Somos una familia. Somos una comunidad. Esta matanza no refleja lo que somos”. El alcalde de El Paso, Dee Margo, refleja así el espíritu de esta población texana, que lucha contra el estigma del racismo, que alentó la matanza perpetrada el sábado en un centro comercial por Patrick Crusius, un joven supremacista blanco. Con el macabro propósito de frenar “la invasión hispana”, mató a 22 personas, al menos siete de ellas mexicanas. De todas las edades, desde un bebé de un año a un anciano de más de 80.

En El Paso, justo en la frontera mexicana, frente a Ciudad Juárez y Chihuahua, hay menos homicidios de media al año que todos los perpetrados por este veinteañero racista admirador de Donald Trump. En 2018 hubo 23. Por ello, los ciudadanos de El Paso repiten consternados: “[El asesino] no podía ser de aquí. No somos así”.

El alcalde de El Paso, Dee Margo, ha anunciado que este miércoles el presidente Donald Trump va a visitar esta localidad fronteriza, que aún está en pleno luto por las víctimas del fin de semana. Margo ha explicado que habló con Trump el mismo sábado y se ofreció a ayudar en todo lo que pudiera.

“No es obra de una persona de El Paso. Es obra del demonio, No sabemos cómo tratar con el demonio”, ha declarado el alcalde, quien ha señalado que Trump irá a la ciudad como presidente, no como líder político como lo hizo en febrero pasado.

Sin embargo, el aspirante a la carrera demócrata, Betto O’Rourke, nacido en El Paso, ha recomendado a Trump, a quien acusa de atizar el fuego supremacista con su retórica del odio al extranjero, que no vaya a esta localidad que aún no ha curado sus heridas. Coincide con O’Rourke la congresista demócrata Veronica Escobar, quien señala que no es oportuno este viaje en pleno duelo, después de sus reiterados llamamientos xenófobos.

Una familia en el memorial improvisado en la ciudad. EFE

Justo antes de salir hacia Dayton y El Paso, el presidente Trump ha atacado a O’Rourke en Twitter a quien ha instado a “respetar a las víctimas” y a quedarse “tranquilo”. Se burla del aspirante demócrata, de nombre Beto, “curioso para ser de origen hispano”, y recuerda cómo apenas cuenta con un 1% de apoyo electoral.

También Trump se ha mofado de The New York Times, después de que este diario corrigiera su primera edición del martes, en la que titulaba: “Trump pide unidad contra el racismo”. En la segunda edición, el titular era llamativamente distinto:  “Asalto contra el odio pero nada sobre las armas”.  Trump dice que lo cambiaron por la presión de la izquierda.

Ejemplo de convivencia

El Paso es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos. “Es un ejemplo de cómo debería ser la convivencia entre dos países”, señalan sus ciudadanos, y refleja la prensa local, como The Paso Times. En esta localidad viven 840.000 personas, el 80% de origen hispano y nacidas en EEUU, o bien inmigrantes latinos.

En su editorial The Paso Times se pregunta qué podemos aprender de El Paso. La conclusión es clara: “Hemos de aprender a ser más como El Paso, como un ejemplo de paz y armonía, una paz y armonía que no puede destrozar un intruso. Hemos de encontrar soluciones para evitar estas tragedias”.

Muchos mexicanos de Ciudad Juárez o Chihuahua cruzan la frontera para hacer compras en El Paso, o para trabajar allí. El sábado los centros comerciales como el Wal-Mart que eligió el asesino estaban llenos de familias. Muchas de ellas buscaban ropa y material para el inicio del curso escolar. Por eso había también muchos niños.

Crusius estuvo conduciendo nueve horas desde Allen, donde vivía con sus abuelos para llegar a El Paso a ejecutar su siniestro plan. La Fiscalía anunció que pedirá la pena capital por terrorismo doméstico contra Crusius.

El sheriff del condado El Paso, Richard Wiles, estaba consternado, como toda la familia de El Paso. “Este hombre anglosajón ha venido hasta aquí a matar hispanos. Estoy indignado. Todo el país debe estarlo. En este momento y en este lugar, con todos los problemas a los que nos enfrentamos aún hay personas que quieren matar a quienes no tienen su mismo color de piel”.

Los paseños suelen utilizar los términos “familia” y “comunidad” para referirse a sus vecinos. Es la cultura de convivencia que prevalece en esta ciudad, que ahora ha de demostrar su fortaleza ante la adversidad. “Nosotros no estamos llenos de odio. Incluso habríamos acogido a ese joven y le habríamos amado si le había faltado cariño. Me hiere que haya quienes vengan a sembrar el odio”, explicaba a Time una vecina de El Paso.

Hay una gran conexión con las localidades mexicanas cercanas, como Ciudad Juárez y Chihuahua. Miles de mexicanos cruzan la frontera para trabajar en EEUU, y escolares mexicanos estudian en El Paso, al igual que paseños van a Juárez o Chihuahua de compras o a recibir asistencia sanitaria más asequible.

