Tras el congreso del PP, clausurado con votación casi unánime a favor de Mariano Rajoy, y la Asamblea Ciudadana de Podemos, con victoria aplastante de Pablo Iglesias, queda cada vez menos para enfrentarnos a dos de las citas políticas más importantes del año: las primarias socialistas y su posterior Congreso. Mientras Pedro Sánchez sigue con su periplo por España calentando a la militancia y Susana Díaz se prepara para la entrada en la batalla, Patxi López, con su talante de siempre, franco y conciliador, trabaja día a día con la idea clara de poder ser el mejor candidato.

Patxi nació en Portugalete (Vizcaya) el 4 de octubre de 1959 y se crió en una familia obrera de la Margen Izquierda. Comenzó a estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad de Euskadi, pero no terminó la carrera y se volcó rápidamente en la carrera política. Le gusta definirse como un «vasco de Coscojales» -una calle del casco viejo de Portugalete-. Su padre era el histórico dirigente del socialismo vasco Eduardo López Albizu, Lalo. Se afilió al PSOE con sólo 18 años, con 28 fue diputado y en 2009 coronó su sueño de ser lehendakari.

Hombre de gustos sencillos y austeros, posee un Fiat 500, y le gusta ir de pintxos por el casco viejo de Bilbao. Su gran pasión es la música  y posee una colección enorme de vinilos y CDs. Su primer tocadiscos se lo compró a Joaquín Almunia por 13.000 pesetas. Enamorado del folclore euscaldún es además amante de la arqueología y de la fotografía.

Pregunta.- Los políticos no están de moda, señor López. Y en casos como el suyo, político vocacional que abandonó la carrera de Ingeniería para dedicarse en cuerpo y alma a la política, y lleva toda la vida en ella, menos aún. ¿Resta o suma haber trabajado sólo como político?

Respuesta.- Es verdad que hay una sensación de que los políticos, no sólo no estamos de moda sino que somos una especie de piñata, que se nos coloca en el centro de la plaza pública para que se nos dé con el palo. Pero a la vez uno tiene la certidumbre de que la política es más necesaria que nunca. Sobre todo porque cuando la gente dice que lo está pasando mal, y lo está pasando mal, muy mal, necesitamos más que nunca buena política y buenos políticos.

P.- ¿Y qué es la «buena política»?

R.- La que no se dedica a las peleas fratricidas, sino a dar respuestas a la gente. La que es capaz de definir una alternativa y una respuesta a todo lo que se mueve en el mundo. La que es capaz de responder a las nuevas preguntas y no quedarse anclada en lo viejo. Y yo reconozco que el proyecto socialista o socialdemócrata en el conjunto de Europa tiene un déficit porque no ha sabido dar respuestas a las preguntas y necesidades actuales.

P.- Ya, pero llevan ustedes años sin hacer buena política, años de una etapa de crisis sangrante a la cual no han sabido dar buenas respuestas.

El PSOE debe unirse y trabajar en un proyecto reconocible para la ciudadanía»

R.- Llevamos años en los que asumimos y compramos demasiado rápido algunos de los dogmas de fe que nos está imponiendo la globalización, que viene de la mano del neoliberalismo. Esto de que no se puede hacer otra cosa, de que las reglas del mercado son éstas y no se pueden cambiar, de que es la economía de mercado la que manda sobre la vida de las personas… Eso es no hacer buena política. Si la ciudadanía ve cómo, una vez más, la crisis que vivimos se ha cebado con los más vulnerables y ha expulsado a los más débiles del sistema; si ve como el Estado del Bienestar se ha ido debilitando permanentemente; si ve cómo se nos han ido recortando derechos y libertades; si ve cómo se trata de forma miserable a los refugiados que han escapado del horror; si ve cómo nacen populismos xenófobos y racistas a veces y, frente a eso, no ve un proyecto de izquierdas, socialdemócrata, que sea capaz de servir de alternativa para cambiar estas cosas, la socialdemocracia vale de poco. Y se irá debilitando cada vez más. En España también.

P.- Entre diciembre de 2015 y junio de 2016, los resultados nos han dicho que el PSOE bajó a 90 escaños primero y a 85 después. Por tanto, en España, el socialismo -encabezado en ese momento por Pedro Sánchez- está, claramente, en crisis. ¿Qué necesita su partido para volver a ser una alternativa de gobierno real?

