La campaña de la vendimia ya ha comenzado en las dos comunidades españolas vitivinícolas por excelencia, Castilla-La Mancha y La Rioja, donde se emplea al mayor porcentaje de trabajadores todos los años.

De momento se recogen las variedades de uva (Chardonnay o Moscatel, entre otras) que se encuentran en espaldera y por tanto el proceso está mecanizado en un 90%, por lo que aún no se ha requerido del grueso de la mano de obra para la campaña. Pero en las próximas semanas llegará el momento de cortar otras variedades como el Tempranillo o el Airén, y la vendimia se generalizará.

Tanto empleadores como jornaleros desean que llegue ese momento que es vital para sus bolsillos, pero a la vez están preocupados por el aumento de brotes de coronavirus en las poblaciones donde se encuentran las explotaciones y el necesario movimiento de trabajadores entre regiones para cubrir los puestos de la campaña.

Cada comunidad autónoma ha establecido unas medidas. En Murcia, por ejemplo, se vuelve a exigir que sólo dos trabajadores ocupen un vehículo en los traslados de un terreno a otro; en Castilla-La Mancha los empleadores dispondrán de manera diaria de un listado de todos los trabajadores con su teléfono de contacto y las personas con las que conviven para facilitar el rastreo en caso de darse un positivo por coronavirus.

PCR y ayudas para alojamiento

Sin lugar a dudas será una de las vendimias más atípicas, con el necesario uso de mascarillas a pesar de las altas temperaturas y de geles desinfectantes. Los jornaleros ya utilizaban guantes para su trabajo de manera generalizada. Ahora también tendrán que estar muy pendientes, como explican agricultores consultados a El Independiente, de no compartir sus útiles de trabajo: las tijeras o cuchillos que marcarán con su nombre ni botellas de agua, botijos, tarteras o cubiertos durante la comida.

El problema de los contagios no existe tanto en la viña, sino en los alojamientos y los contactos que tengan en su tiempo de ocio

Para Joaquín Vizcaíno, responsable del sector vitivinícola de la asociación agraria COAG, «el problema de los posibles contagios no existe tanto en la viña, donde los trabajadores mantienen una distancia de más de un metro y medio y cada uno lleva sus útiles de corte y su propio cubo de recogida, sino más bien en los alojamientos donde se encuentran y los contactos que tengan en su tiempo de ocio».

Un contingente importante de trabajadores para la campaña se cubrirá con los habitantes de las zonas donde se desarrolle la vendimia, más aún este año que el trabajo escasea en otros sectores. Pero también hay un porcentaje de jornaleros que se desplazará desde otras regiones donde los meses anteriores han recogido otro tipo de cultivos, como melón o ajo. Zonas donde ha habido brotes de coronavirus, como en Aragón y pueblos de la provincia de Lérida.

La Rioja anunció a finales de julio que pagará pruebas PCR a todos los jornaleros que lleguen a la región, incluidos los que no tengan contrato. En Castilla-La Mancha entienden «que la salud laboral es una responsabilidad de los empresarios en cualquier ámbito». «No podemos hacer distinciones y sufragar estas pruebas solo para un sector, porque otros, como la hostelería, también están en una situación complicada. Además, hay que garantizar la igualdad ante las oportunidades laborales, por lo que no se pueden hacer pruebas preventivas, ya que se podría estar discriminando a los trabajadores en el acceso a los puestos ofertados», explican fuentes de la Consejería de Agricultura a este diario.

Castilla-La Mancha dará una ayuda de hasta 450 euros al mes para gastos de desplazamiento y alojamiento a los temporeros desempleados hasta ahora

Allí han optado por otras medidas, como una ayuda económica de hasta 450 euros al mes para apoyar gastos de desplazamiento y alojamiento de los temporeros hasta ahora desempleados o la publicación de una orden de medidas de prevención acordada entre las consejerías de Agricultura y Sanidad y dirigida a empresas y asalariados. En ésta se insta a los primeros a elaborar planes de contingencia para asegurar la prevención y control de la transmisión del virus en todos los procesos de recogida, transporte y almacenamiento de la uva. Las medidas recomendadas se plasmarán en carteles, señalización, trípticos y demás documentación para fomentar medidas de higiene y prevención en diferentes idiomas.

La orden también recoge que las Entidades Locales deberán colaborar, entre otras medidas, «facilitando recursos habitacionales para el aislamiento de las personas contagiadas o sospechosas de haber contraído la COVID-19 cuando dicho aislamiento no pueda garantizarse en los alojamientos previstos por las empresas».

Respecto a la ayuda económica para la residencia de temporeros citada, fuentes de la Consejería castellanomanchega explican que «desde el 5 de junio hay abierta una convocatoria con cuantía inicial de 500.000 euros destinada a las personas trabajadoras por cuenta ajena del Régimen Especial Agrario, desempleadas o inscritas como demandantes no ocupados, dirigida a apoyar gastos de desplazamiento o de alojamiento para la participación en campañas agrícolas. Está abierta hasta el 30 de noviembre y establece ayudas de hasta 450 euros por mes y beneficiario».

Con esta medida se evitaría llegar a situaciones de descontrol como la de hace unas semanas en Albacete, donde surgió un brote entre los temporeros que ocuparon una nave abandonada desde hace décadas en la ciudad y se alojaron allí en condiciones insalubres.

Máxima precaución en bodegas y cooperativas

Las bodegas y cooperativas donde los agricultores entregan las toneladas de uvas recogidas al finalizar cada jornada también extreman las precauciones. Los equipos de Prevención de Riesgos Laborales han diseñado planes para evitar el contagio.

En la Cooperativa Nuestra Señora de Criptana Bodegas Símbolo de Campo de Criptana (Ciudad Real), con unos 420 socios y que este año espera recoger 32.000 toneladas del fruto, restringirán la entrada únicamente a los agricultores que vayan a descargar la uva y a los camioneros que carguen vino. Entre éstos, quienes lleguen a la bodega firmarán un documento ‘responsable’ en el que garantizan no tener síntomas ni haber estado en contacto con alguien que tenga el virus.

Manuel Arroyo, gerente y enólogo, explica que «ningún agricultor podrá bajarse del tractor, sino que serán los operarios de la bodega, con el equipo de protección adecuado, quienes se acercarán a la báscula donde estarán situados los remolques con el fruto y facilitarán la descarga». «Tampoco se podrán utilizar los baños del recinto y los trabajadores se han dividido en grupos de trabajo que no se mezclarán entre ellos y a los que se tomará la temperatura cada día al entrar al recinto. Además, habrá cubos de basura específicos donde se depositará cada día el material de prevención», añade. Unas medidas que se aplicarán de manera similar en otras bodegas de Castilla-La Mancha, donde se encuentra la mayor producción vitivinícola mundial con más de 436.000 hectáreas de vid y 90.000 explotaciones vitivinícolas repartidas por las cinco provincias.