O’Rourke, aspirante demócrata, es un gran defensor del espíritu de convivencia de esta comunidad hispano-estadounidense. Está enclavada en Texas, Estados Unidos. Pero Texas es parte de EEUU desde 1845. Se rebeló contra México en 1836. Incluso llegó a ser independiente.

En El Paso se hizo famoso un sheriff sanguinario, Dallas Stoudenmire. La leyenda decía que había matado a cuatro personas en cinco segundos. A finales del XIX era la quintaesencia del Lejano Oeste y era conocida como “la capital del revólver”. A balazos impuso la ley hasta que le mataron en 1882.

Pero fue la inmigración mexicana, que llegó tras la Revolución en el país vecino, la que transformó un poblado salvaje en una ciudad que en 1920 ya albergaba a 80.000 personas. Con el descubrimiento de petróleo en los años 20 la economía despegó.

Homenaje víctimas El Paso

Una comunidad fuerte

O’Rourke, que suspendió todos sus actos de campaña en cuanto supo de la matanza el sábado, ha acusado al presidente Donald Trump de atizar el odio al inmigrante. Según O’Rourke, la gran riqueza de El Paso proviene de los inmigrantes.

Muy emocionado, tras ser informado de la matanza el sábado, O’Rourke, que habla español, se mostraba convencido de que El Paso iba a recuperarse. “Es la ciudad más fuerte del mundo con una comunidad muy sólida”, dijo el aspirante demócrata. “Somos una comunidad segura porque somos una comunidad de migrantes”, señaló. “Los migrantes vienen aquí a mejorar este país”.

El pasado 11 de febrero Trump celebró un mitin en El Paso en el que insistió sobre la necesidad del muro con México. Incluso aludió a que El Paso, que había sido una de las ciudades más inseguras del país había vencido la criminalidad gracias a una valla fronteriza, lo que no corresponde a la realidad. En ese momento, O’Rourke, que aún no había anunciado su intención de competir por la Casa Blanca, convocó una concentración de sus seguidores. Una curiosidad que resaltan los medios locales es que la campaña de Trump aún debe medio millón de dólares por la organización de ese evento.

Trump tiene previsto visitar este miércoles El Paso, a pesar de que O’Rourke y otros políticos locales le han recomendado que no lo haga. En su rueda de prensa del lunes, Trump quiso desvincularse del supremacismo blanco y del autor de la matanza de El Paso. “Hemos de condenar con una sola voz el racismo, el fanatismo y el supremacismo blanco”, dijo el presidente de EEUU.

Sin embargo, Trump lleva años atizando el odio al inmigrante, y a todo aquel que ponga en cuestión sus políticas, especialmente si su raza es difirente, como las cuatro congresistas demócratas autodenominadas el escuadrón.

Su grito de guerra en junio de 2015 tuvo como objetivo los mexicanos, a quienes describió como “delincuentes y violadores”. Este verano ha arremetido contra estas cuatro congresistas, todas estadounidenses y solo una de ellas nacida fuera del país. Pero muy críticas con sus políticas. Sus palabras del lunes no bastan si no van acompañadas de medidas eficaces contra estas matanzas y contra cualquier ideología sustentada en el odio.

Sin nombrar a Trump, el ex presidente Barack Obama, el primer afroamericano que llegó a la Casa Blanca en 2008, se refirió al peligro de que los líderes políticos alimenten el racismo. “Debemos rechazar firmemente el lenguaje que sale de la boca de cualquiera de nuestros líderes que alimenta un clima de miedo y odio o normaliza los sentimientos racistas; líderes que demonizan a quienes no se parecen a nosotros, o que sugieren que otras personas, incluyendo a los inmigrantes, amenazan nuestra forma de vida, o que se refieren a otras personas como infrahumanas, o que insinúan que Estados Unidos solo pertenece a un solo tipo de persona”. A su vez, ha instado a cambiar las leyes para endurecer sobre el uso de armas de fuego.

Trump ha contestado a los demócratas a quienes reprocha por recurrir a la “narrativa racista” con motivos electoralistas. Ha recordado en Twitter a Obama cómo durante su mandato hubo 32 tiroteos masivos y nadie los atribuyó al presidente.

En El Paso miles se han acercado estos días a donar sangre para atender a las víctimas. Fueron tantos que hubo llamamientos para que no acudieran más. Antes de la matanza también la familia de El Paso prestó asistencia a los migrantes que llegaban en busca de un mundo mejor desde México y otros países de Latinoamérica.

Recordaba este generosidad el obispo católico de El Paso, Mark Seitz, en una declaración tras la matanza: “Estas tierras de frontera han dado muestra de que la generosidad, la compasión y la dignidad humana son más fuertes que la división. La gran tragedia de nuestros días es que hemos olvidado qué significa ser humano y compasivo”.