«Gilipollas», «nazis» y «psicópatas». Es lo que Maialen, concursante navarra de Operación Triunfo 2020, llamó a finales de enero a los aficionados a la tauromaquia durante una charla informal con sus compañeros, encontrando entonces reacciones dispares. Ángel Nodal, defensor del espectador de RTVE, enfriaba así las declaraciones de la concursante ante las quejas y peticiones de enmienda pública de cientos de seguidores taurinos en el espacio RTVE Responde: «La libertad de expresión no ampara en ninguna circunstancia el uso de este tipo de expresiones insultantes, insinuaciones insidiosas, injuriosas o vejatorias». Pero lo más importante llegó al final de su alocución: «Confío en que de ahora en adelante se tenga en cuenta esta premisa».

Toñi Prieto, directora de Programas de Entretenimiento de TVE, dio su visión sobre la ofensa, restándole, eso sí, gravedad al ubicarla en un espacio aparentemente marginal: «Son opiniones personales que no compartimos, realizadas en el canal de YouTube en directo, de forma espontánea. TVE está obligada a defender la pluralidad y la libertad de expresión». Y la tauromaquia, conviene no olvidar, está protegida como Bien de Interés Cultural por la Ley 18/2013 que cataloga la misma como patrimonio cultural. Esta Ley recoge en su texto que el arte declarado incluye la crianza y selección de los animales y el arte de lidiar, y «no impide el posible rechazo o indiferencia de un sector de la sociedad respecto de las corridas de toros, sin menoscabo de la salvaguarda que incumbe a todos los poderes públicos en el ámbito de sus competencias». Esto es: otorga pero también pide respeto.

Pero por todos los agraviados sí ha acabado intercediendo, y de qué forma, Estrella Morente, intensificando en último término la polvareda mediática –fundamentalmente en redes-, aunque sin comparación alguna con la agresión primera de Maialen. La artista, invitada a la Gala 6 del programa, aprovechó antes de su actuación para recordar unos versos de José Bergamín, en defensa pura de la tauromaquia y sus aficionados: “Ni el torero mata al toro ni el toro mata al torero / los dos se juegan su vida a un mismo azaroso juego”. Bergamín, autor de la Generación del 27 que llegó a escribir “con los comunistas hasta la muerte… pero ni un paso más” y que presidió durante la Guerra Civil la Alianza de Intelectuales Antifascistas de la que fueron miembros Miguel Hernández, María Zambrano o Rafael Alberti, entre otros.

Hoy en día puedes decir cualquier cosa, pero luego te puedes encontrar la parte que opina distinto

Una voz autorizada de la tauromaquia española es la ANOET, la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos que representa casi el 100% de las plazas de 1ª categoría, el 90% de 2ª (capitales de provincia) y más de 100 entre 3ª y 4ª. Su secretaria general técnica, Mar Gutiérrez, reconoce a El Independiente no haber visto OT y haberse enterado de la polémica enteramente por redes y medios. Aunque valora “muy bien” la respuesta institucional de RTVE, lamenta que la libertad de expresión “parezca unidireccional” y sí reivindica que les gustaría «que fuera bidireccional». Así, recuerda a la participante del programa: “Hoy en día puedes decir cualquier cosa y te quedas a gusto, pero luego te puedes encontrar la parte que opina distinto”.

Gasto y recaudación

En su momento, las declaraciones de Maialen interpretando a su manera lo que costaban los toros y lo que dan a cambio obtuvieron réplica en el periodista Chapu Apaolaza, quien contrastó las cifras que la joven utilizó para intentar reforzar su afrenta: “Si comparas el dinero que genera con el que nos cuesta sale fatal”. Apaolaza recordó que sólo en 2018 los ingresos por el pago de IVA de los diferentes festejos taurinos habían dejado 118 millones de euros en las arcas del erario público, cifra que supera los 104 millones recaudados por el cine español ese mismo año y aún por encima de los 94 del pasado ejercicio, destacado además por ser el primero desde 2013 en el que la taquilla bajaba de los nueve dígitos.