R.- El PSOE necesita dos cosas: unirse, en primer lugar. Un partido desunido y dividido no es escuchado por la ciudadanía. Un partido que se grita entre sus militantes no tiene capacidad de generar confianza en su electorado. Esa es la primera cuestión. Hay que unir al partido, integrar ideas, voluntades y compañeros. Lo segundo es que debe haber un proyecto reconocible por la ciudadanía. Si al PSOE no se le identifica como la alternativa a las políticas de la derecha, una alternativa seria de una izquierda exigente, no de pancarta ni de megáfono, pues no le va a votar nadie.

P.- Es muy fácil justificar la caída echando la culpa a Podemos, a una nueva fuerza de izquierdas que surge, pero si Podemos ha ganado cinco millones de votos será porque los socialistas han hecho algo mal que ha propiciado dejar libres esos cinco millones de votos de izquierdas que se han ido a la formación de Pablo Iglesias.

R.- De hecho, yo suelo decir que Podemos nace y crece en las fallas de PSOE. Y eso debió hacer aún más evidente que necesitábamos reconstruir un proyecto de izquierdas. Porque entre el «asalto a los cielos» y la resignación hay toda una vía para un proyecto de izquierdas, transformador y reformista. No soy un izquierdista peligroso, pero soy de izquierdas. Y quiero combatir estas políticas de la derecha que han generado una desigualdad brutal en este país.

P.- ¿Por qué el partido ha fracasado de forma estrepitosa en las últimas citas electorales?

No entiendo que el que tiene una opinión diferente pueda ser considerado un traidor en mi partido»

R.- Durante los dos años de mandato de Pedro Sánchez nos tuvimos que enfrentar, nada más y nada menos, que a cinco convocatorias electorales. Eso, en una fuerza como el PSOE, que viene de una historia tras la que necesitaba recomponerse y repensarse, sin apenas tiempo para ello, hizo que tuviéramos que dar respuestas inmediatas a problemas muy complejos. Ello vino acompañado de una evidente división interna. Por eso, vuelvo a insistir en que los dos grandes objetivos son unir de nuevo al partido y definir un proyecto. A veces me preguntan por quién será el cartel electoral o si yo, que quiero ser secretario general, estoy también dispuesto a presentarme a la Presidencia del Gobierno. Pero como no resolvamos bien las dos primeras cuestiones, da igual a quien pongamos en el cartel.

P.- ¿Cómo vivió usted aquel sábado sangriento, que yo bauticé como Saturday Bloody Saturday en Ferraz?

R.- Pues como la inmensa mayoría de los militantes, como un drama. Los que hemos vivido este partido desde niños, tenemos un querer fundamental que es el partido y entendemos la clara  necesidad de que haya un PSOE fuerte que sea alternativa a la derecha, lo que vimos fue que allí nos rompíamos, que había una fractura total. Podíamos haber hecho las cosas de otra manera. Cometimos errores todos hasta llegar a aquella situación del 1 de octubre pero deberíamos haber hablado con mayor sinceridad, con mayor confianza. Somos compañeros y podemos defender posiciones diferentes pero en el fondo queremos lo mejor para el PSOE. Y allí lo que se evidenció fue una fractura absoluta a la que nunca debimos haber llegado. Dimos un espectáculo lamentable a nuestra militancia.

Primarias

P.- ¿Por qué se presenta como candidato a las primarias? ¿Qué puede aportar a este PSOE?

R.- Pues lo he resumido en esos dos puntos. Sobre todo, unir al partido. Porque si seguimos divididos nadie nos va a tener en cuenta. Y alguna experiencia tengo. Yo también fui elegido secretario general en Euskadi con otros dos candidatos, éramos tres, y un año después había un proyecto de los socialistas vascos avalado con el 99,8% de los apoyos. Por tanto, se trata de unir a todo el mundo en un proyecto que puede ser compartido, colectivo, pero no para cerrarlo en nosotros mismos sino para abrirlo a todos los progresistas que hay también fuera del partido… y luego a toda la sociedad, para enriquecerlo con mucha más gente.

