‘Corriendo a casa’. La vida de Inmaculada Zanoguera siempre ha sido un puro desafío: permanente decisión. Dentro de ese desafío, el 11 de octubre de 2018, y en el Comité de Descolonización de la ONU, en Nueva York, retumbaban palabras como «hacinamiento», «condiciones terribles» y «desesperación». Todo dentro del hearing o audiencia de varias partes (petitioners) de este IV Comité de la Asamblea General, en su sesión número 73. Sesión referida a las condiciones de los campamentos de refugiados saharauis en el desierto de Argelia.

Hasta 173.000 saharauis —cifra oficial— se apilan en los campamentos que Argelia alberga en zonas desérticas, en una estrecha franja entre Tinduf, Smara, Auserd, Tifariti y el nuevo Aaiún/Laayoune. Ya avanzados los discursos, Inmaculada Zanoguera Garcías, campeona de Europa de baloncesto con la Selección española Sub-20, se hizo oír: por delante de Susan Ashcraft, agente especial antidrogas (retirada) de la DEA, o de Javier Andrés González Vega, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad de Oviedo…

La ex campeona europea de baloncesto prepara una película sobre su desafío vital: «España siempre ha tenido una conciencia egoísta hacia el Sahara»

«En la primavera de 2016, estando yo en Londres, mi hermana me envió un documento… Nunca había visto esa información. Era un papel que tenía tres líneas, con el nombre de mi madre (Naima), su fecha de nacimiento y su nacionalidad: el Sahara Occidental. Supe que mi madre había llegado a España sin nada. Salió de El Aaiún en 1975. Tuvo que huir de su país, el Sahara, debido a la guerra con Marruecos. Uno de mis abuelos trabajaba para el Gobierno español y recibieron asilo en España. Los tres hermanos ya nacimos en España, pero era complicado mantener a una familia con tres hijos; había bastantes dificultades. Cuando vi ese documento, mi madre biológica ya había fallecido, de cáncer», relata Inma Zanoguera Garcías en entrevista exclusiva desde la Universidad de Toledo (Ohio, EEUU).

«Los servicios sociales de Mallorca nos dieron en adopción a una familia bien situada, con recursos suficientes para mantener a tres niños, en Llucmajor (Mallorca). Ellos eran Tomeu y Magdalena. Sólo puedo hablar del amor que en todo momento nos dieron ellos», añade.

Inma Zanoguera, arriba a la izquierda, junto a sus padres de acogida y sus hermanos Aisa y Adriá.

Inma Zanoguera, arriba a la izquierda, junto a sus padres de acogida y sus hermanos Aisa y Adriá.

Tras titularse como profesora, ahora cursa un máster en Literatura con una beca de la misma Universidad de Toledo… para cuyo equipo, las ‘Rockets’ (‘Cohetes’), llegó a capturar 21 rebotes en un solo partido de NCAA. En perfecto inglés, cincelado desde 2011-12 por sus estudios en Norteamérica, Inma Zanoguera habló así al Comité de Descolonización en nombre del pueblo saharaui: «El colonialismo ya ha traído suficiente crueldad al mundo. Hay un lenguaje universal en la Historia que el sufrimiento del pueblo saharaui nos transmite ahora; el pueblo saharaui tiene su propia voz, alta y clara. Nos debemos a nosotros mismos el regalo de escucharlo. El Consejo de Seguridad y la Unión Africana deben unir esfuerzos para que el pueblo saharaui sea escuchado en forma de un justo y bien monitorizado referéndum».

En busca de sus raíces

En esos momentos y en la ONU, Zanoguera (nacida en Baleares en 1993) asumía el tercer gran desafío de su vida. Los otros retos pasaron, primero, por hacerse una jugadora de baloncesto de tanto nivel como para subir a lo más alto del podio europeo (en 2013) con la Selección española Sub-20 y, después, tras graduarse en Toledo —Comunicación y Administración de Empresas— por una suerte de viaje iniciático a través de los campos de refugiados saharauis: todo en busca de sus raíces maternas.

Inma Zanoguera abrió este segundo gran desafío vital cuando, en la primavera de 2016, conoció a través de su hermana, Aisa (hay otro hermano Zanoguera Garcías: Adriá), la realidad de la situación vital por la que habían navegado los tres chicos saharauis.

La revelación de Aisa, en 2016, coincidió con otro vital cruce de caminos en la vida de Inma: tras los cinco años en Toledo (desde el Sóller Bon Dia de Mallorca, donde la ojeó la jugadora estadounidense Murriel Page) y una posterior estancia, 2015-16, en el Battipaglia italiano, Zanoguera decidió olvidar el baloncesto, apremiada por una hernia discal y se sintió llamada por su herencia saharaui: sus raíces.

«Sabía que mi madre había nacido en El Aaiún, poco más. La salida de mi familia biológica del Sahara fue dura, abrupta; se perdieron muchas personas y documentos», comenta. Está siempre agradecida con Tomeu y Magdalena, sus padres mallorquines: «Mi familia adoptiva se portó de 10 desde el primer momento».

Inma Zanoguera, flanqueada por el profesor Mulay Smara y la cineasta Michelle-Andrea Girouard.

Inma Zanoguera, flanqueada por el profesor Mulay Smara y la cineasta Michelle-Andrea Girouard.

