Aplausos, como si hubiera ganado un partido decisivo. Y es lo que ha sucedido al ser absuelto en el juicio político en el Senado. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dicho que el impeachment «farsa» ha estado basado en las maquinaciones de «malvados, corruptos, filtradores y mentirosos». En conclusión: «Todo eran patrañas (putas mentiras, en versión más vulgar) o bullshit«.

Trump ha aparecido exultante en el Ala Este de la Casa Blanca y ha felicitado uno a uno «a todos los fantásticos guerreros» que le han apoyado en su lucha contra las «mentiras» de los demócratas. «No dejaremos que lo hagan nunca más», ha remarcado.

A diferencia de Bill Clinton, que reconoció sus errores tras ser absuelto, Trump ha insistido en que la llamada telefónica que hizo al presidente de Ucrania era «correcta» y por eso ha sido absuelto de forma total.

Ha arremetido contra Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, «una persona horrible». También ha descalificado a Mitt Romney, el senador por Utah que ha votado a favor de su destitución por abuso de poder.

Nunca habían recurrido a la fe (por Romney) pero, ya sabes, es un candidato fallido a la Presidencia y esas cosas pasan cuando fracasas de manera tan estrepitosa», dice Trump

Como ya hizo en la noche del miércoles, ha repudiado que recurriera a su fe para justificar su decisión. «Nunca lo han usado antes. Nunca escuché que lo hicieran… Pero ya sabes es un candidato fallido a la Presidencia, y esas cosas pasan cuando fracasas de una forma tan estrepitosa».

Ha recordado como antes que Ucrania intentaron destituirlo por Rusia. «Primero fueron por Rusia, Rusia, Rusia… Todo era pura porquería».

Pocas horas después de conocer su absolución, en el National Prayer Breakfast, el presidente Donald Trump atacó a sus rivales por «invocar la fe como justificación» para intentar destituirlo. Se refería a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y al senador por Utah, Mitt Romney, el único entre los republicanos que votó a favor de su destitución por abuso de poder.

Pelosi dijo que rezaba por el presidente en una ocasión reciente, y Romney, mormón, explicó que su fe le impedía mirar a otro lado cuando sabía que lo que había hecho el presidente estaba mal. «(Ella) dice que reza por mí, pero no creo que lo haga, en absoluto», dijo Trump en la reunión.

«Como todo el mundo sabe, mi familia, nuestro gran país, y vuestro presidente, han sido sometidos a una terrible prueba por alguna gente corrupta y deshonesta. Han hecho todo lo posible por destruirnos, y haciéndolo, han herido a nuestra nación. Saben que lo que hacen es una equivocación, pero obran por propio interés y se anteponen al beneficio de nuestro país», dijo Trump.

Alta tensión electoral

El Senado votó el miércoles en contra de la destitución de presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por los dos cargos, abuso de poder y obstrucción al Congreso. El único senador republicano que se atrevió a votar contra el presidente de su propio partido fue Mitt Romney, quien fuera candidato presidencial frente al demócrata Barack Obama en 2012.

Los demócratas ya sabían que el caso había llegado al final el pasado viernes. Fue entonces cuando la mayoría republicana se impuso para impedir que llamaran a declarar a testigos. El proceso quedaba así totalmente desvirtuado. El veredicto final, la absolución, permite a Trump despegar ya sin la sombra del Ucraniagate para alcanzar la reelección.

El clima de tensión entre republicanos y demócratas ha quedado en evidencia este miércoles ante el Congreso durante el discurso del estado de la Unión. Trump se negó a saludar a la demócrata más poderosa, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes. Y ella, más tarde, rompió el discurso de Trump ante las Cámaras como gesto de desaprobación con todo lo dicho por Trump.

Después de conocerse la absolución de Trump, Pelosi ha insistido en que el actual presidente supone una amenaza para el país. «Una vez que el Senado republicano ha traicionado la Constitución, el presidente puede mantenerse en su puesto, lo que supone una amenaza a la democracia, debido a que se cree por encima de la ley y puede corromper las elecciones que desee», ha escrito la veterana Pelosi en su cuenta de Twitter.

Trump va a cerrar esta crucial semana eufórico. Ha concluido el impeachment sin pena ni gloria. Ha sido una apuesta infructuosa de los demócrata, que se han dado de bruces contra el cuerpo pretoriano de los republicanos, ahora firme defensor de Trump. ¡Quién lo habría dicho en la campaña de 2016! Trump ha fagocitado al Partido Republicano.

A su vez, ha dado su discurso del estado de la Unión de este año electoral, que supone un arranque de su campaña. En su alocución ha presumido de los favorables datos económicos. Menos paro que nunca, más industrias, y unos tratados comerciales favorables. Menos enemigos también, como el general iraní Soleimani, muerto en los primeros días de 2020 un ataque con drones cerca del aeropuerto de Bagdad.

Además, Trump ha empezado arrasado en los caucus, mientras que los demócratas han tardado varios días en saber quién era el ganador. Han sido los caucus más caóticos que se recuerdan. Iowa ha servido para dar a conocer a Pete Buttigieg, ex alcalde de South Bend (Indiana), un candidato moderado y con apenas 38 años, que ha rivalizado por la victoria en Iowa con el veteranísimo Bernie Sanders, senador por Vermont.

Cuando apenas quedaba el 3% del recuento, el presidente del Comité Nacional Demócrata, Tom Perez, decía el jueves por la noche que convendría una nueva comprobación de todos los votos. Sería el colmo.

Trump presumió de que en Iowa había conseguido una gran victoria, y no lo decía solo por lo que habían decidido los republicanos. El desbarajuste en el recuento y la división a la hora de atribuirse la victoria juegan a favor de Trump.

El júbilo con el que celebró con su equipo la absolución da idea del tono de la campaña electoral. El impeachment, al menos a los seguidores de Trump, les ha reforzado en su fe en su líder.