¡Cómo no querer a nuestro protagonista de hoy! ¡Cómo no querer al Padre Ángel! Sea o no creyente, es imposible no profesar un gran afecto por alguien que lleva toda su vida haciendo el bien. Aunque todos le conocen, recordaré que desde su Asturias natal, el padre Ángel Rodríguez García lleva más de medio siglo consagrado a los más pobres, a los que nada tienen, a los que sufren. Niños abandonados, mujeres maltratadas, ancianos solos… desde su Mieres del alma, y en plena postguerra,

El Padre Ángel adquirió desde muy niño una conciencia social fuera de lo común. Y percibió que aquel mundo no era justo y que había que transformarlo. Desde entonces hasta hoy ha recorrido un largo camino en el que Mensajeros de la Paz, la asociación que fundó en 1962 y que ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1994, no ha parado de crecer. Hoy, nos vuelve a regalar unos minutos de su valioso tiempo y nos describe, para los lectores de El Independiente, su visión de la sociedad española en este 2020 recién estrenado.

Pregunta.- Padre Ángel, usted es un hombre que se ha caracterizado por haber hecho el bien a lo largo de toda su vida. Su último logro ha sido el de conseguir abrir, en fecha reciente, una nueva Iglesia: la de Los Estigmas de San Francisco, en Piazza Navona, en Roma. Mensajeros de la Paz está también presente ya en Italia. Le confieso que, aunque hace ya muchos años que le conozco, no deja usted de asombrarme.

Respuesta.- Bueno, al menos tenemos ya las puertas abiertas en Italia. 

P.- Y el Papa Francisco les está ayudando…

R.- Este Papa comenzó diciendo: ‘¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!’ y también: ‘¡Abrid las puertas de las Iglesias, que a veces parecen museos, de cerradas que están!’.

P.- Nada diferente de lo que viene haciendo usted desde hace décadas, Padre Ángel, abriendo las puertas de su Iglesia, de la Iglesia de San Antón, a todos cuantos necesitan un techo o algo de comer. ¿Cómo ha visto la reciente Navidad? ¿Le han parecido unas Navidades solidarias?

Hemos visto gente durmiendo en la calle, en los soportales de los ayuntamientos

R.- Yo creo que sí. En realidad, la gran pregunta de este tiempo que atravesamos en España no tiene tanto que ver con el nuevo gobierno y si lo habría o no sino más con las necesidades de la gente; si estos días que hemos dejado atrás muchos han tenido o no familia con quién cenar, si quienes pueden hacerlo tienen forma de invitarles o cuentan con un lugar para los que menos tienen, si muchas personas que siguen pasándolo mal tienen un techo o en qué forma aliviar sus necesidades. Hemos visto gente durmiendo en la calle, en los soportales de los ayuntamientos… este es el gran tema. No digo que lo otro no sea importante, pero problemas como la soledad, la tristeza… eso es lo que debe preocuparnos también. 

P.- Toda la gente que he conocido en la Iglesia de San Antón, y yo he conversado con muchos de ellos, me dicen siempre lo mismo: que además de algo de dinero, o comida y ropa, que es lo mínimo para vivir dignamente, lo que más necesitan es un abrazo…

R.- ¡Claro! Necesitan esos abrazos, necesitan que alguien les escuche, que les ofrezca una taza de café caliente ahora que hace frío por las mañanas… sentir que son algo. Vuelvo una vez más al Papa Francisco, que lo dice muy claramente: ‘Podéis ser pobres, pero lo que no podéis es perder la dignidad’. La dignidad es lo más importante para un hombre y para una mujer, porque somos todos iguales: los que estamos bautizados y los que no, los que somos de uno u otro color. Eso es así en nuestra iglesia, en San Antón, como en otras iglesias, lo que ocurre es que a veces, algunos no se atreven a entrar en algunos sitios en los que hay demasiadas alfombras. 

P.- Ahora que la situación política, Padre Ángel, está tan revuelta, quiero preguntarle por su relación con los políticos. Usted me ha dicho en otras ocasiones que ninguno ha tenido la valentía, por no decir otra cosa, de darle un ‘no’ por respuesta. ¿Cómo se las arregla?

R.- Es cierto. Ningún político me ha dicho nunca que no porque al final todos tienen su ‘corazoncito’ y son de carne y hueso, como tú o como yo. Todos tienen familia, hijos… ¡Qué político te va a decir que no le des una manta a alguien que pasa frío! El problema es que creo que a veces tratan de disimular, por su papel.

Tenemos buenos políticos. Son de carne y hueso como todos nosotros

P.- Pues algunos disimulan su bondad y su generosidad muy bien, Padre Ángel.

R.- Pero son buenos y son de carne y hueso. Prueba de ello es la excelente disposición que encontré en los últimos compases del año que acabamos de dejar atrás, cuando planteamos la iniciativa de servir la cena de Nochebuena tanto en la Iglesia de San Antón como en el Senado, y de que vinieran algunos políticos a ponerse la bata y a servir a quienes son normalmente los más sirvientes. Con ese objetivo fui a hablar con la presidenta del Senado y ya iba preparado para todo tipo de respuestas: que si la seguridad, que si tal vez no fueran del todo limpios… pero me sorprendió gratamente al contestar, desde el momento en el que llegué: ‘¿Por qué no van a poder cenar aquí?’ Esos son los políticos que tenemos (Se le ilumina la cara, con sonrisa de satisfacción). 

P.- ¿Cómo va la economía, Padre Ángel? Se lo digo porque usted es el termómetro real, usted toca la calle, está muy en contacto con la gente, sobre todo con lo que más siguen sufriendo. Nuestros responsables públicos nos dicen que la crisis ya hace tiempo que se superó, que lo peor ya quedó completamente atrás… pero yo no sé si estoy muy seguro del todo.