Por ese tiempo, Inmaculada Zanoguera conoció a la cineasta canadiense Michelle-Andrea Girouard, radicada en Toronto: era cuando Inma ya sentía que «tenía que hacer algo… Me puse a investigar por Internet todo lo relacionado con la historia del pueblo saharaui, su cultura y el conflicto que vive. Por aquellos días, cuando dejé el baloncesto, conocí a Girouard. En esa época teníamos muchos intereses en común y le ofrecí hacer una película sobre mi relación con esta situación. A la vez, era un método para obtener un poco de dinero para la causa: que la película sirviera no sólo para mí, sino para comprometer al público en la causa saharaui. Mi historia personal debe ser como un canal de conducción que lleve al público anglófono norteamericano a crear una conexión personal con el sufrimiento de la gente saharaui».

‘Corriendo a casa’

También ahí Inma Zanoguera comenzó a oír hablar de la ‘Sahara Marathon’, con recorrido arenoso de 42,195 kilómetros a través del desierto de Argelia y entre los campamentos saharauis. A partir de 2017 planeó competir allí y visitar los campamentos de Argelia. La acompañó Girouard, en busca de material e imágenes para el documental o película iniciática de Inma. Se llamaría Running Home (Corriendo a casa).

Después de un plan de preparación (con sólo una media maratón y un 10.000 en las piernas), Inma se inscribió para la edición de 2018 de la Sahara Marathon… que dominó el pasado 26 de febrero de 2018 en categoría femenina, firmando una marca de 3:48:11 en la meta de Tinduf por delante de la italiana Marina Graziani.

Era la primera maratón que corría en su vida y Girouard (que luego sería otra petitioner en la ONU) sugirió a la emocionada Inma que enarbolase la bandera de su Sahara: la bandera verde, negra, roja y blanca del Frente Polisario y de la República Árabe Saharaui Democrática. En hombres, y en el mismo durísimo recorrido que han pisado Abel Antón, Fiz o el italiano Calcaterra, se impuso (2:59:47) Lehsen Sidhamed, otro saharaui residente en España (Talavera).

La ‘Sahara Marathon’, por las rutas arenosas entre los tres grandes campamentos saharauis del Desierto de Argelia (Laayoune/El Aaiún-Tifariti-Tinduf), regresa este mismo martes, 26 de febrero.

«Fue un momento mágico, imborrable… como devolverle algo al pueblo saharaui. Terminé por el apoyo de todos los nuestros y porque pude correr en línea recta, en el desierto. La arena es terreno suave, amortigua. Con la hernia no habría podido correr en asfalto. En Tinduf, nuestra gente ha creado un país propio en condiciones injustificables, un sitio donde se puede vivir. A pesar de la capacidad de adaptación, la situación no es justa, no se puede permitir, no hay excusas», reflexiona.

La película

Hoy, tras el hearing en la ONU —al que acudió como representante de las organizaciones Associaciò d’Amics del Poble Saharaui y SAUSA (Saharauis en EE UU), junto a personalidades como el profesor Mulay Smara—, Inma Zanoguera ha seguido muy de cerca las recientes conversaciones de Ginebra entre las delegaciones oficiales de todas las partes.

La República de Sahara (RASD) exige a Marruecos la inmediata liberación de, al menos, 19 presos saharauis de larga duración. Y Running Home se halla en proceso de producción: la idea de Girouard y Zanoguera, propietaria de los derechos intelectuales, pasa por estrenar la película iniciática antes del verano. Running Home ya ha recaudado 5.569 euros en donaciones de micromecenazgo.

El pueblo saharaui tiene su propia voz, alta y clara. Nos debemos a nosotros mismos el regalo de escucharlo», reivindica desde Ohio

Inma Zanoguera espera volver cuanto antes a Tinduf y a España y, cuando sea preciso, a la ONU. Desea ser un puente que implique con el Sahara Occidental a la opinión pública norteamericana. «En cuanto mi trabajo en Toledo me lo permita, iré a España y a Tinduf: será dentro de este mismo 2019, Alá lo quiera, Insha’Allah… Me creo consciente, tengo esa conciencia. Los saharauis hemos de empujar más. Cuanto más se puedan amplificar las voces que son conscientes y que tienen una visión muy sólida, habrá más esperanza. La solución al estancamiento del Sahara es que el Gobierno de Francia se ponga del lado de los valores humanitarios y de justicia. Francia es tan importante porque mantiene la hegemonía ideológica y politica sobre el Gobierno marroquí. Y España tiene un asterisco. Desde 1975, España siempre ha tenido (con el Sahara) una conciencia egoísta, ha actuado en su propio interés… España es como un ‘puente’, no es exactamente como el resto de Europa, y eso no se ha tomado en consideración, Andalucía es el sitio de Europa que tiene más conexión con la Historia musulmana», razona.

Sin embargo, ella habla con dolor y rabia del proceso de descolonización: «Empezando por la traición que el Rey Juan Carlos hizo con los pactos de 1975, la posición de España no tiene identidad propia».

Ella ha abrazado la causa saharaui pero no renuncia a ser quien es: «I’m a spanish citizen» (Soy ciudadana española), confirma en inglés. Ésta es Inmaculada Zanoguera Garcías, en busca de su tercer desafío. Ella que, de algún modo, siempre está corriendo a casa: cuando los mil soles de Tinduf  ya alumbran el nuevo año 2019. Ella, Inma Zanoguera, siempre se despide con la palabra peace, salam, paz.. ‘Salam’, Inma. Quizá… ¿en un Sahara Libre?