Cuatro años en política para Guillermo Zapata (Madrid, 1979), que concurrió en 2015 dentro de la lista de Manuela Carmena. Fue un efímero concejal de Cultura, puesto en el que duró 48 horas. Guionista, escritor, realizador del cortometraje Lo que tú quieras oír (2005, más de 100 millones de visitas en Youtube). Empezó en la plataforma Ganemos, que abandonó hacia la mitad de la legislatura para constituir Movimiento 129, menos belicoso con la línea oficial de Ahora Madrid que otras corrientes. En mayo no irá en ninguna lista.

Pregunta.- ¿Se retira de la política institucional?

Respuesta.- No voy en ninguna de las listas de ninguna de las candidaturas. En la medida en que la pregunta tiene que ver con los institucional, sí. No seré concejal. Lo que no creo que haga es retirarme de la política en el sentido en que la llevo viviendo veintipico o treinta años.

P.- ¿Por qué?

R.- Es una reflexión amplia. Hace falta que gente que hemos estado en el ayuntamiento esta legislatura podamos volver a la sociedad civil y trabajar desde ahí. Que no se convierta en una…

P.- ¿Profesión?

R.- Tampoco. Me parece razonable que haya gente que repita. Pero una vez hay herramientas institucionales novedosas, potentes, que funcionan, creo que hay que darle vueltas a cómo trabajar en los espacios sociales.

P.- ¿Herramientas como los Presupuestos Participativos del Ayuntamiento de Madrid?

R.- No solo. En 2015 veníamos de un momento con una intensidad social fuerte, y esa intensidad requiere herramientas, propuestas, gente trabajando… Había una necesidad de tener herramientas institucionales. Ya están. Pero no demos el trabajo por terminado.

Sobre Ahora Madrid, nunca dijimos que las cosas tenían que ser permanentes»

P.- Ahora Madrid ha muerto y se ha dividido en dos: Más Madrid y Madrid en Pie. ¿Es un proyecto fracasado?

R.- Ahora Madrid es una herramienta concreta para resolver un problema concreto: la necesidad de construir herramientas institucionales para intervenir en el ayuntamiento. En ese sentido es una experiencia exitosa, pero a partir de esta experiencia de Gobierno se abren preguntas sobre el territorio conquistado. Eso ha dado lugar a reflexiones que han dado lugar a varias herramientas. Ahora Madrid no solo es un fracaso sino lo contrario, pero es que nunca habíamos dicho que las cosas tenían que ser permanentes.

P.- Carmena parece muy fuerte en las encuestas y desconectada de las bases que le ayudaron a gobernar hace cuatro años.

R.- Creo que quienes tienen la capacidad para responder mejor a las hipótesis sobre las que opera cada uno de los dos espacios son quienes los protagonizan. Esa división entre sociedad y bases creo que tiene un punto erróneo. Creo que hay que medir el modelo de ciudad propuesto. Y por lo que he leído hay diferencias de sentido: primero, en materia de gestión presupuestaria, y segundo, en materia de gestión urbanística. Son cosas lo suficientemente relevantes como para plantear una diferencia sociedad/bases u original/traición. La diferencia está en el modelo. No me gusta interpretar las cosas en marcos como verdadero/falso. Todos hemos sido traidores a algo en algún momento para poner en marcha procesos. Se decía mucho de Podemos al principio con relación a IU, a otros con relación a movimientos sociales… Creo que son categorías poco útiles.

Ahora hay dos modelos de ciudad distintos. Pero no hay traidores»

P.- ¿Y qué balance hace de la legislatura?

R.- Es algo que hay que medir a partir del lugar en el que empieza. Un ayuntamiento parado, sin capacidad de desarrollar políticas públicas. En estos cuatro años creo que lo hemos puesto en funcionamiento. En ese camino ha habido dos elementos a resolver: uno, la regla de gasto injusta que condiciona los presupuestos municipales; y otro, operaciones de carácter urbanístico que heredamos. Haciendo balance total, diría que, reconociendo los límites, hemos salvado la cuestión presupuestaria con mayores niveles de inversión. Pero no hemos resuelto el marco general: mucho dinero que no puede volcarse en los ciudadanos. En cuanto al urbanismo, la sensación es que hemos construido un consenso político en torno a operaciones como Chamartín pero también que hemos perdido un consenso ciudadano. El papel vecinal se ha ido perdiendo y las resoluciones del proceso han ido a peor. En todo este magma tan complejo, creo que surgen dos modelos de ciudad distintos.

P.- Da la sensación de que el alma de Zapata está en las dos candidaturas. ¿A quién va a apoyar?

