Entonces, además de dolor, había odio, insultos y sospechas infundadas. El clima político lo propiciaba y las redes sociales lo difundían. Los algo más de tres años que Javier Ardines había dedicado a la política como concejal en Llanes acumulaban ya demasiada crispación local en el Ayuntamiento. El pescador que no creía en los partidos políticos se había convertido en concejal por IU después de haber renunciado “tres veces, como Judas” a dar el paso. Ahora tenía la oportunidad de cambiar la forma de Gobernar el municipio que había pervivido 28 años y que consideraba alejada de la calle y “más bien dedicada a los intereses particulares”: “Una política de barriga agradecidas”, aseguraba en su carta de presentación municipal.

“Sobra crispación y falta diálogo”, afirmó en vida. Cuando falleció el clima apenas había cambiado. Sus intentos, entre otros objetivos, por hacer de Llanes algo más que un referente turístico, -somos algo más que 30 playas”- no tardó en tensionar el urbanismo y algunos planes de construcción en la zona. La tensión era entonces evidente y afloró tras su muerte. Ni siquiera el cruel asesinato de Ardines la mañana del 16 de agosto pasado calmó las aguas. Más aún, las agitó en forma de nuevos cruces de acusaciones entre oposición y Gobierno, entre los detractores del alcalde y sus críticos.

Y todo mientras los autores de la brutal paliza mortal que acabó con el concejal seguían siendo una incógnita. Su hija no pudo aguantar más. Escuchar cómo acusaban al alcalde de Llanes, amigo personal de su padre, de estar utilizando para fines políticos el crimen hizo que alzara la voz y rompiera su silencio. Alba Ardines había permanecido callada desde que dos sicarios la convirtieron en huérfana una mala mañana de verano. “Te rompe el alma y la vida tener que encontrar a tu padre asesinado”, encabezaba la carta que publicó a través de una red social el 12 noviembre.

«Una panda de impresentables»

El vaso de su paciencia se había colmado. Las acusaciones contra el alcalde habían hecho que su alma, además de rota de dolor, estuviera “enervada”. Lo hacía cada vez que leía como “una panda de impresentables” insistía en exigir disculpas al alcalde, Enrique Riestra por lo que consideraban una utilización del crimen para beneficiar al Gobierno municipal que soportaban la plataforma de Riestra, Vecinos por Llanes, junto a Foro Asturias, PP e IU.

En aquella carta la hija de Javier Ardines denunciaba públicamente que los que ahora arremetían contra el alcalde eran los mismos que “no tuvieron la decencia de presentarnos el pésame, ni condolencias, ni de mostrar la mínima repulsa a lo sucedido”.

Sólo días después del asesinato la crispación volvió a situar en el centro del debate local en Llanes. Una suerte de guerra sobre su gestión y sus intentos por regenerar la vida política local llegaron a hacer pensar, de forma errónea, que el crimen pudiera esconder una venganza política. Sus defensores subrayaban los intentos por enfrentarse a intereses creados en Llanes y su intención de hacer una limpieza. Quienes entonces le apoyaron recuerdan estos días que fue un político que nunca se llevó nada del Consistorio y que trabajó sin cobrar y por un mero interés por regenerar la vida municipal. Pero los críticos en vida, en algunos casos, también lo fueron cuando murió. Lo hicieron atacando al que fue su jefe del Gobierno del que formó parte. Ayer el sindicato CSIF, por ejemplo, le reclamó disculpas por haber insinuado que algún trabajador municipal pudiera estar implicado en el crimen.

En noviembre Alba salió en su defensa. El alcalde “sólo pide Justicia”, dijo, “y que se sepa quién le arrebató la vida a mi padre y que la población colabore, en ningún momento he visto que politizara el asesinato”, escribió la joven. Aún quedaban tres meses para descubrir que los presuntos autores no orbitaban en torno al Consistorio y la vida política local sino más bien en las cercanías de su círculo más familiar y que las razones eran más del corazón que de la cabeza.

«Ni a la suela del zapato»

A quienes criticaron al alcalde, y con él cuestionaron a través de las redes la labor de su padre, la hija de Javier Ardines les exigió respeto hacia una persona “asesinada vilmente”. Les instó a dejar de tener “la poca decencia” de nombrarle: “Antes de hablar de Javier Ardines lávense la boca con aguafuerte, a ver si el veneno y el odio que llevan dentro se les compensa”.

Recordaba entonces que “la rabia y la impotencia” les invadía al desconocer aún quienes habían acabado con la vida de su padre, “una persona honesta, íntegra, de las pocas que quedan en esta asquerosa sociedad”. Se dirigía a los críticos para instarles a dejar de abordar este caso, “sólo les deseo que no tengan que pasar por lo que esta familia está pasando”. Les urge a dejar de generar “odio y difamando información falsa maquillada a vuestro porvenir, no al porvenir de muchos Llaniscos honrados”.

Su misiva concluía pidiendo a quienes han proferido críticas al alcalde y a la política llevada a cabo en el Consistorio que dejen de “aprovecharse de un asesino”: “No le llegáis ni a la suela del zapato”.