Un fracaso sin paliativos. Los líderes de los 28 miembros del Consejo Europeo negociaron durante casi 18 horas durante el domingo, la madrugada y la mañana del lunes para no llegar a ningún acuerdo: a menos de 24 horas de la constitución del Parlamento Europeo, aún no se sabe quién presidirá la Eurocámara ni quien se hará con el trabajo de presidente de la Comisión Europea.

Un bloqueo antológico, alimentado por las discrepancias ideológicas entre las principales familias europeas que ha dejado imágenes dantescas: negociaciones en penumbra, periodistas derrotados en la sala de prensa, caras largas, rostros marcados por la falta de sueño y mucho cabreo entre los principales dirigentes políticos de la UE.

Tras semanas de atasco en la negociación, el Partido Popular Europeo y el grupo de los socialdemócratas parecían llegar a Bruselas con un acuerdo rematado en los márgenes de la cumbre del G-20 en Osaka: el socialista Frans Timmermans se quedaría con la presidencia de la Comisión Europea y el popular Manfred Weber con la del Parlamento Europeo. El acuerdo contaba con el beneplácito de los liberales de Renew Europe, comandados por Emmanuel Macron, tercera familia política en Europa por representación.

Pero el acuerdo no estaba ni mucho menos cerrado, contaba con la animadversión explícita de los países del grupo de Visegrado y no convencía del todo en el PPE. Por la tarde ya se había puesto de manifiesto que el acuerdo no sería rápido, hasta el punto de que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, decidió suspender la reunión y emprender conversaciones bilaterales con todos y cada uno de los dirigentes para explorar posibles consensos.

Agua. Ese consenso no se produjo en ningún momento y la noche transcurrió entre reuniones constantes casi en penumbra, ante la incredulidad de los periodistas y el colofón final de la suspensión del Consejo, que se retomará este martes a las 11 de la mañana para permitir a los líderes descansar tras una noche completa sin dormir.

Sánchez culpa al PPE de romper el acuerdo

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha reconocido una «enorme frustración» por la falta de acuerdo entre los líderes europeos para situar al candidato socialista Frans Timmermans al frente de la Comisión Europea y al candidato ‘popular’ Mafred Weber en la presidencia de la Eurocámara y ha culpado al Partido Popular Europeo de no respetar el acuerdo al que habían alcanzado ambos, con el apoyo de la familia liberal.

Sánchez ha admitido una «sensación de enorme frustración» tras un día «muy largo» de negociaciones por no haber llegado a un acuerdo sobre la renovación de los altos cargos en la UE –«muy necesario para la gobernabilidad de las instituciones comunitarias»– y tras estar «muy cerca» y ha reconocido que la «enorme disparidad de criterios y de intereses dentro del Consejo hacen muy difícil el acuerdo» en declaraciones a la prensa tras la cumbre extraordinaria maratoniana en Bruselas.

El presidente del Gobierno en funciones, uno de los negociadores de la familia socialdemócrata europea junto con su homólogo portugués, Antonio Costa, ha culpado al Partido Popular Europeo por no haber «respetado» el acuerdo previamente alcanzado por los cabezas de lista socialista y popular europeos para que el primero asumiera la Comisión y el segundo ocupara la presidencia del Parlamento Europeo, que también contaba con el apoyo de la familia liberal.