Tras los debates presidenciales en EEUU, polos de atracción mediática, el gran peligro que asedia a los candidatos es que aparezca alguna noticia explosiva en la recta final que pueda alterar la carrera electoral. Pues bien, en esta campaña de las sorpresas, podría estar sucediendo.

El FBI ha hecho público en las últimas horas un anuncio potencialmente muy dañino para la candidata demócrata. Su director, James Comey, explicó que su agencia ha descubierto nuevos emails relacionados con el supuesto uso inapropiado de información clasificada por parte de Hillary Clinton cuando era secretaria de Estado, y que procederá a investigarlos.

La cuestión pareció zanjarse en julio, cuando el FBI concluyó que el uso de Clinton de un email y un servidor privado para su trabajo suponía un comportamiento descuidado, pero no delictivo. Como consecuencia, el Departamento de Justicia no presentó cargos contra ella. Un punto en el que lógicamente Clinton basa su defensa cuando le traen este asunto a colación.

Los polémicos emails de Hillary Clinton se han convertido en el gran talón de Aquiles de su campaña. Sus rivales los utilizan para acusarle de pertenecer a una élite que hace y deshace a su antojo, que dobla las reglas según su conveniencia. Y buscan presentarla como alguien centrada en sus privilegios, alineada con los grandes intereses. Un rechazo que conecta con una parte importante del electorado, y no sólo republicano.

Las críticas a Clinton han alcanzado su máxima expresión de la mano de Donald Trump. El multimillonario neoyorquino llegó a llamarle delincuente, y la amenazó con la cárcel. Así, mientras Clinton rehuía ayer comentar el asunto a su llegada a Iowa, el candidato republicano lo explotaba sin piedad en New Hampshire. Trump, muy necesitado de un balón de oxígeno en la recta final de la campaña, busca magnificar la polémica, llegando a afirmar que es más grave incluso que el escándalo del Watergate.

Clinton se enfrenta al riesgo de que cambie el eje y el discurso de la campaña y a que dé ‘momentum’ a Trump

Con el caso de los nuevos emails, Clinton se enfrenta a dos peligros. El primero, que cambie el eje y el discurso de la campaña. Si hasta ahora la presión mediática se centraba en los maltratos de Trump a mujeres en el pasado, y en su amenaza de no respetar el resultado electoral, ahora puede poner el foco sobre esta nueva investigación. El segundo, que dé momentum a un Trump, que no logra remontar en las encuestas. No hace falta un vuelco en los sondeos; basta una caída de dos o tres puntos para que la distancia entre ambos se sitúe en el margen de error, algo que daría gran impulso al candidato republicano en los días anteriores al 8 de noviembre.

Sin embargo, el anuncio realizado por el FBI no tiene por qué ser una losa para Clinton. Si su campaña no pierde el control, minimiza los daños y se mantiene disciplinada en los temas que le interesan, puede convertirse en una gran oportunidad. Después de todo, la decisión del FBI desmonta en buena medida el argumento trumpiano de que el sistema está a favor de Clinton y de que la elección está amañada. Las próximas 72 horas serán claves para calibrar el impacto de la noticia sobre las campañas, y para saber si viviremos una noche electoral de infarto.