La Lliga Democrática, el nuevo partido de centro catalanista que aspira a recuperar para el espacio político abandonado en su momento por CiU, se ha constituido hoy formalmente como partido, el primer paso para competir en las próximas elecciones autonómicas. La politóloga Astrid Barrio es la presidenta provisional de la nueva formación, que cuenta en su dirección con el abogado José Nicolás Salas y el ex presidente de SCC José Ramón Bosch.

«Ha llegado el momento de ofrecer a los catalanes descontentos, desconcertados y desilusionados con los estériles resultados del proceso independentista una opción política catalanista sin complejos, que haga del diálogo, el pactismo y el buen gobierno su razón de ser» afirma el comunicado de constitución del nuevo partido. La dirección provisional que completan Aitor Egea como secretario de Organización y Alex Miró como secretario de Finanzas será la responsable de pilotar el proyecto que se presentará formalmente en septiembre hasta la celebración de un congreso fundacional a final del próximo otoño.

Un espacio que cuenta también entre sus filas con la regidora del Ayuntamiento de Barcelona Eva Perera y que aspira a aglutinar los intentos anteriores de ocupar ese espacio encabezados por  Antoni Fernández Teixidó a través de Lliures y los Convergents de Germà Gordó. El nuevo partido ha abierto contactos también con Units, el partido heredero de Unió, cuyo líder, Ramon Espadaler, reconoció esta semana estos contactos y advirtió de que la alianza de su partido con el PSC -con quien concurrió a las elecciones autonómicas y municipales- no puede ser permanente.

La Lliga nace con el objetivo de convertirse en el partido «capaz de aglutinar diversas sensibilidades e iniciativas que buscan superar la política de bloques, crear los máximos consensos y gestionar los conflictos sociales sin más exclusiones ni límites que el respeto a las reglas de juego», añaden.

De hecho, el partido busca esa bolsa de entre 250.000 y 300.000 votos atribuidos tradicionalmente a Unió, que en sus últimos envites electorales podrían haber ido tanto a Cs como a JxCat y que deberían permitir a la Lliga obtener representación parlamentaria en unas elecciones autonómicas, con un grupo de entre 4 y 5 escaños. Suficientes, si los votos salen del bloque independentista, para acabar con el rodillo secesionista en el Parlament.

La Lliga Democràtica propone «una visión amplia e integradora del catalanismo» explican sus impulsores. Un catalanismo, eso sí con «pleno respeto a la Constitución» que trabaje «por el desarrollo de la singularidad de Cataluña», desplegando «su máxima capacidad de autogobierno con una financiación justa y equitativa».

Un regreso a los postulados clásicos del catalanismo de los años 80 y 90 que concluye con el compromiso de «lealtad al avance del conjunto de España como fuerza de gobierno» dentro del marco de la Unión Europea. «Solo mirando hacia adelante alcanzaremos los objetivos que la mayoría de los catalanes quieren» concluyen en una clara apelación a pasar página del proceso independentista.