En los años ochenta y noventa Esperanza Aguirre (1952), técnica de Información y Turismo del Estado, destacaba de manera jocosa por sus tropiezos y salidas de tono. A partir de 2003, la lideresa es un Monstruo Político Difícil de Encasillar, con mayúsculas. En su ocaso, presidenta de un Gobierno autonómico que era un nicho de corruptos; un periplo que termina este lunes 2 de septiembre con su imputación por el caso Púnica.

Concejala de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid en 1983, de Medio Ambiente con Álvarez del Manzano a partir de 1991 y Teniente de Alcaldesa tras las municipales de 1995, la popularidad de Aguirre da un salto adelante como ministra de Cultura. Nombrada en 1996, aparece asiduamente en el programa Caiga Quien Caiga de El Gran Wyoming protagonizando sonados desatinos: confunde ante el reportero Pablo Carbonell el apellido del Premio Nobel de Literatura [José] Saramago con el nombre de «Sara Mago». En 1997 reconoció no saber quién era Santiago Segura.

En los ochenta y noventa destacó jocosamente por sus salidas de tono

Contó con su propia caricatura en El Jueves, pero la realidad es que la imagen de la consorte y Grande de España aún era una caricatura de lo que estaba por venir. Presidió el Senado y de ahí se lanzó a la Presidencia de la Comunidad de Madrid asesorada por Miguel Ángel Rodríguez (MAR), que volvió en mayo para formar parte del equipo triunfal de Isabel Díaz Ayuso.

Gracias al tamayazo y a la posterior repetición electoral que abortó las opciones de PSOE e IU en la región madrileña, nacía la leyenda de Aguirre. Era 2003. Una historia de liberalismo épico, de bajadas indiscriminadas de impuestos y abultadas mayorías absolutas que se tornó en leyenda negra al cabo de los años.

Salió ilesa del accidente de helicóptero y del atentado terrorista de Bombay

Salió ilesa del accidente de helicóptero junto con Mariano Rajoy. También del atentado terrorista de Bombay, doce ataques coordinados que arrojaron un saldo de 173 víctimas. Se enfrentó primero a Alberto Ruiz-Gallardón: le obligó a retirarse de las listas al Congreso en 2008 y le desplazó en su afán por controlar el partido.

«Estoy harto de vuestros enfrentamientos. A dos meses de las elecciones esto no se puede tolerar», dijo a ambos Mariano Rajoy en una reunión en Génova en Navidades de 2007. Discutieron en el ascensor de la sede del PP. «No puede ser. No me podéis hacer esto. Llevo 30 años en este partido, ayudé a fundarlo, me he dejado la vida y nunca he pedido nada. Es la primera vez que lo hago, era mi ilusión», desesperó Gallardón.

En marzo de 2008, Rajoy perdió por segunda vez frente a José Luis Rodríguez Zapatero y la lideresa maniobró para derrocar al pontevedrés. No solo no pudo, sino que Rajoy fue el primer rival de altura que doblegó a la condesa. Hoy, muchos años después de aquellas refriegas fratricidas, todos se llevan bien. Aguirre y Gallardón se citan para comer una vez por semana.

Se enfrentó a Gallardón y a Rajoy con crudeza; hoy se lleva bien con ellos

Entonces saltó la Gürtel, a comienzos de 2009. La ex presidenta madrileña se movió con rapidez y expulsó del grupo popular a Alberto López Viejo, Alfonso Bosch y Benjamín Martín Vasco, y también a los ex alcaldes de Boadilla del Monte y Pozuelo de Alarcón, Arturo González Panero (El Albondiguilla) y Jesús Sepúlveda. Al año de revelarse la trama, Aguirre se arrogó la revelación de la suciedad. «Me siento especialmente satisfecha de haber sido una parte muy importante, la causante, de que este caso [el Gürtel] se destapara», celebró a la entrada de la Asamblea en abril de 2010. Aguirre dimitiría en otoño de 2012, para sorpresa de los periodistas, amigos y rivales.

Los sumarios fueron saltando. El 27 de octubre de 2014 fue detenido su ex número tres Francisco Granados por Púnica, un caso que espoleó a Podemos como partido en las encuestas. El 19 de abril de 2017 saltó la trama Lezo, por la que fue arrestado su sucesor en la Presidencia y hombre de total confianza Ignacio González. Sus dos principales colaboradores en los años dorados de la Comunidad habían quedado retratados como dos vulgares chorizos, a falta de la condena firme.

Depuró a diputados y alcaldes rápidamente en los primeros compases de Gürtel

Ella siempre lo negó. Dio la cara en platós de televisión alimentando esa fábula de política descarada a la que nunca un juez había llamado a declarar como sospechosa de nada. «He nombrado a más de 500 altos cargos y dos me han salido rana», desafió en 2014. En 2015 rivalizó con Manuela Carmena por la Alcaldía del Ayuntamiento de Madrid y, aunque quedó la primera, no le dio para gobernar. Su primera derrota electoral en mucho tiempo. Dimitiría en medio de un océano de lágrimas como jefa de la oposición tras la detención de González. Y siguió defendiendo su inocencia.

Este lunes 2 de septiembre el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón la imputó por apropiación indebida, malversación de caudales públicas, falsedad electoral y falsedad documental, entre otros delitos de corrupción.