El candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona está viviendo una campaña mucho más dulce de lo que esperaba. Tras caer a cinco regidores en 2015 y sufrir la expulsión del gobierno local de mano de Ada Colau, Collboni confía ahora en aprovechar el viento de cola que le ofrece la reciente victoria del PSOE en las generales. La presencia del presidente en funciones, Pedro Sánchez, que visitará dos veces Barcelona durante la campaña, demuestra hasta qué punto confía el socialismo catalán en el tirón del PSOE en los barrios populares de la ciudad para remontar en las encuestas y disputar la alcaldía a Ada Colau y Ernest Maragall, favoritos en las encuestas.

«Hasta hace un año casi teníamos que irnos escondiendo», reconoce un miembro de su equipo, «pero ahora se le acerca la gente, le felicita y le anima a ganar las elecciones, esto no nos había pasado en años». Como muchos alcaldes y regidores socialistas, Collboni ha sufrido durante los años del procés la estigmatización de los políticos constitucionalistas en Cataluña. Una carga que en su caso fue doblemente dolorosa cuando Ada Colau decidió echarlo del gobierno municipal por el apoyo socialista al 155.

En los últimos meses sus colaboradores aseguran, sin embargo, que ha despegado en popularidad y, sobre todo, conocimiento. Cuando se presentó a la alcaldía hace cuatro años, en sustitución de Jordi Hereu, era prácticamente un desconocido para buena parte de los votantes y sucumbió en los barrios tradicionalmente socialistas ante el envite de una Colau empujada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) -que paradójicamente fue generosamente subvencionada por el Consistorio de Xavier Trias- y sus apariciones mediáticas.

Durante los dos años en que compartió el gobierno local con los Comunes se centró la cultura y el comercio, dos ámbitos de su interés y especialmente desatendidos por el gobierno de Colau, con los que consiguió recuperar parte de la proyección del PSC en una ciudad que ha gobernado durante 30 años, para la mayoría los mejores años. Pero su trabajo en la oposición no le ha otorgado la repercusión que requiere alzarse con la bandera de el único garante contra un gobierno de Colau y ERC, que será el eje de su campaña.