P.- Tenemos de momento ya dos candidaturas y una posible tercera, que sería la de Susana Díaz. Frente a ellas, ¿en qué se diferencia usted? ¿Por qué debería ser Patxi López el secretario general del PSOE?

R.- No se trata tanto de buscar la diferencia artificialmente. Yo no quiero ir a una confrontación cainita, a un choque de trenes. Yo quiero ganar porque defiendo y tengo muy claras las dos cuestiones básicas que he explicado.

P.- Ya, pero los otros entonces, ¿no las tienen claras?

R.- Los otros defenderán aquello en lo que creen. Yo defiendo lo mío. Repito, no quiero un choque de trenes. Cuando hablo de unidad yo no hablo de una unidad que uniforme al PSOE, no hablo de un partido de pensamiento único, que es lo más alejado de la cultura de los socialistas. Cuando hablo de unidad me refiero a la que nace de la suma de diferentes opiniones. Y no entiendo que el que critica o tiene una opinión diferente pueda ser considerado un disidente o un traidor dentro de mi partido.

P.- Usted pasa por haber sido un buen lehendakari, que consiguió esta unidad del partido, y además pasa por haber sido también un buen gestor. ¿Podría replicar todo esto a nivel nacional?

Debemos hacer una oposición útil, no dócil. Nuestra imagen no puede ser ir del lado del PP»

R.- Es mi intención, de alguna manera. Antes le hablaba de la experiencia de cómo integrar a compañeros y compañeras que piensan de forma diferente. Hay que implicar al mayor número posible de voces diferentes en un mismo objetivo. Y hay que definir qué es lo que se quiere hacer también, lo que yo quiero hacer, cuál es el proyecto socialista y cómo lo llevamos a las instituciones. Y cómo utilizamos los recursos públicos para aquello que decimos que queremos hacer, que es lo que pretendí siendo lehendakari, cuando en medio de una crisis utilizamos recursos públicos para hacer las grandes reformas que se necesitaban en los servicios públicos: orientar la sanidad hacia la cronicidad, cómo hacer tender el sistema educativo a la excelencia, en el caso de Euskadi hacia el trilingüismo y la escuela 2.0, o hacia la 3.0 en la que ya casi estamos.

P.- Usted habla mucho de unidad y ahora que está muy de moda en el PSOE el verbo coser, da la impresión de que algunas de aquellas fracturas están hoy más acentuadas. Pedro Sánchez, por ejemplo, ha dicho que si no gana las primarias dejará la política. Eso deja claro que es su última oportunidad, pero también que si no se le apoya dejará ahí un hueco. ¿Cómo vive usted esa competición con Sánchez?

R.- Yo he compartido mucho con Pedro Sánchez y he estado a su lado mientras ha sido secretario general, pero voy a animar a todo el mundo que crea que tiene posibilidades a que dé el paso. Estamos en un proceso interno que debe tener tres fases; primero el debate de ideas, sin dramatismos pero también  sin descalificaciones. La segunda fase es cuando los militantes tienen derecho a elegir, a votar. Y a mí me gustaría que nuestros militantes voten para unir, no para dividir. Y la tercera fase es que, una vez elegido el secretario general, sea el momento de integrar, para llegar a un Congreso de suma y no de división. Yo creo que los dos últimos congresos fueron fallidos. Elegimos un secretario general y una dirección, pero por debajo hemos seguido divididos. Y no hablo sólo del Congreso en el que fue elegido Pedro Sánchez sino del anterior, el famoso Congreso de Sevilla. A mí, los contrastes de ideas me gustan, pero no las descalificaciones. Y me da cierta pena cuando Pedro dice que si no gana se va. Porque en este partido no podemos prescindir de nadie, y todos deberíamos seguir aportando.

P.- ¿Qué modelo de Estado tiene Patxi López? Y frente a la crisis abierta en Cataluña, ¿cuál es su modelo territorial?