Mar Gutiérrez, por su parte, comparte con El Independiente el informe económico presentado en el último Congreso Internacional de Tauromaquia (2018), que estima en 2.184 millones de euros el gasto directo en festejos taurinos, una cifra no menos importante que los 4.150 de impacto en la economía y que representan el 0,36% del PIB. La ANOET recuerda que la tauromaquia repercute sobre un total de 103 actividades económicas -como avanza la Ley 18/2013-, y cifra en 19.882 festejos los celebrados en el año del que data dicho informe. No es, por tanto, un asunto menor que pueda reducirse únicamente a lo que cuesta y lo que genera, aunque por ese lado las cifras no son fácilmente cuestionables.

Además, y como curiosidad, en los últimos Presupuestos Generales del Estado la partida reservada a la tauromaquia se detuvo en 65.000 euros (30.000 al Premio Nacional de Tauromaquia y 35.000 a la Fundación Toro de Lidia), aproximadamente un 0,065% de lo destinado a cine, teatro, danza y música. También es una cantidad por debajo de los 90.000 euros a los Premios Nacionales de Artes Plásticas, Fotografía y Diseño de Moda o los 100.000 al Premio Velázquez a las Artes Plásticas.

Aunque es evidente que Maialen (25 años) hablaba de oídas, una sencilla medición entre las muchas artes subvencionadas con dinero público aprobadas en los Presupuestos Generales deja sin valor esta apreciación. Pero, ¿qué hay del valor que RTVE y los representantes electos otorgan a momentos como este, en el que una parte se sobrepasa con otra en la defensa de sus intereses?

Un tema político delicado

Del actual gobierno, la responsable de Transición Ecológica, Teresa Ribera, es de la que se recuerda una apreciación personal más sonora sobre la tauromaquia. Fue a finales de 2018, cuando aseguró no entender “que haya gente que disfrute de ver morir o sufrir animales”, además de manifestar que eso estuviera cambiando “rápidamente” y que esos intereses y valores sociales cambiaran “a ese ritmo” –contra lo dispuesto en la Ley 18/2013 arriba mencionada-. Hoy Teresa Ribera es vicepresidenta cuarta del Gobierno de Pedro Sánchez. Alberto Garzón, actual ministro de Consumo, dijo en 2016 que quien no estuviera “contra el maltrato animal” se situaba “fuera de la política de IU y queda desautorizado políticamente”, y de hecho a finales de 2019 compartió un vídeo de una corrida con el mensaje irónico “el toro no sufre” posteriormente viralizado.

Aquella intervención de Garzón coincidió con el mensaje de Laura Duarte, presidenta de PACMA, a Pablo Iglesias tras las elecciones generales del 10-N: “Imagino que la promesa de Ahora Podemos de hacer un referéndum para prohibir la tauromaquia no era sólo una treta para dárselas de animalista y que ha sido una exigencia que Pablo ha puesto a Pedro, ¿no?”.

Sin embargo, tras el revuelo causado por la declamación de Estrella Morente en OT 2020 no han sido demasiados los políticos que se han pronunciado en ningún sentido, dejando solo a Juan Carlos Girauta, diputado de Ciudadanos entre 2016 y 2019 y ahora retirado de la vida política y su “¿Habéis visto lo de Estrella Morente? Pues tomad ejemplo. Haced lo que debáis en el lugar y momento más efectivos, poneos el mundo por montera e ignorad el escándalo”.

Victorino Martín, presidente de la Fundación Toro de Lidia, sí ha reclamado en un artículo en El Mundo ese respeto que según Mar Gutiérrez parece tener una única dirección: «Estrella Morente decide improvisar unos versos taurinos en su intervención en directo en el programa Operación Triunfo y el Séptimo de Puritanía sale en tromba a rasgarse las vestiduras en la plaza pública de las redes por semejante desfachatez». No sin retranca, enfatiza: «Insultar a una parte de la población que tiene gustos culturales diferentes a los tuyos está bien para nuestros censores patrios: cantar unos versos dedicados a los toros por un poeta es sin embargo un intolerable traspaso de la decencia y la libertad de expresión», y finaliza su columna, en la que llama «irredentos calvinos» a los agitadores de la intervención de Estrella Morente, con más poesía: «Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar».