del PP partidarios de encontrar cauces de entendimiento con el nacionalismo más moderado –Antonio Basagoiti, Arantza Quiroga, Alfonso Alonso…- por un lado y el frente del PP más constitucionalista, más ortodoxo y alejado de cualquier puente con el mundo abertzale –Carlos Iturgaiz, María San Gil, Jaime Mayor Oreja…- por otro.

Preguntar hoy en el PP vasco por Santiago Abascal, tras su arrollador e inesperado éxito en las elecciones andaluzas, incomoda. En su anterior partido, quienes conocieron a aquel joven que se afilió con 18 años al PP en 1994 prefieren guardar el anonimato, mantener una posición discreta y hablar sin dar nombres ni cargos, “está el tema algo delicado, estamos en plena negociación en Andalucía, ya sabes…”, justifica un significado miembro del PP vasco. Todos los miembros del PP en Euskadi con los que se ha puesto en contacto El Independiente optan por pedir discreción.

De sus testimonios se desprende un sentimiento generalizado de frialdad y distancia hacia la figura de Abascal. Hace cinco años que abandonó el PP pero en Euskadi aún se constata cierta amargura, cuando no enfado, por el modo en el que se marchó. En las palabras de unos y otros se nota malestar y en algunos casos notables dosis de crítica por su trayectoria, en especial en sus últimos años. Es difícil encontrar el reconocimiento que sí suscitaba su padre.

En el PP vasco prefieren guardar silencio. Quienes hablan de él lo hacen bajo exigencia de anonimato»

Pero Santiago Abascal hijo es diferente. Ni por su implicación por la política más cercana con el ciudadano, ni por la entrega en su ejercicio en los cargos que ocupó. Un ex alto cargo del PP que conoció bien a los Abascal subraya que mientras a su padre siempre le movió resolver los problemas cotidianos de la gente, a Santiago Abascal hijo lo que le motivó fueron las grandes cuestiones nacionales, -la unidad de España, la defensa de sus símbolos-. Es lo que le inquietó desde que tomó conciencia política en aquella Euskadi de escoltas y amenazas para el conjunto de cargos del PP y en la que Abascal, siendo apenas un joven político, comenzó a dar forma a su pensamiento y discurso.

El propio presidente de Vox lo ha ratificado estos días asegurando que entró en política movido no por la “grandilocuencia” de quienes dicen hacerlo para prestar “un servicio público” sino para la defensa de unas ideas que hoy proclama abiertamente en mítines y ante miles de personas; la unidad territorial, el final del Estado de las autonomías e igualdad y prioridad de los servicios del Estado de Bienestar para los españoles.

En Amurrio una de las mujeres que mejor conoce la historia de los Abascal es la única concejala del PP en el municipio, Montserrat Canive. Aún en ocasiones tiene que soportar la presión de la izquierda abertzale, carteles, pintadas u otro tipo de coacciones ante la sede del partido en el pueblo. Canive fue uno de los últimos cargos políticos al que se le retiró la escolta. Tampoco ella quiere hablar de Santiago Abascal, “ni para bien ni para mal”. Un silencio que guarda por respeto a su padre, “que era como un segundo padre para mí”, apunta amablemente.

Esculpido en la amenaza

En la sede del PP vasco ocurre algo similar. Prefieren guardar silencio y no valorar públicamente ni su figura ni su reciente éxito andaluz. Abascal es hoy miembro de otro partido y mejor no hablar de él, “nosotros a lo nuestro”. Se limitan a señalar que el fenómeno Abascal no es algo de lo que se hable estos días en los corrillos de las sedes de modo especial.

Fue en sus despachos, grupos parlamentarios y sedes donde creció. Lo hizo sin alcanzar nunca un peso de relevancia en la dirección del PP vasco. Su trayectoria fue más conocida por el modo en el que tanto él como su padre se plantaron ante las amenazas terroristas que por su gestión como cargo del partido. Sin duda la amenaza que contra él y su familia ejerció durante una década ETA, que intentó asesinar a ambos, y su entorno –primero contra su abuelo Manuel, después contra su padre y finalmente contra él- marcó en gran medida la firmeza de su mensaje y su rechazo al nacionalismo. La imagen de los caballos de la familia Abascal atacados con pintadas amenazantes forman parte de la historia política del presidente de Vox.

Toda su juventud y madurez la vivió escoltado. Fue lo que forjó su firmeza y marcó su decepción final y salida del partido. Abascal cuestionó el acercamiento que Rajoy propició con el PNV, su incipiente gestión ante la crisis catalana y el cambio de cuestiones como la política penitenciaria tras la anulación de la doctrina Parot dictada por Europa, que Abascal sintió como una humillación hacia las víctimas.

Muchos populares vascos no le perdonan que se fuera a Madrid y ahora les cuestione, «allí es más fácil ser del PP»

Desde joven ya apuntaba maneras de liderazgo. Santiago Abascal fue presidente de Nuevas Generaciones en Euskadi. Después ocupó una concejalía en Llodio, un pueblo que no era el suyo y en el que, como otros muchos, tuvo que presentarse ante la falta de candidatos. El líder de Vox, que proclama eliminar las estructuras autonómicas y las diputaciones forales, ha ocupado cargos por el PP durante casi veinte años en ellas. Algunas constituidas gracias a los Fueros vascos. Fue procurador en las Juntas Generales de Álava –la cámara territorial alavesa- y diputado autonómico en el Parlamento Vasco.

Militó en el PP desde su mayoría de edad y hasta los 37 años. En ese tiempo, el PP vasco del que formaba parte defendía con naturalidad cuestiones que Vox hoy cuestiona: desde la foralidad vasca, hasta el Cupo y el Concierto Económico vasco y su singularidad fiscal, y por supuesto el valor del Estado de las Autonomías. En el PP vasco no recuerdan que Abascal los criticara cuando ocupó cargos en las instituciones vascas.

‘Fue un escapista’

“Políticamente diría que fue un escapista”, asegura un ex alto cargo del PP vasco. Lo conoce bien desde que era casi un niño. Asegura que pese a no tener mal concepto de él como persona no cree que pueda hablarse de una trayectoria política “ejemplar” en su etapa en el País Vasco. Recuerda su tiempo como concejal alejado de la implicación que siempre demostró su padre, “él estaba más preocupado de la política en clave nacional que de los temas municipales”, asegura este miembro del PP: “Mucha dialéctica pero poca política de calle, esa es la realidad”, concluye.

Tampoco le recuerda especialmente implicado con la vida interna del partido, esforzándose en la captación de militantes o candidatos, una labor esencial en el PP vasco en aquellos años difíciles. “Se marchó cuando políticamente vio que no lograba las expectativas que ambicionaba y que fuera sería más fácil defender sus posiciones políticas y encontrar un coro que le siguiera”. Considera que el éxito del proyecto que lidera Abascal responde más a la suma de unas circunstancias sociales y políticas “que a su bagaje personal”.

No es el único que aún le reprocha el modo en el que abandonó Euskadi cuando los cargos del PP aún estaban amenazados. El hoy presidente del PP en Guipúzcoa, Borja Sémper, calificó en su momento de “portazo y huida” la salida de Santiago Abascal de la política vasca, “es un error”, dijo entonces. Hoy Sémper es de los pocos que está dispuesto a dar la cara para referirse a él. En una reciente entrevista en la televisión pública vasca reconoció que el “ardor guerrero” que  muestra Abascal ya lo tenía en su etapa en Euskadi. Le reprocha haber abandonado el PP vasco para instalarse en Madrid, “es más fácil ser del PP en Madrid” y más aún cuestionar a quienes continúan “perseguidos” en Euskadi haciendo política en unas condiciones política y socialmente complicadas.

Un ex alto cargo del PP en Euskadi considera que su trayectoria política no es ‘ejemplar’, «mucha dialéctica pero poca política»

A otro ex concejal del partido se lo presentaron poco antes de que Santiago Abascal fuera nombrado presidente de Nuevas Generaciones del PP en Euskadi. “Recuerdo que sería el año 1999 y tuvimos que organizar un acto para repartir ejemplares de la Constitución en la Gran Vía de Bilbao”. Dos décadas después y un nuevo partido más tarde, ve a un Abascal muy similar al que él conoce y con el que guarda una buena relación y amistad, “no lo veo muy diferente, quizá algunas de sus ideas sí han cambiado, pero en general no mucho. Siempre defendió sus ideas de modo muy vehemente”.

‘Bastante de derechas»

Prefiere no dar su nombre. Reconoce que Vox intentó captarle para su proyecto político e incluso que le ofreció encabezar la candidatura a la alcaldía de Bilbao en las últimas elecciones municipales. Lo rechazó. Hoy la relación con Abascal es cercana y no oculta que también tuvo relación, aunque por razones estrictamente profesionales, con el secretario general de ese partido, Javier Ortega Smith, y su trabajo como abogado. Todo ello le ha hecho ofrecerse al PP de Casado para intermediar, si fuera necesario, con los dirigentes de Vox.

Le conocí cuando me lo presentaron para repartir ejemplares de la Constitución en la Gran Vía de Bilbao. Sería el año 1999″

A la hora de definir el programa que ahora defiende Vox se limita a señalar que sería “de derechas, bastante de derechas diría, pero no tanto como para hablar de extrema derecha”: “No creo que su partido justifique todos los medios para alcanzar unos objetivos”. Reconoce que muchas de las propuestas y mensajes que lanza Vox no los comparte, pero ante el aluvión de comentarios y valoraciones que estos días se están haciendo sobre la figura de Abascal sale en su defensa para desmentirlos: “No es el monstruo que pintan en Podemos, es una persona normal y corriente, con sus virtudes y defectos, como todos”.

Aún recuerda el día en el que se tomó un café con él en Amurrio la víspera de que presentara su nuevo proyecto político: “Tuvimos una charla y no me dijo nada, sólo que se iba a marchar definitivamente. Recuerdo que le invité a que no lo hiciera, a que cuando el barco se tambalea en lugar de abandonarlo es mejor quedarse para intentar enderezar el rumbo”.

Detecta en el Vox de Abascal una idea que en el PP vasco siempre estuvo presente “la carencia absoluta que existía en el País Vasco para sentirte libremente español, exhibir sus símbolos, su bandera, etc.”: “La represión que ha habido y sigue habiendo a todo lo que está relacionado con España creo que es una característica que él ha querido imprimir también en Vox pero que ya teníamos en el PP”.