R.- A mi me parece que Más Madrid es necesario pero no suficiente. Es imposible ganar el ayuntamiento si otra candidatura no llega al 5%. Las reflexiones políticas son complejas, y en esa complejidad es normal que yo, o mucha gente, recoja elementos interesantes de ambas candidaturas, o incluso de otras. La cuestión es que la alternativa a cualquier Gobierno progresista es un Gobierno sustentado por la extrema derecha.

P.- En 2015 no existía esa hipótesis.

R.- Pero ahora sí. Y no ha surgido porque haya dos candidaturas de Ahora Madrid. Para mi Más Madrid es necesario, fundamental, pero no suficiente.

La alternativa a cualquier Gobierno progresista pasa por la extrema derecha»

P.- ¿La gestión podría acusar Carmena desgaste? Los barrios del sur son los que dieron más votos y…

R.- Cualquier demoscopia antes de las generales es peliagudo. La cuestión no es si hay un desgaste político real, fuerte, etcétera, porque sigue habiendo conexiones con las bases. En 2015 los resultados eran muy empatados: no se podía identificar un cambio estructural de mayorías. Así que nada sobra, especialmente si en el campo de la derecha está movilizando el voto.

El ayuntamiento ha avanzado en muchas cosas: en transparencia a través de protocolos de participación, lo cual implica una mayor capacidad de ser vigilados. Creo que hemos puesto políticas de movilidad irreversibles y un vínculo con la salud y el medio ambiente que es clave. Creo que hemos sido vanguardia ahí. Hemos aumentado los niveles de inversión de la legislatura anterior en un porcentaje muy alto.

P.- La legislatura anterior, la de Ana Botella, es la de la crisis. Un ayuntamiento ahogado en deudas, en un contexto muy duro. Pero vayamos a lo concreto: es muy difícil saber si la calle está más limpia o más sucia. El ayuntamiento dice que más limpia y la oposición que no. En lo concreto ¿en qué se ha mejorado?

R.- Yo puedo hablar de mis distritos. En el caso de Fuencarral, tres escuelas infantiles donde más necesidad había. En el caso de Villaverde, una construida y otra en construcción. Hemos arreglado todos los parques grandes del distrito. Hemos abierto la nave Boetticher. Hemos arreglado el campo de fútbol de San Cristóbal prácticamente de cero… Cuando entramos en el ayuntamiento, empezamos a poner en marcha servicios públicos de mediación relacionados con desahucios o problemas de alquiler. Esa herramienta, que no es cara, ha sido uno de los mecanismos más fuertes para impedir desahucios, sobre todo en Villaverde. Tenemos datos de gente que no podía seguir pagando su vivienda y estaba en situación de okupación sin desearlo. Pequeñas grandes cosas que se pueden hacer por una cuestión de voluntad política. Siempre hay gente que quiere llegar más lejos y está bien. Pero para mi el balance es muy positivo.

En mis distritos hay más escuelas infantiles, se han arreglado parques…»

P.- ¿Qué le parece la figura de Carmena?

R.- Lo he dicho ya: Manuela me parece la mejor alcaldesa que Madrid ha tenido. Una persona con una capacidad de conectar con la ciudadanía y preocuparse de manera singular, sin anteojeras. Que ha sido capaz de poner en marcha un ayuntamiento que ahora damos por hecho tiene su ritmo. Pero en 2015 esto era incierto. Se ha puesto en marcha una maquinaria en clave transformadora. Por ejemplo, en materia de reequilibrio territorial. El ayuntamiento estaba diseñado para producir desigualdad, y cambiar eso requiere mucho trabajo. Manuela funciona de una manera distinta a la política partidista, y eso tiene elementos interesantes.

P.- Ciertamente recela de los partidos. ¿Más Madrid no corre el riesgo de morir con ella?

R.- No lo sé. Es difícil saberlo a día de hoy.

P.- ¿Qué le parece la hipótesis de un tripartito de derechas como en Andalucía?

R.-Mi mayor preocupación con la extrema derecha no es que saque un buen resultado. Me preocupa el día siguiente. Vox normaliza una manera de entender la sociedad profundamente agresiva. Liberan una supuesta represión que no es tal, sino una pérdida de privilegios culturales, de frustraciones… que creo que pueden ser muy perjudiciales socialmente a corto y medio plazo. Por eso es importante que no solo estemos en las instituciones. La hipótesis es cierta, de la misma manera que podría darse una fórmula en la que, a diferencia de Andalucía donde apoya desde fuera, Vox se imponga. Creo que las otras dos derechas han sido profundamente irresponsables o torpes a la hora de leer la aparición de Vox.