¡Familias enteras que vienen de Venezuela y que duermen en la calle porque no tienen dónde ir!

R.- Es verdad que las cosas han mejorado, qué duda cabe. Y es cierto que el mundo de hoy es mucho mejor, no ya que el de hace 200 años, sino que el de hace cinco. Pero los pobres siguen siendo pobres y sigue existiendo esa bolsa de pobreza que no hemos podido eliminar. Debo decir que, en esta España nuestra, que sigue siendo esa España solidaria, aunque a algunos les pese porque enseguida hablan del ‘efecto llamada’, siguen viviendo tantas personas… Últimamente sobre todo de Venezuela. ¡Familias enteras que vienen de Venezuela y que duermen en la calle porque no tienen dónde ir! Y cómo hace 2.000 años, a aquella familia de Belén, nos siguen diciendo cuando buscamos dónde alojarles: ‘No hay sitio, no hay sitio…’ Samur, Cruz Roja… y al final, aunque sea en una cueva, como en Belén, acabamos encontrando la forma de cobijarles. En algún albergue, en alguna Iglesia, en el Senado para cenar… Todos parecen querer seguir insistiendo en que esta sociedad está enferma, y yo digo que este es un ejemplo más de que estamos en una sociedad rica y sana. No hay esa podredumbre que algunos quieren ver, yo insisto en ver una sociedad sana y solidaria. Cada vez que planteamos un proyecto, todos quieren ayudar. ¡A veces tenemos más voluntarios que comensales!

P.- Aunque todos le conocen sobradamente, Padre Ángel, me gustaría preguntarle una vez más cómo nació su vocación.

R.- Cuando somos niños todos decimos que queremos ser futbolistas o médicos o bomberos. En mi caso, había un cura en mi pueblo que era bueno y ayudaba a los pobres y yo siempre pensaba que si algún día pudiera quería ser como el cura de mi pueblo. Otros quieren ser como Ronaldo o Messi… pero quería ser como aquel cura bueno que ayudaba a los demás.

P.- ¿Hay que ser muy diplomático para hacer el bien? ¿Hasta qué punto hay que ser diplomático o político?

R.- Yo nunca he acertado a equilibrar entre la prudencia, la valentía o la cobardía. Entre esas tres cosas nunca aciertas a saber cuál es el equilibrio. Siempre tomo como modelo a este Papa, que es valiente. Prefiero a los valientes que a los cobardes o que a los prudentes.

P.- ¿Cómo nació Mensajeros de la Paz? Recuérdenoslo, por si alguien aún no lo sabe.

R.- Nació en Oviedo, viendo la realidad de aquellos niños de hospicio de hace 52 años y de los ancianos que no tenían ni lo más elemental para poder vivir. Nació queriendo darles dignidad y suprimir aquellas instituciones que parecían granjas de animales más que casas de familia o que casas de niños. Aún hoy hay algunos lugares, en algunos países, sitios que parecen más granjas que un internado o que un colegio.

Montamos un comedor quitándo una oficina, era la época de la crisis

P.- Hubo después, Padre Ángel, una segunda etapa que es la de diversificación de los proyectos solidarios. ¿Cómo nació esa segunda etapa y cómo se consolida Mensajeros de la Paz?

R.- Con los ojos muy abiertos y con los pies en la tierra. Y saliendo a la calle, no quedándonos encerrados en una oficina o en una Iglesia. Los primeros comedores que montamos lo fueron porque un día fui a Vallecas y vi las colas de la gente para comer. Y dije: ¿no tenemos plantas de oficinas aquí? ¡fuera una planta de oficinas! Así nació el primer comedor, en plena crisis. Luego fueron llegando muchos más.

P.- Ya nos ha avanzado que la sociedad en España es más rica, buena y solidaria de lo que algunos creen… parece increíble, pero es así.

R.- Me sobrepasa la bondad y la solidaridad que hay. No puedes dar un paso sin que la gente no te dé cosas, te ofrezca cosas, te agradezca cosas… se preocupe por los que están en San Antón sin dormir. Esta sociedad ha ganado en bondad, en sinceridad, en cultura, hasta en higiene. No somos perfectos, pero somos mucho mejores que antes. No nos morimos de un catarro y si tenemos a nuestra madre a dos mil kilómetros, o a veinte mil, la podemos llamar por teléfono. Esa alegría no se paga con dinero.

P.- Yo vivo, como sabe, en Chueca. Es un barrio que ha ayudado a la igualdad, a nivel de amor. Incluso tenemos una plaza dedicada a una de las personas que más ha ayudado a esto, dedicada al inolvidable Pedro Zerolo. ¿Qué opina del amor y del sexo? 

R.- El Papa lo repite muchas veces: donde no hay amor no hay caridad ni humanidad. Y tampoco donde no se respeta a la gente que se ame como Dios quiera. Es verdad que la sociedad y la Iglesia ponen unas normas. Y que para casarse canónicamente hay que estar bautizados y no estar casados con otra persona. Pero en nuestro Estado Civil y en nuestro Gobierno existe la ley del matrimonio civil y el matrimonio del hombre con hombre, y eso hay que respetarlo… o de una mujer con un hombre. Y eso hay que respetarlo. No se obliga a nadie a que se case, pero si lo quiere hacer no hay que poner impedimentos. Bienvenida sea esta sociedad donde vivimos, en la que nunca creímos que íbamos a poder vivir, y en la que nunca se metiera en la cárcel a un hombre por dormir con otro hombre.