Política

'Empresarios de buzo', la fórmula para conservar su empleo

El Gobierno se compromete a impulsar la transformación de sociedades mercantiles en cooperativas como mecanismo para salvaguardar el empleo. En España operan ya casi 20.000 cooperativas, muchas de ellas impulsadas tras la crisis de 2008.

Trabajadores en una fábrica.

Trabajadores en una fábrica. EFE

En tiempos de crisis no descarte comprar su empresa o al menos la mayor parte de ella. Si su empleo corre riesgo de desaparecer, arrastrado por su maltrecha situación en tiempos de virus, planteé a su jefe adquirir la sociedad. En la operación no descuide buscar aliados entre sus compañeros de cadena de montaje, de oficina o de mostrador. Para salvar sus empleos asegúrense antes de que la supervivencia es viable y de que podrán pagar la operación. Transformar su empresa mercantil en cooperativa fue la tabla de salvación de otros miles de trabajadores que atravesaron por una situación similar en la crisis de 2008.

El Gobierno ya ha trasladado al sector cooperativo que quiere promover y apoyar su modelo como una fórmula para salvaguardar empleos y empresas. Transformarse en cooperativa no supone abandonar el buzo de trabajo ni la condición de empleado, se trata únicamente de compaginarla con la de socio propietario de la empresa. La ‘reconversión’ societaria puede salvar a pequeños negocios, a Pymes o a empresas de mayor tamaño que estos días se preguntan qué va a ser de ellos cuando el Estado de Alarma se levante.

Desde que España fue invadida por la pandemia, el impacto en la economía se escribe en cifras desconocidas. Al hundimiento del PIB del 9,2% y de un 19% de desempleo anunciado ayer por el Gobierno se suma los cerca de 3,5 millones de trabajadores que están inmersos en un ERTE. Y lo que es peor, sin tener garantías de que conservarán el puesto de trabajo cuando se complete el retorno a la normalidad. El Ejecutivo había puesto una cláusula a las empresas en forma de obligación de mantener el empleo al menos seis meses. No cumplirlo supondría tener que devolver las cotizaciones asumidas ahora por el SEPE. Con una ‘desescalada’ con actividad económica a entre el 30% y 50%, la exigencia se antoja imposible de cumplir para muchos empresarios y empresarias.

Por ello, quizá sea el momento de los trabajadores, de asumir ellos el control de manera conjunta o en colaboración con los propietarios de su empresa. El primer paso para planteárselo pasa por saber detectar la viabilidad de la empresa o de una parte de ella. A ello se deberá acompañar un compromiso sólido para aportar el capital necesario -o capitalizar el paro al que tengan derecho- para convertirse en socios propietarios.

Servicios, industria y agrícola

En este proceso de toma del control por parte de los trabajadores para evitar un cierre o una pérdida de puestos de empleo; él o los propietarios actuales no tienen necesariamente que desaparecer. Podrán optar por ceder, vender, a sus trabajadores la totalidad de la sociedad o sólo parte de ella -la mayoría- para convivir entre ellos como un propietario más.

En España existen cerca de 20.000 cooperativas. Según los datos de la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES), a finales de 2018 algo más de 322.000 trabajadores estaban empleados en una cooperativa en condición de socios. En seis de cada diez casos se trata de trabajadores empleados en cooperativas del sector servicios, un 21% lo hacían en alguna sociedad industrial, el 10% en el sector agrícola y el 3% restante en la construcción.

Cataluña, Andalucía y Valencia lideran las CCAA con más cooperativas. Euskadi, la de más trabajadores.

Históricamente ha sido el País Vasco donde mayor implantación ha tenido la conformación de sociedades cooperativas, en las que los propios trabajadores se responsabilizan no sólo de aportar el capital sino de la gestión de la sociedad. Es sin embargo en Cataluña donde más cooperativas funcionan, cerca de 4.000 a finales de 2018. Tras ella figuran Andalucía (3.777), Comunidad Valenciana (2.425) y Euskadi (1.629). Es en el País Vasco donde el mayor peso industrial y el papel de corporaciones como Mondragón le hacen convertirse en la Comunidad Autónoma con mayor ratio de empleo cooperativo de España.

“En el pasado ya vivimos momentos similares de recesión y crisis en los que la salida para muchos fue la transformación de algunas empresas en sociedades de economía social, fundamentalmente en cooperativas. Otra opción son las sociedades laborales, donde caben fórmulas de participación mixtas, con los trabajadores con una mayoría de participación pero no completa y dar cabida a otros socios”, asegura Alfonso Etxanobe, asesor de la Consultoría LKS Next, especializada en Economía Social.