En este país a veces confundimos Estado con España, y eso es erróneo»

R.- El modelo territorial es una parte del modelo de Estado. Y para un socialista, el modelo de Estado es aquel que procura libertad, igualdad y justicia social. Cuando hay mucho liberal o falso liberal que dice: ‘Cuanto menos Estado mejor porque más libre es el individuo’, yo digo que eso es falso. Yo quiero un Estado fuerte, que haga políticas en sus diferentes administraciones, en todas ellas, porque todas son Estado. Porque en este país a veces confundimos Estado con España y es erróneo. El Gobierno vasco también es Estado. Y el de la Generalitat. Y los distintos ayuntamientos. Y dentro de ese modelo de Estado hay un modelo territorial que los socialistas hemos definido como modelo federal. Pero esto tiene que avanzar y evolucionar. Para el caso de Cataluña y, en general, el modelo federal lo primero que tiene que hacer es reconocer a España tal y como es. España es diversa y tiene singularidades, y hay que entender esto para sumarlas, no para enfrentarlas. Ha habido demasiada política que ha enfrentado unos territorios con otros, unas identidades con otras y esto ha generado fracturas sociales. Hay que entender la diversidad como algo que nos enriquece y reconocerla en la propia Constitución. Lo segundo que hay que hacer es detectar dónde están los problemas. Y hay evidentes problemas de financiación en los distintos territorios. Y tenemos que ir a un sistema que sea transparente porque no hay nadie en este país que sepa qué modelo de financiación existe. Y ese modelo tiene que ser más justo y más equitativo pero con dos soportes básicos: debe tender a la igualdad de los ciudadanos y a la solidaridad entre los territorios.

El tercer problema está en lo que yo llamo la invasión competencial. Estamos todo el día en el Tribunal Constitucional. Porque el Gobierno hace decretos que invaden las competencias de las comunidades y a veces cree que algunas decisiones de las comunidades invaden las competencias de Estado. ¿Por qué no clarificamos todo esto? Hay países donde la Constitución aclara perfectamente cuáles son las competencias del Estado y cuáles las de las comunidades y ayuntamientos. Y, luego, sentado esto, hay lealtad competencial. Así se evita judicialización permanente de la política. Y, por último, el cuarto y casi el más importante: vivimos en el país más descentralizado del mundo. Y siendo así nos hemos pasado la vida dándonos la espalda unos a otros.

P.- ¿Y no le parece que este debate no está sobre la mesa?

R.- Porque está ahogado por un debate nacionalista que, para mí, no deja de ser un debate antiguo. A mí, que se me ponga en la mesa un debate sobre una identidad uniforme o sobre un Estado- nación o sobre un territorio de soberanía exclusiva o excluyente… ¡pero si esto ya no existe! Hay identidades múltiples y cada uno construimos la nuestra. Cuando me decían, ‘hay una identidad vasca’… bueno, hay una identidad colectiva, sí, pero ¡hay dos millones y medio de identidades en Euskadi y cada uno tenemos la nuestra! ¿Por qué las tenemos que enfrentar o que dividir? Yo puedo ser vasco, español y europeo en la proporción que yo quiera y en el orden que me dé la gana, y esto es lo que un Estado tiene que garantizar. Y no imponerme su forma.

P.- Esto tal vez quiera decir que los políticos manipulan mucho para que esto no ocurra, porque parece fácil y obvio pero en España algo ha fallado en la gestión de estas individualidades.

R.- Mire, es más evidente aún si hablamos de las soberanías. ¡Pero si este es un mundo ya interdependiente, donde hay soberanías compartidas y donde hay cosas que se deciden en Vitoria, o en Madrid o en Bruselas!

P.- Si le escucha Donald Trump le elimina de su Twitter, señor López…

La invasión competencial es un problema. Estamos todo el día en el Tribunal Constitucional»

R.- Ya, porque hemos vuelto también a esas políticas nacionalistas de Estado-nación, que también las sigue habiendo. Pero un partido de izquierdas, cuando habla de soberanía tiene que estar dispuesto a ceder si quiere construir un proyecto europeo diferente. No me puedo quejar de Europa si no doy una solución. Yo quiero que los estados cedamos soberanía a Europa para que no nos limitemos sólo a una política monetaria sino para que empecemos a definir ya políticas comunes. Para eso, primero, necesitamos instituciones más fuertes y democráticas. Capaces de tener competencias para decidir también sobre políticas económicas comunes. Para que definamos qué hacemos con tanta transacción financiera que no tiene ninguna regulación o para que definamos un Estatuto de los trabajadores para toda la Unión Europea. Yo quiero ceder soberanía para empezar recuperar Europa como era, un espacio de derechos y libertades. Yo quiero construir un continente, no me quiero convertir en una isla que fractura sociedades.

