Lo único que parece inamovible en la volátil política catalana es la división en bloques del electorado: independentistas y no independentistas. Una división que marca a los partidos y define las mayorías en el Parlament. Y ese es justo el objetivo de los impulsores de la Lliga Democrática. Romper el bloque independentista y restarle los diputados claves para la mayoría que ha permitido al secesionismo imponer su rodillo parlamentario durante los últimos cuatro años.

Para conseguirlo, el plan original era captar a los antiguos votantes de CiU desencantados con la deriva independentista del nacionalismo catalán, con una oferta política destinada a ocupar el centro liberal de raíz catalanista. Pero la deriva de Cs en los últimos meses ha sembrado dudas en una parte de los impulsores del proyecto, que ven en el flanco abandonado por el partido de Albert Rivera otra bolsa de votos nada desdeñable. El problema, reconocen unos y otros, es que no se puede atraer a la vez a los desencantados de CiU y de Ciudadanos. Los bloques, en Cataluña, no admiten esa opción.

El núcleo duro de la Lliga nace en otoño de 2018, cuando una veintena de personas de diversa procedencia empiezan a reunirse movidos por la preocupación ante la situación politica catalana. «Todos coincidimos en que Cataluña se encuentra en un callejón sin salida y que una de las soluciones al bloqueo es alterar las mayorías», recuerda la politóloga Astrid Barrio, presidenta provisional del partido hasta la celebración del congreso fundacional una de las principales impulsoras del proyecto junto a Eva Parera, actual regidora en el Ayuntamiento de Barcelona junto a Manuel Valls, y el ex presidente de Sociedad Civil Catalana (SCC) Ramon Bosch, que ocupa la secretaría general del partido.

Eso se convierte en el objetivo fundamental del nuevo espacio político en gestación: atraer al votante nacionalista que puede haber votado independentista, a Puigdemont el 21D, pero que ve que ese no es el camino, que está cansado y decepcionado. Los estudios les dicen que como mínimo existe una bolsa de 230.000 votos en ese espacio, lo que se traduciría en 4-5 escaños en el Parlament que acabarían con la mayoría independentista.

El caladero catalán de Cs

Sin embargo, la evolución de Cs en los últimos meses -el endurecimiento del discurso, el giro a la derecha y la ruptura con el PSOE- «generan nuevas expectativas», reconoce Barrio. Se abre un debate en el seno del grupo entre la opción de apelar al ex votante convergente o al votante de Cs decepcionado. Ese que llevó a Inés Arrimadas a ganar las elecciones autonómicas del 21D y que ha abandonado al partido naranja en los últimos comicios locales y generales en Cataluña.

De momento se ha impuesto mantener la originalidad del proyecto, apelar al catalanista desencantado, «y para eso no se puede hacer un discurso hostil contra el independentismo», apunta Barrio. Ramón Bosch reconoce la tentación de dirigirse a «dos almas desencantadas», las de los ex convergentes y los ex votantes de Cs. Y aunque reconoce la dificultad de romper los bloques, apunta que «la política es hacer posible lo imposible, nadie hubiera dicho hace año y medio que el PSOE podía estar rozando la mayoría absoluta».

En este contexto, el ex presidente de SCC recuerda que, al final, el objetivo de su proyecto es ayudar a que empiece la «transición» en Cataluña, entendida como la superación del bloqueo en el que vive inmersa esta comunidad desde la declaración unilateral de independencia. Un bloqueo del que sólo se saldrá rompiendo los bloques.

En todo caso, coinciden en hablar de catalanismo o catalanidad, evitando el nacionalismo. De hecho, su objetivo es superar el debate identitario, coinciden en destacar Barrio y Bosch. Todos constatan que hay cansancio, que ha habido un intento fallido del independentismo y hay nacionalistas que quieren pasar página, convencidos de que ahora disponen de una oportunidad de la que no gozó Unió en 2015. Eso sí, siempre que las elecciones autonómicas no lleguen antes de primavera de 2020.

La nueva marca está registrada y el partido ha empezado el trámite en el Ministerio del Interior, pero todavía queda mucho camino por recorrer, advierte. En las próximas semanas se oficializará la constitución de la Lliga y se aprobará una dirección provincial, que debería llevar al congreso fundacional en otoño.

Han mantenido contactos con Units, Lliures y Convergents y ex dirigentes del PDeCat para unificar ese espacio ahora disgregado

En este proceso esperan sumar a su espacio a los partidos que en los últimos años han intentado recoger el testigo de CiU: Units, herederos de Unió Democràctica, los Lliures de Antoni Fernández Teixidó y los Convergents de Germà Gordó y Silvia Requena. No todos se integrarán en el proyecto como partidos  -aunque las conversaciones con Lliures están muy avanzadas- pero sí esperan incorporar a algunos de sus impulsores.

También a parte de los críticos que en los últimos años han ido abandonando el PDeCat. Barrio reconoce contactos con ex dirigentes como los ex consellers Lluís Recoder o Santi Vila, o ex diputados en el Congreso, pero apunta que este grupo «está pendiente de ver en qué queda la refundación del PDeCat» y hasta donde llega el intento de Artur Mas de recuperar las riendas del partido.

De ahí podría salir un futuro candidato electoral, si no da el paso otro ex convergente que abandonó el nacionalismo mucho antes: Ignasi Guardans, muy crítico con el proceso independentista. Siempre y cuando, advierten, tengan claro que su prioridad no es el referéndum que ahora ha vuelto al primer lugar de la lista de peticiones del independentismo. «Queremos superar el debate estéril» sobre la celebración de un referéndum de independencia, explica Barrio, para centrarse en programas de gobierno para gestionar Cataluña, sin olvidar un programa reformista para España.

El debate al final no es otro que «pensar en la distribución de poder» entre los diversos niveles administrativos, explica la politóloga, que en este sentido lo tiene claro: «si para los desencantados del PDeCat el referéndum es prioritario, su sitio no es la Lliga» porque las prioridades de su proyecto son otras.

Manuel Valls, apoyo o distorsión

La figura de Manuel Valls ha sido otro de los elementos de discordia en el seno del partido. El actual regidor del Ayuntamiento de Barcelona y ex candidato de Cs ha permitido dar visibilidad al proyecto por su alianza con Eva Perera, una de las fundadoras de la Lliga y responsable de su registro legal como partido. Pero advierten desde el partido en formación que su relación «ha generado confusión, Valls no está en el origen del proyecto y representa un discurso que no casa con su espíritu original», añade Barrio.

Para Parera, sin embargo, Manuel Valls es un activo que, sin estar implicado en primera línea, puede aportar experiencia política y una voz a la que hay que escuchar. El ex primer ministro francés ha dejado claro en repetidas ocasiones que no aspira a dar el salto a la política catalana como eventual líder de la Lliga o ninguna otra formación, pero su nombre se ha identificado igualmente con el partido de nueva creación, lo que no ha gustado a muchos de sus impulsores.