Los partidos políticos pasan olímpicamente de la alta velocidad, la que fuera hasta hace nada promesa ineludible de todo aquel procedente de provincias que optara a escaño en el Congreso de los Diputados. En los últimos cuatro años el segundo país del mundo con más kilómetros (3.000 km), solo superado por la imbatible China, apenas ha realizado dos puestas en servicio, como se dice en la jerga ferroviaria cuando se inaugura una línea: el AVE Madrid-Castellón en enero de 2018, que sufrió una avería el día del estreno con Mariano Rajoy a bordo, y el AVE Madrid-Granada en julio de este año.

La primera línea a Castellón no ha parado de tener problemas: el último incidente, un fallo que afectó a la ministra de Justicia Dolores Delgado el pasado 1 de noviembre, en pleno Puente de Todos los Santos. Si el AVE Madrid-Valencia se cubre en aproximadamente una hora y 45 minutos, el tramo entre la capital valenciana y Castellón tarda otros 50 minutos aproximadamente. Más que el antiguo Euromed y prácticamente lo mismo que los trenes Regionales o de Cercanías (estos últimos sufren actualmente una sangría de pasajeros en la Comunidad Valenciana).

De Valencia a Castellón el AVE tarda 50 minutos; de Madrid a Granada llega a ir a 30 km/h

La conexión con Granada también fue singular: mientras que la distancia entre Madrid y Málaga llega a completarse a partir de dos horas y 25 minutos (sin prácticamente paradas), a Granada se tardan unas tres horas y 20 minutos. La razón son las interminables obras de la Variante de Loja, que iba a estar abierta en 2015, y ahí sigue sin terminar, obligando a los trenes AVE a circular a 30 kilómetros por hora, una velocidad mínima; el pasado 1 de octubre Adif adjudicó el primer tramo tras varios años perdidos en modificados y concursos de acreedores de las antiguas adjudicatarias.

El PSOE ni menciona la palabra «alta velocidad» en su programa económico. Aunque sí se refiere a ella a través de los «corredores». «Fomentaremos una política de infraestructuras mallar y no radial, dirigida a promover la conexión interterritorial», reza el programa socialista, que apunta a que la red no debería de gravitar solamente en torno a Madrid. El PSOE promete aumentar «la inversión en cercanías ferroviarias» y culminar «los corredores mediterráneo y atlántico, incluida la prevista conexión cantábrico-mediterráneo». Por lo demás, un «plan de inversiones en infraestructuras ferroviarias» y un impulso «a los servicios existentes de corta y media distancia», en un claro guiño a los Cercanías y a zonas mal comunicadas como Extremadura.

En el programa económico de Vox ni siquiera aparecen las palabras «transporte» o «infraestructrura»

Solo una mención en el programa del PP, que viene a decir prácticamente lo mismo que el del PSOE. «Mantendremos el impulso a la Red de Alta Velocidad y de altas prestaciones, finalizando todos los tramos y ejes ferroviarios en construcción: los corredores Mediterráneo, Noroeste, Norte, de Extremadura y Atlántico/ Mediterráneo. Pondremos en marcha los corredores a Granada y Murcia y abriremos el de Galicia, la Y Vasca y el de Extremadura».

Unidas Podemos es el partido que más veces menciona el tren sobre el papel. Pero no se reivindica el modelo de alta velocidad. «Hacer del tren el sistema prioritario en la vertebración del territorio, con inversiones estratégicas para extender un sistema de transporte público a precio asequible y de bajas emisiones, que no deje fuera a ninguna parte del país». Los morados quieren frenar el cierre de líneas: el programa reclama «suspender el levantamiento de vías en la España vaciada, y poner en marcha planes y medidas para recuperarlas y actualizarlas».

«Flexibilizar los bonos»

En otro punto, UP habla de «incrementar las frecuencias y líneas en los servicios de corta y media distancia», y en un tercero finalmente sí se hace una mención indirecta al AVE al proponer Podemos aprovechar las «nuevas y mejores líneas» [de AVE] para alcanzar un verdadero efecto de red a través del impulso de los ejes transversales ferroviarios».

UP es el partido que más menciona el tren convencional y propone frenar el cierre de líneas

Ciudadanos, al igual que los tres anteriores, se compromete a completar los «corredores de transporte estratégico». Los de Albert Rivera plantean asimismo un abaratamiento general de la alta velocidad. «Flexibilizaremos los bonos de AVE y Avant para aliviar el bolsillo de quienes se desplazan a menudo y adecuaremos las frecuencias para atraer nuevos viajeros. Se lo pondremos más fácil a quienes viven en pequeñas y medianas ciudades para que puedan seguir residiendo en ellas».

Por último, Vox no es que no mencione el AVE: es que en su programa económico ni menciona las palabras «transporte» o «infraestructuras».

Hoy por hoy, Galicia, Murcia o Burgos -próximos destinos del AVE- saben que no están en la lista de prioridades de Fomento: no antes que la inversión en los maltrechos Cercanías o en los trenes de Media Distancia, como los que viajan a Extremadura. En los Presupuestos Generales del Estado que Pedro Sánchez trató de aprobar a comienzos de 2019 contemplaban por primera vez en lo que va de siglo XXI igualar las partidas destinadas al tren convencional y a la alta velocidad: hasta ahora el grueso del dinero iba para el tren rápido. El único que defiende con vehemencia la llegada del AVE a su tierra es el presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla.