Gerardo Pisarello (Tucumán, Argentina, 1970) ha sido durante cuatro años el número dos en el organigrama municipal de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona, un lugar privilegiado desde el que ejerció como alcalde accidental durante la baja maternal de la alcaldesa y ha marcado el gobierno local. Miembro del núcleo duro del gobierno local y de los Comunes, llegó al Consistorio como el hombre más poderoso junto a Colau -aunque siempre detrás del marido de la alcaldesa, Adrià Alamany- tras ocupar la vicepresidencia del Observatorio DESC durante una década. Sus amigos hablan de un hombre hábil en la sombra, pero sus detractores solo ven aun dirigente soberbio y sectario abonado a los desplantes.

Auténtico embrión de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y los Comunes, el Observatorio fue creado por el catedrático Jordi Borja, un entusiasta de los movimientos de izquierda latinoamericanos, y generosamente financiado por los gobiernos locales de Jordi Hereu (PSC) y Xavier Trias (CiU) a la postre derrotados electoralmente por los Comunes. Pisarello se integró desde sus inicios en este grupo de estudio sobre el derecho a la vivienda, tras completar el postrado en la Complutense del que surge su amistad con Juan Carlos Monedero. Y el padrinazgo de Borja le dio acceso a su vez a la Universidad de Barcelona, donde empezó a dar clases como profesor de Derecho Constitucional en un tiempo récord para un licenciado en Derecho en Argentina.

Independentista y sectario

Declarado independentista, Pisarello fue la estrella de las elecciones municipales de 2015 junto a Colau y ambos entraron en el Ayuntamiento como un tándem que, con el paso de los años, se ha ido enfriando. La crisis de los Comunes, fraguada en rivalidades personales, se llevó por delante la alianza Colau-Pisarello a partir del 1-O, cuando la alcaldesa quería seguir jugando a la ambigüedad para mantener intacta su proyección electoral mientras Pisarello, como Asens, apostaba por una mayor implicación en el proceso independentista. De hecho, el primer teniente de alcalde pidió abiertamente el voto por el «si» en el referéndum ilegal.

La crisis del partido del pasado septiembre, cuando Xavier Doménech asumió el liderazgo del nuevo partido que debía integrar a los Comunes, Podem e ICV, para abandonar dos meses después, cogió a Pisarello ya seriamente desgastado a nivel interno, y con la vista puesta en las elecciones europeas de este año.

Según algunas fuentes próximas al entorno morado, ese era ya su objetivo en 2014. Pisarello se presentó a las primarias del partido para representarlo en el Parlamento Europeo junto a Podemos y las confluencias. Pero la lista elaborada con Podemos, que relegaba a Pisarello a un improbable puesto de salida, por detrás de Ernest Urtasun (ICV), convenció al argentino de abandonar sus aspiraciones europeas.

Sobre todo, cuando Pedro Sánchez adelantó las elecciones generales. Sin Domènech, Pisarello dio la batalla interna por ser el cabeza de lista de CatEC-Podemos por Barcelona, pero Pablo Iglesias impuso su preferencia por Jaume Asens, amigo personal de su máxima confianza. Aún así, Pisarello ha conseguido la designación para la Mesa del Congreso, un destino en el que quienes lo conocen aseguran que puede tener grandes éxitos, dado su gusto por maniobrar en la sombra y mover los hilos de la política.

En los últimos días sus rivales políticos han recordado la imagen de su forcejeo con Alberto Fernández Díaz en el balcón del Ayuntamiento para evitar que el líder del PP en el Consistorio exhibiera una bandera española, mientras el portavoz de ERC mostraba ufano su estelada. No ha sido la única polémica de su mandato, en el que ha sido responsable, por ejemplo, de la controvertida gestión de los «manteros» en la Ciudad Condal.

Su soberbia y desplantes con la oposición han marcado el mandato de Colau, muy castigada por la incapacidad de su equipo para tender puentes con el resto de los grupos municipales en un consistorio gobernado con 11 de los 41 regidores que forman el pleno. Solo han aprobado uno de los cuatro presupuestos anuales y la alcaldesa ha sido reprobada hasta en ocho ocasiones, muestra de la escasa capacidad de diálogo, que los portavoces de la oposición ha definido directamente como «sectarismo» en el caso de Pisarello.

Han sido sonados sus choques con la portavoz municipal de Cs, Carina Mejías, a la que se limitaba a no responder en las comisiones de Economía. Aunque también ha sido víctima de sus desplantes el director del Mobile World Congress, al que Pisarello plantó sin más explicaciones cuando debía entragarle el premio concedido por Amics del Passeig de Gràcia.