No se lo había contado. En varias ocasiones lo intentó y recibió la misma respuesta, demasiado caro, demasiado gasto. Pero Francisco Álvarez Cascos no le hizo caso. Aquel blindaje moderado con el que cada día se desplazaba el jefe de la oposición no era el adecuado para el nivel de riesgo que ya soportaba el PP. En la España de mediados de los 90 ETA había elevado una vez más la amenaza y la clase política estaba en su objetivo. José María Aznar era para entonces algo más que una posibilidad factible de presidente de Gobierno y eso requería reforzar la seguridad.

En Alemania una empresa especializada hizo el resto. Aquel Audi 200 V8 contaría con hasta cinco niveles de blindaje, además de 1.000 kilos más de peso y una potencia de hasta 280 caballos. La víspera Aznar había estado visitando al Papa en Roma. Hay quien ve en ello el milagro divino en su salvación, pero la mayoría no duda en que fue la decisión de su secretario general la que en realidad le salvó la vida: los 40 kilos de explosivo que la mañana del 19 de abril de 1995 explotaron al paso de su coche oficial no pudieron con el recién estrenado blindaje.

Cuando los miembros del ‘comando Madrid’ activaron el dispositivo a distancia, recurriendo a un cable de más de 200 metros de distancia que habían desplegado y recogido hasta en ocho ocasiones días atrás -a la espera de que pasara el vehículo de Aznar-, la onda expansiva destrozó muchos de los vehículos estacionados en ese tramo de la calle José Silva procedente de Arturo Soria, donde vivía el líder del PP. Los muros de una vivienda cercana no soportaron la deflagración y se vinieron abajo, hiriendo a Margarita González Mansilla, de 73 años. Fallecería tres meses más tarde. El resto de los 15 heridos lograron recuperarse.

El vehículo en el que viajaban Aznar, un escolta y su conductor, quedó destrozado. La parte delantera hecha añicos, los cristales rotos, las puertas bloqueadas y los capós levantados, pero con todos sus ocupantes sin apenas heridas. Aznar salió por su propio pie por una de las puertas delanteras. Además del susto, un pequeño rasguño en la mejilla fue su única herida.

200 vehículos singulares

Han pasado 25 años desde aquella mañana en la que ETA intentó acabar con la vida de quien ya se vislumbraba como relevo de Felipe González en La Moncloa. Aznar ha dejado la política activa y González no es más que una suerte de ‘jarrón chino’ que incomoda al PSOE de Pedro Sánchez. Cinco lustros en los que el vehículo que le salvó la vida ha descansado olvidado en una empresa de desguaces. Su futuro estaba llamado a ser mera chatarra, pero el empresario Luis Miguel Rodríguez vio que aquel automóvil era una parte de la historia y debía ser conservado.

Su plan inicial era destinarlo al museo de automóviles que había planeado. En él habría todo tipo de coches, carruajes y vehículos históricos. Desde el automóvil militar que Franco empleó durante la Guerra Civil en algunos de sus desplazamientos, hasta el Audi 200 que salvó la vida a Aznar. Pero en la ruta de los deseos del chatarrero se cruzaron los problemas empresariales, las deudas económicas y las reclamaciones millonarias de Hacienda. La chatarrería de su propiedad, Desguaces La Torre, en Madrid, acumula tantas deudas que Rodríguez ha decidido desprenderse de buena parte de su colección, más de 200 automóviles.

Sin duda entre todos ellos el que más interés y curiosidad ha suscitado es el coche que un día blindó en secreto Álvarez Cascos. La subasta en la que a partir de julio comenzará a poner a disposición del mejor postor los automóviles ha fijado el precio de salida para el destrozado automóvil en los 60.000 euros. El impacto de la bomba oculta en el Fiat Tipo estacionado en la calle José Silva es evidente. También que los terroristas fallaron a la hora de accionar el dispositivo, se precipitaron haciendo que la explosión incidiera en la parte delantera del vehículo.

Los interesados en su compra podrán acudir a visitarlo. La subasta del lote de automóviles “históricos” entre los que está catalogado –además están las categorías de vehículos industriales, de alta gama, tractores clásicos- se llevarán a cabo entre los días 9 y 14 de julio. “Por ahora hemos tenido varias consultas interesándose. Es un vehículo único, por su blindaje, por su historia, no hay otro igual”, asegura José María Méndez, responsables de la casa de subastas IAG Auction.

«Jefe, nos han cazado»

Las imágenes que la empresa de subastas ha adjuntado dan fe del duro impacto que provocó la explosión y de la fortaleza que demostró el automóvil tras haber reforzado su blindaje. Algunas de las lunas aguantaron. Los airbags y las puertas están, 25 años después, como lo estaban instantes más tarde de la explosión.

Aznar, que viajaba en la parte trasera del vehículo, recordaría poco después que el impacto hizo que ‘volara’ del lado derecho al izquierdo del vehículo y quedara boca abajo. Su empeño por salir por la puerta fue imposible y debió abandonar el automóvil por su parte delantera. “Me toqué las piernas, los brazos y vi que estaba entero”, recordó, “uno de los escoltas me dijo, jefe, nos han cazado”. Aznar llamó a su mujer, Ana Botella, y después a la sede del PP para trasladarles tranquilidad y que se encontraba en buen estado y anular las citas de esa mañana. En la cercana Clínica Rúber recibió los primeros cuidados.

Aquella mañana, a la 08.00 horas, Aznar acababa de volver a nacer y había blindado su carrera hacia la presidencia del Gobierno. Y todo, gracias a Álvarez Cascos y la eficacia alemana convertida hoy en chatarra histórica puesta a subasta 25 años más tarde.