Manuela es la mejor alcaldesa que Madrid ha tenido»

P.- En la actualidad ha publicado un libro, Perfil Bajo, donde retrata la precaria libertad de expresión en España. Usted dimitió como edil de Cultura por unos tweets en clave de humor. ¿Por qué?

R.- La libertad de expresión es el derecho a decir algo, lo cual no exime de las consecuencias de decirlo. Y éstas operan en el campo político o social y pueden afectar a otros. Y luego está tu derecho a decir. Yo he tenido un proceso de dos fases: una que respondía a una lógica de responsabilidad política y otra que tiene que ver con un proceso judicial. En el juicio yo defendí mi derecho a decir o a escribir lo que escribí, y no solo yo sino cualquiera.

P.- ¿Por qué estaba usted abocado a esa dimisión por unos tuits humorísticos?

R.- Yo no estaba abocado a nada, si estuviera abocado no hablaría de una decisión que yo tomé. Las decisiones no…

P.- Perdón, ¿por qué llegó al convencimiento de que tenía que dimitir?

R.- Lo cuento en el libro. Lo más importante es que son tweets escritos a partir de un ejercicio de dejar de reconocer al otro. Parten de que no iban a hacer daño a otras personas porque esas personas no lo iban a leer. Y como al final no ha sucedido eso, ahí hay algo profundamente jorobado que no me gusta nada de mi: no preocuparme tanto de si lo que estoy haciendo puede herir o no como de vivir una especie de impunidad inconsciente. Puedo escribir lo que me da la gana y no me tengo que preocupar de sus consecuencias. Cuando eso le llega a personas afectadas por una situación de violencia terrible…

(Sobre sus tuits) «No me gustó nada de mi vivir una especie de impunidad inconsciente»

P.- La propia Irene Villa [víctima del terrorismo] salió en defensa del humor durante la polémica.

R.- Así es. Pues bueno, cuando le llega a esas personas reflexiono: no he pensado en ellas y he hablado de ellas. Y esto me parece profundamente mal. Derecho a decir cosas: todas las del mundo. Tomar consecuencias a partir de ello: qué menos. Si no no habría ningún tipo de evolución cultural. Tampoco digo que haya una fórmula sobre la libertad de expresión. Yo digo: el proceso que yo seguí fue este, el cual me permitió tener unas dinámicas de empatía que son super importantes. Cuestión distinta es que una persona por cantar una canción pueda ir a la cárcel.

P.- Voy a insistir. Es una dimisión por unos hechos en los que usted no era representante político con unas consecuencias que usted no midió…

R.- Vamos a ver. Lo que no puede ser es que yo diga una cosa y usted interprete lo que yo esté diciendo. Antes lo ha hecho cuando estábamos hablando de las dos candidaturas y ha dicho que entendería que usted está más de acuerdo con una…

P.- He dicho que usted parece tener el alma en las dos. No he podido decir otra cosa porque no sé a qué candidatura apoya usted, si ala de Manuela Carmena o a la de Carlos Sánchez Mato.

R.- Lo que intento decir es: me parece bien que haya quien no lo comparta. Lo que pasa es que cuando escribes en primera persona tienes que hablar también de tus decisiones particulares. Y a mi me parece que el escribir sobre otros sin pensar en ellos es jorobado. En las redes sucede bastante. Yo lo que ví es una incomprensión entre la gente más cercana y una indignación fuerte y muy transversal que incluía a votantes nuestros que pensaban que, como poco, había puesto en peligro el Gobierno municipal. También hay que tenerlos en cuenta. Cuando estás en un proyecto colectivo, mucho más allá de los 20 concejales, da que pensar. Toda la primera parte del libro va de esto, donde cuestiono igualmente que hubiera una lógica de conspiración. Y son discutibles.

Había votantes nuestros que pensaban que yo ponía en peligro el proyecto»

P.- Veo un argumento cuantitativo: a mucha gente no le gusta lo que he hecho. ¿La libertad de expresión no pasa también por explicarles el sentido de esos tweets, escritos en clave humorística? Incluida la posibilidad de pedir perdón si usted considera que hubo dolo sobre terceros.

R.- Sí, pero es que eso de alguna manera a mi me eximía de responsabilidad. Algo así como: no me habéis entendido, os lo explico, y a través de mi explicación tenéis que estar de acuerdo conmigo. Cuando uno está en un cargo público el cargo no es suyo. No estoy defendiendo una película o una canción. Precisamente por ser un cargo público tenía que escuchar a otros y ver qué marco de responsabilidad me era exigible.

Además había otro elemento: desde esa posición me parecía muy difícil ejercer mi cargo. Iba a ser muy complicado defender un marco donde la libertad de expresión juega. En una clave partidista, podía servirle a la oposición como un fetiche al que golpear continuamente.