El discurso pronunciado por el jefe de la Guardia Civil en Cataluña, Pedro Garrido, se ha convertido en las últimas horas en el nuevo argumento de enfrentamiento entre Gobierno y Generalitat. Un argumento profusamente esgrimido por el Govern, mientras el ejecutivo de Pedro Sánchez intenta sofocar el incendio a las puertas de la sentencia del procés. De hecho, la Generalitat ha pedido por carta la destitución de Garrido.

Un discurso en el que Garrido defendió el miércoles la actuación de la Guardia Civil durante el 1-O y las investigaciones realizadas con posterioridad en las que se ha cimentado la instrucción de las causas contra dirigentes independentistas en el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. Unas afirmaciones que desde Interior de la Generalitat -con nuevo jefe de prensa y nuevo director de los Mossos- han señalado como una ofensa inaceptable.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha intervenido hoy en RAC1 para rebajar la tensión y elogiar a los Mossos, mientras el de Exteriores, Josep Borrell, ha esquivado la cuestión en su vista a Barcelona. Por contra, el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, elevó la presión contra la Guardia Civil, convirtiendo la crisis en un asunto de Govern, como demuestra la carta remitida después por la consejera de Presidencia, Meritxell Budó, reclamando el cese de Garrido. Una reacción que no hace sino dar la razón al responsable de la Guardia Civil en sus afirmaciones del miércoles.

Entonces Garrido aseguró que «han sido las intervenciones realizadas en defensa del orden constitucional, en el sentido más estricto y literal de la palabra, las que más nos han otorgado el respeto y simpatía de los ciudadanos convencidos de que la ley es el soporte básico del Estado de Derecho».

«Al mismo tiempo que nos ha supuesto recibir el reproche de quienes conciben la ley sometida a la decisión previa de desobedecerla, lo que nos confirma la certeza de estar obrando en el buen camino para enfrentarnos a quienes pretenden burlar la Constitución para atentar contra la integridad territorial de España».

A los primeros, Garrido agradeció «las permanentes muestras de apoyo y aprecio» mientras a los segundos les advirtió «en nombre de todo los guardias civiles de la zona de Cataluña, que todos sus intentos de querer hacernos sentir despreciados, de querer hacernos sentir extraños a nuestra tierra -por nacimiento o adopción- y todos sus intentos de hacernos sentir amenazados o atemorizados, no solo han sido inútiles, sino que nos enorgullece ver como a nuestro trabajo responden con patéticas muestras de impotencia». Una clara referencia de Garrido a la moción aprobada una semana antes por el Parlament en la que se pedía la expulsión de la Benemérita de esta comunidad.

Frente a esa moción, o los escraches sufridos en los dos últimos años en casas cuartel de toda Cataluña, Garrido advirtió que «pueden tener la convicción de que no escatimaremos en esfuerzos para garantizar el libre ejercicio de los derechos y libertades de todos ellos sea cual sea su forma de pensar». Siempre, añadió, que «las acciones que se deriven de ello se mantengan dentro del marco que delimitan la legislación y la normativa vigente».

Muestra de ello, es para el responsable del cuerpo en Cataluña la detención de los miembros del CDR. «Esa brillante actuación nos enfrenta a todos a la realidad de que las pretendidas sonrisas revolucionarias se convierten con más facilidad de la que cabe pensar o desear en tan solo el rictus que disimula el odio y la mezquindad capaz de crear destrucción, dolor y sufrimiento bajo la justificación de la defensa de una causa que la ley no contempla».

Garrido advirtió además que «ante lo que es el inicio de una irresponsable aventura hacia el miedo y la amargura no cabe la equidistancia ni la más mínima duda a su rechazo».

Y señaló que «de la misma manera que ser independentista no es lo mismo que ser catalán, independentismo y terrorismo tampoco son lo mismo. Pero los que queriendo recorrer el camino de la independencia quieran seguir de un modo u otro la senda del terror han de saber que los combatiremos sin tregua ni temor, para que todos ellos acaben su recorrido a disposición de la Justicia».

El responsable de la Guardia Civil se refirió también a la inminente publicación de la sentencia del procés para poner en valor la investigación de la Guardia Civil «bajo la dirección de jueces, tribunales y ministerio fiscal» de las «actuaciones criminales supuestamente cometidas por personas relevantes de las instituciones autonómicas para llevar adelante un proyecto secesionista para Cataluña», otro de los pasajes esgrimidos por los Mossos, que ven en ello una referencia a la causa instruida contra su ex jefe, Josep Lluís Trapero.

«Al margen de cual sea finalmente la sentencia que emita el Tribunal Supremo, o las que en un futuro puedan emitir otros tribunales sobre otros hechos relacionados, lo que nos importa a los guardias civiles es que a la cimentación de esa resolución hemos contribuido con un trabajo de investigación objetivo, riguroso y exhaustivo» añadió Garrido.

Lo volveremos a hacer

Respecto a la actuación de 2017, Garrido hizo suya la polémica expresión de Jordi Cuixart en el juicio para asegurar que «lo volveremos a hacer». «Nos mantenemos firmes con nuestro compromiso con España de trabajar por la libertad y seguridad de todos los ciudadanos. Lo demostramos hace dos años, lo hemos hecho de nuevo recientemente, y cada vez que sea necesario lo volveremos a hacer, porque tenemos la plena convicción de que la sociedad a la que servimos entiende que no hay seguridad ni libertad fuera del marco de la ley».

Defendió además que colaboración con los Mossos d’Esquadra debe ser reflejo de un modelo policial «compartido, que no quiere decir compartimentado, en el que cada cual debe aportar sus capacidades operativas para responder en cada ámbito con respeto a las competencias ajenas. Para ser entre todos la indiscutible policía integral de Cataluña», una afirmación que desde la Generalitat se lee como una invasión de competencias de los Mossos.

Por último, también fue criticada su «mención especial al magistrado fallecido del Juzgado 13 de Barcelona» instructor de la primera causa sobre el 1-O, que para Garrido constituye «un ejemplo que no podrán desvirtuar los comentarios abyectos sobre su personalidad cuando ya no podía defenderse, que solo califican a los que los hicieron».