Procesos de negociación

Etxanobe afirma que en una situación de inestabilidad financiera y económica como la que ahora atravesamos los intereses de una empresa pueden variar de modo importante. Lo que en un primer momento pudo ser primar la rentabilidad, aportar valor a sus accionistas, a los clientes o incluso impulsar una imagen determinada, quizá quede ahora relegado por la necesidad de salvaguardar los empleos: “Es ahí donde irrumpe otro grupo de interés que es el de los empleados preocupados por proteger sus puestos de trabajo. A partir de ahí se puede comenzar a plantear la transformación de la sociedad mercantil a cooperativa”.

El cambio de mentalidad de pasar de ser sólo trabajador a ser también propietario suele costar»

El camino no es sencillo y requiere superar distintas fases. Etxanobe subraya que sin duda lo primero es evaluar la viabilidad de la empresa o de una parte de ella. Sin duda, será imprescindible alcanzar algún tipo de acuerdo entre los trabajadores para comprometerse como futuros socios. Posteriormente, se tendrá que negociar la cesión de la propiedad o de parte de ella. “Eso conllevará un proceso de negociación. Suele ser más complicado en empresas de mayor tamaño, de 200 o 300 trabajadores, que en pequeñas sociedades de cinco o seis empleados”.

Etxanobe destaca que se requerirá resolver un doble proceso de negociación, “uno intragrupo, entre los empleados, y otro de estos con el propietario. Es ahí donde entran los intereses personales de unos y otros, eso requiere sacrificios y renuncias”.

Dar el paso supondrá aportar capital, pagar por ser socio, propietario de una parte de la empresa en la que hasta ahora sólo se tenía la condición de empleado. “Para los trabajadores eso a menudo resulta difícil de entender, pasar de la noche a la mañana de ser un empleado a ser propietario. Ese camino requiere un acompañamiento para hacerles entender que aportar capital no supone perder dinero sino adquirir una propiedad. Es un cambio de mentalidad, de cultura, que lleva un proceso”. La responsabilidad solidaria de los socios, tanto en las pérdidas como en los beneficios y la reinversión siempre en beneficio de la cooperativa son parte de la cultura de este modelo que prima la persona frente al capital.

Es en este punto donde suelen irrumpir los liderazgos entre los trabajadores y los miedos e inseguridades. Entre los primeros figuran quienes se pondrán a la cabeza del proyecto y entre los segundo quienes lo abandonarán. “Es frecuente que exista un grupo tractor, más motivado y que lidere el proceso. Saber identificarlo es importante y más aún que sepan trasladarlo al resto”, asegura Etxanobe.

Más estables e inclusivos

En la mayoría de los casos, cerca del 80%, cuando ambas partes están dispuesto a acordar se logra completar la transformación. Las cooperativas se han demostrado como fórmulas con mayores ventajas que las sociedades mercantiles. En la mayoría de los casos cuentan con un empleo más estable, indefinido en el 75% de los casos, más inclusivo para trabajadores de más edad y las mujeres y que funciona con una menor brecha salarial entre los trabajadores, los empleados más cualificados y la gerencia de la cooperativa. Además, demuestran un mayor arraigo social con su entorno en el que están enraizadas.

El presidente del CEPES, Juan Antonio Pedreño, subrayó ayer, con motivo del 1 de mayo, que es precisamente ese “valor añadido” que aporta sobre el tipo de empleo, lo que convierte al cooperativismo en una fórmula a promover en el contexto actual. “Se debe avanzar hacia otro modelo productivo donde la preocupación por la persona prevalezca sobre el capital”. Pedreño recuerda que España ya fue el país que en mayor medida lideró estos procesos de transformación durante la crisis de 2008 y que debería poder volver a hacerlo ahora. Actualmente las cooperativas representan en la economía española el 10% del PIB.

“El cooperativismo es muy diverso. Algunas son muy competitivas, con niveles de gestión elevados, en otras no está tan arraigada la actividad de mercado y prima más la parte social”, asegura Etxanobe. No esconde que la crisis de Fagor supuso un revés inesperado pero del que se extrajeron lecciones y se demostró que el modelo cooperativo fue capaz de activarse para reubicar a sus socios en otras sociedades, adaptarse y hacer frente a la situación.

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