P.- ¿A qué le suenan en ese sentido los argumentos de Podemos?

R.- Podemos quiere asaltar cielos y todo le vale. Dice una cosa y la contraria. Y en estas cosas tenemos que ser muy claros. Por ejemplo, en esto del modelo territorial le vale decir que está en contra pero avalando el referéndum… Miren, un referéndum lo que hace de verdad es refrendar acuerdos y lo que tenemos que hacer los representantes de la sociedad española y de la catalana es sentarnos para llegar a un acuerdo que sea avalado por todos. Reformemos la Constitución, como decía antes, para solucionar los problemas porque lo otro es una consulta en la que, como los políticos no hemos hecho los deberes para ponernos de acuerdo, le decimos a la ciudadanía: ‘partíos la cara’… Y eso no vale porque consigue sólo la fractura social.

Recuperar el liderazgo del PSOE

P.- ¿Cuándo recuperará el PSOE el liderazgo que tenía?

R.- Se pierde la confianza en diez minutos y se tarda años en recuperar. Nosotros perdimos la confianza hace mucho tiempo y hemos pasado de diez millones y pico de votos a cinco y medio en poco tiempo. Espero que no sigamos tomando decisiones que sigan debilitando nuestra posición. Yo quiero un proyecto socialista del siglo XXI. Hay que mantener los principios socialistas, claro… la lucha por la libertad ciudadana y por la igualdad y por la justicia social. Pero hay que decir cómo se consigue hoy eso. Cómo hablamos los nuevos lenguajes y cómo ocupamos los nuevos espacios. Cómo conectamos con los nuevos sectores que hoy están muy alejados del PSOE, pero que deberían tener en el PSOE su referente.

P.- Pero hay unos votantes que les identifican mucho con las políticas del PP, sobre todo viendo algunos apoyos parlamentarios y muchos de los que se fueron a Podemos necesitan mensajes claros de lo que quieren que sea el PSOE mañana y habría que recuperarlos. Deles un mensaje claro.

La debilidad de los partidos socialdemócratas ha venido por acompañar las políticas de la derecha»

R.- La debilidad en la que han caído todos los partidos socialdemócratas ha venido por acompañar a las políticas de la derecha. Lo primero que necesitamos es una izquierda exigente frente a la derecha. Lo segundo es no limitarnos a poner parches frente a esas políticas de la derecha sino aspirar a cambiarlas. Le pongo dos ejemplos: ¿Nos limitamos a edulcorar algunas cuestiones de la reforma laboral del PP o la derogamos? Pues la derogamos. Otro más, ahora que está de moda esto de que el PP chantajee al PSOE con los presupuestos y que si no hay presupuestos hay elecciones, pues no. El PSOE no puede, de ninguna manera, aprobar unos presupuestos que contengan más recortes, que no recuperen ya servicios públicos, prestaciones, derechos y libertades. Chantajes ninguno y humillaciones ninguna. Izquierda exigente. Esto no quiere decir que no hagamos oposición constructiva y útil, pero no dócil.

P.- ¿No le da miedo, entonces, si es secretario general, ir a las urnas en diciembre o a principios del año que viene?

R.- Decía antes que, con cinco convocatorias electorales no habíamos tenido tiempo para repensarnos y para reconstruirnos. Pero lo primero a lo que no hay que tener nunca miedo es a unas elecciones y tampoco condicionar nuestras políticas a eso porque estaremos perdidos. Porque si ese miedo a ir a unas elecciones que pillan mal pervierte nuestras políticas y nuestros principios, es preferible ir a las urnas.

P.- ¿Qué quiere ser Patxi López de mayor?

R.- Secretario General del PSOE.

P.- Déjeme para terminar una canción favorita… con mensaje.

R.- Me gusta mucho el último trabajo de Enrique Bunbury Porque las cosas cambian. Yo voy a contradecir a todos aquellos que dicen que no se puede hacer otra cosa.


*Instalaciones cedidas por el Hotel Ritz.