Chile, el país que se percibía como un oasis de paz y prosperidad en Latinoamérica, ha vuelto a establecer el toque de queda y el estado de emergencia, insólito desde los tiempos del dictador Augusto Pinochet. Este fin de semana se han vivido los peores disturbios en tres décadas con un balance trágico: 15 muertos, 11 regiones en estado de emergencia, 1.420 detenidos y más de 10.000 militares en las calles.

El subsecretario de Interior, Rodrigo Ubilla, ha dado a conocer el último balance en rueda de prensa. Hay 15 muertos en todo el país, 11 de ellos en la Región Metropolitana. «Nos parece una consecuencia dramática, producto de los actos de violencia criminal de tanta gente que salió a saquear y violentar», según informa La Tercera.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) ha denunciado la detención de 1.420 personas, entre ellas 181 menores, en el curso de estas protestas. Hay 84 personas heridas por armas de fuego. Este organismo ha interpuesto 12 denuncias por torturas.

En una intervención alarmista, muy criticada dentro y fuera de Chile, el presidente, Sebastian Piñera, ha asegurado en la noche del domingo: «Estamos en guerra con un enemigo poderoso e implacable que no respeta a nada ni a nadie». Contrastan sus palabras con las declaraciones que publicaba el 17 de octubre al Financial Times: «Chile parece un oasis». Lo decía a propósito de la inestabilidad reinante en Argentina, México, Brasil, Ecuador y Perú.

«Mire a Latinoamérica. Argentina y Paraguay están en recesión, México y Brasil, estancados, Perú y Ecuador viven una profunda crisis política, de modo que en este contexto Chile parece un oasis porque nosotros tenemos una democracia estable, la economía está creciendo, también el empleo, estamos mejorando los salarios y tenemos un equilibrio macroeconómico… ¿Es fácil? No lo es. Pero vale la pena luchar por ello», decía Piñera en una entrevista con el FT.

Mucho más ponderado, el jefe de la Defensa Nacional, Javier Iturriaga del Campo, ha puntualizado a las preguntas de los reporteros: «Mire, yo soy un hombre feliz y la verdad es que no estoy en guerra con nadie». Y ha añadido: «Estamos tranquilos pero en alerta».

Los estudiantes fueron los primeros en prender la mecha del descontento popular contra la subida del precio del billete de metro. El pasaje se incrementó 30 pesos, con lo que el billete llegaba a costar 830 pesos (1,02 euros). Empezaron a colarse de forma masiva en el metro.

Así hasta que el viernes a los estudiantes se unieron otros colectivos, algunos de ellos violentos. Miles de personas salieron a protestar en contra del coste de la vida, simbolizado en ese billete de metro. Algunos quemaron estaciones de metro, saquearon supermercados y atacaron instituciones públicas. Otros se manifestaron pacíficamente, hartos de su precariedad. «No son 30 pesos, son 30 años», claman en las protestas.

El caos se ha apoderado de Santiago de Chile, la capital, y se ha extendido por otra decena de regiones el sábado. El gobierno ha decretado el estado de emergencia y ha desplegado al Ejército, unos 10.000 efectivos, que ha impuesto el toque de queda. A su vez, en la noche del sábado Sebastian Piñera retiraba la subida del precio del billete de metro y clamaba: «He escuchado con humildad la voz de la gente».

Este martes se ha abierto una rendija a la esperanza, ya que los partidos que formaban parte de la llamada Concertación se van a reunir con el presidente, Sebastián Piñera, con el objetivo de poner en marcha un plan para superar la crisis. Piñera se ha mostrado dispuesto a rebajar el precio del billete de metro, así como a subir las pensiones, controlar el precio de los medicamentos y disminuir los altos sueldos de la administración pública, según informa La Tercera.

En su editorial del fin de semana, el diario La Tercera señala: «El 19 de octubre será una fecha que quedará en nuestra historia como uno de los días más difíciles de nuestra democracia post 90, que incluso llevó a decretar por parte del presidente de la República el estado de emergencia constitucional… Toda la sociedad debe entrar en un profundo análisis de reflexión sobre las causas del fenómeno y el porqué se ha llegado hasta ese punto, en el que el diálogo está siendo sustituido por la agresión y la protesta furibunda. La compleja situación en que se vive es la consecuencia más evidente de la desconexión que existe entre la clase política y las reales preocupaciones de la población».

La acumulación de casos de corrupción ha airado a la población, muy castigada por el elevado coste de la vida. A ello se suma que se ha perdido el vínculo de los partidos con la sociedad», dice Nicolás Miranda

Coincide el chileno Nicolás Miranda, doctorando en la Estado de Derecho y Gobernanza Global y Máster en Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, en cómo hay dos factores que explican este estallido social. «Había síntomas del desgaste, si bien la protesta en la dimensión que hemos visto ha sorprendido a la mayoría. Había movilizaciones sectoriales. Pero la acumulación de casos de corrupción ha airado a la población, muy castigada por elevado coste de la vida. A ello se suma que se ha perdido el vínculo de los partidos con la sociedad».

En ese contexto, cuando Piñera señala que están «en guerra contra un enemigo muy poderoso» está ocultando la realidad, o se engaña a sí mismo. «Hay una sensación de hartazgo que ha llevado a la población a estallar. Es un movimiento espontáneo, sin líderes. Expresan un malestar y por eso es más difícil de controlar. El malestar no lo está capitalizando nadie», añade Miranda.

Desigualdad y desconexión con la sociedad

Muchos expertos y politólogos creen que esta subida del precio del billete de metro es apenas la punta del iceberg, pero muy simbólica de la precarización de una clase media que cada vez es más clase humilde. Según el informe Panorama Social de América Latina, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el 50% de los hogares de menores ingresos solo accede al 2,1% de la riqueza neta del país. El 1% más afortunado controla el 26,5% de la riqueza.

El sueldo mínimo en Chile es de 301.000 pesos al mes (371,33 euros). La mitad de los trabajadores chilenos gana 400.000 pesos al mes (493,5 euros), según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile. De acuerdo con la Universidad Diego Portales, de 56 países analizados, Chile era el noveno país más caro.

El gobierno chileno no ha calibrado el efecto de una medida como la subida del precio del billete de metro. No se ha explicado de manera convincente. Hay falta de empatía en toda la clase política.

Las autoridades han abordado el problema de desorden público y han retirado la medida, pero de momento falta que escuchen de verdad el mensaje de los manifestantes pacíficos, de esa clase media que se siente precarizada.

Ni el costo del transporte, ni la inflación, ni el desempleo son peores que hace dos o tres años. Lo que ha desaparecido es el horizonte», afirma Daniel Matamala, de ‘La Tercera’

En La Tercera, Daniel Matamala ha escrito: «Fue una protesta lenta, que subió de intensidad gradualmente, con muchos momentos para reaccionar. Pero no hubo más que dos respuestas: la tecnocracia y la represión. El panel de expertos define la tarifa, las Fuerzas Especiales la hacen cumplir… mientras la política permanece ciega, sorda y muda».

Este lunes no han abierto muchos bancos, tampoco lo han hecho numerosos supermercados, y los centros educativos han estado cerrados. La mayoría de los ciudadanos de Santiago de Chile han tenido dificultades para acceder al trabajo. Hay un llamamiento en muchos medios chilenos a que se pacte una nueva agenda política y legislativa que incluya a todos los poderes del Estado, y a todas las fuerzas políticas representadas en el Parlamento.

Y añade Matamala en una columna titulada La ciudad de la furia: ¿Por qué ocurrió hoy? Ni el costo del transporte, ni la inflación, ni el desempleo, ni los sueldos reales son peores que hace dos o tres años. Lo que ha desaparecido es el horizonte. Si Bachelet 1 y Piñera 1 fueron símbolos de cambio (la igualdad de géneros, la alternancia en el poder), Bachelet 2 y Piñera 2 agotaron el stock de esperanzas».

En los próximos meses Chile albergará la Conferencia sobre el Cambio Climático, la cumbre de la APEC y Santiago de Chile será sede de la final de la Copa Libertadores de América. La imagen del país, como ha subrayado The Economist, está en riesgo, con lo que supone para atraer inversiones, y estas citas son retos que ha de afrontar en breve.

En la entrevista del Financial Times, el presidente Piñera asegura: «Haremos todo lo posible para no caer en el populismo». Es hora de reflexionar sobre cómo reducir la desigualdad y hacer que recuperen la esperanza los chilenos.