El Padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz, me recibe en la Iglesia de San Antón con una sonrisa de oreja a oreja. Una sonrisa limpia, llena de serenidad, de calidez y de fuerza. Era un momento esperado por mí desde hace mucho tiempo; el de estar cara a cara con uno de esos ángeles terrenales que luchan, sin escatimar energías, por un mundo mejor y más justo.

El Padre Ángel es una persona única, un cura especial y una muy buena persona. Un hombre de Iglesia pero a la vez, un verso suelto desde siempre. Embajador de la solidaridad y de la generosidad, siempre por encima de los protocolos y de las reglas del Vaticano. Partidario del amor en todas sus formas, de la familia en sus diferentes modalidades, partidario del «Póntelo, pónselo», creador del concepto 24 horas aplicado a la Iglesia, partidario de los telecuras y de una Iglesia más cercana a la gente, a los barrios. De unas parroquias que puedan ser un centro de encuentro permanente para todos los necesitados. Desde hace más de cincuenta años ha entregado su vida a la lucha por los más indefensos, por los niños abandonados, por las mujeres maltratadas y por los ancianos solos. También por un sinfín de tragedias internacionales, a las que ha acercado su ejército de voluntarios para ayudar los desamparados, castigados por las guerras, catástrofes naturales y un sinfín de calamidades.

Ángel nació en plena Guerra Civil, en Mieres, Asturias, y desde pequeño se quedó impresionado y admirado por la labor de Don Dimas. Por cómo se preocupaba y ayudaba a todos los que se lo pedían y le necesitaban.»De pequeño, cuando a uno le preguntan lo que quiere ser de mayor, lo normal es decir futbolista o médico, pero yo quería ser como el cura de mi pueblo». Recién ordenado sacerdote, ingresó como capellán en el orfanato de Oviedo y se enfrentó a la situación de desamparo de decenas de menores abandonados, así que no tardó ni un año en crear la Asociación Cruz de Ángeles y fundar los primeros hogares en los que se ofrecía a los chavales un entorno que fuera lo más parecido a una familia. Así comenzaba un proyecto que ha ido creciendo de forma brutal para dar respuesta a las nuevas necesidades sociales: mujeres maltratadas, jóvenes en riesgo de exclusión, mayores solos, y que ha merecido numerosos reconocimientos, entre ellos el Príncipe de Asturias de la Concordia.

Sentados en uno de los altares de la Iglesia de San Antón, rodeados de gente rezando y preparando la misa de las 19.00, empezamos mi entrevista más emotiva:

Pregunta.- Lo primero de todo, padre: ¿Cómo ha ido su reciente encuentro con el Papa?

Respuesta.- ¡Ha sido tan emocionante! Increíble, uno se pone nervioso y a veces tiene que pellizcarse. Para mí era algo importante encontrarme con un Papa al que admiro. Él me miraba y esa mirada se me quedó incrustada en el alma. Me hablaba de los pobres, de la iglesia de San Antón, de los sin techo. Ha sido un sueño, una gozada… algo que no me creo todavía. Yo he estado con muchos Papas, pero estar a las siete de la mañana, concelebrar con él tan temprano la misa… Eso nunca me había pasado. Yo he estado en audiencias y ese tipo de cosas con los anteriores, con Pablo VI, con Juan Pablo II, con Benedicto XVI… pero con el Papa Francisco no había estado nunca. Tiene algo muy especial. Una mirada que representa a la humanidad entera.

P.- Desde su punto de vista, ¿qué cambio está aportando este Papa a la Iglesia? ¿Por qué es amado también por los que no son creyentes, por la izquierda, incluso por muchos que odian u odiaban a la iglesia católica?

R.- Hubo otros Papas que fueron amados. Luego pasa como con las ideas o los equipos de fútbol, uno es más de un Papa o de otro, pero no porque sea mejor o juegue mejor. Pero es cierto que este Papa ha traído, como en su día Juan XXIII, aire fresco. Ha abierto las puertas de la Iglesia. Y eso no es ofender a los anteriores. Cada uno es como es. Si me preguntan quién es mi Papa yo siempre digo que fue Pablo VI. Pero éste es un Papa que no ha cambiado ni el color de sus zapatos, sigue con los mismos zapatos de siempre y dice las cosas muy claritas. Y a lo mejor eso no gusta a los pudientes, a los poderosos de la tierra. Quizá no ha sido diplomático. Pero eso es lo que necesita la Iglesia. Alguien que esté con la gente, que no le importe nada ser políticamente correcto, que no haga el juego de gente egoísta y gobernantes que piensan sólo en su sillón. Yo nunca he acertado a equilibrar entre la prudencia, la valentía o la cobardía. Entre esas tres cosas nunca aciertas a saber cuál es el equilibrio. Este Papa es valiente y yo prefiero a los valientes que a los cobardes o que a los prudentes.

P.- ¿Cómo nació Mensajeros de la Paz?

R.- Nació en Oviedo, viendo la realidad de aquellos niños de hospicio de hace 52 años y de los ancianos que no tenían ni lo más elemental para poder vivir. Nació queriendo darles dignidad y suprimir aquellas instituciones que parecían granjas de animales más que casas de familia o casas de niños. Y todavía hay algunos lugares, en algunos países, sitios que parecen más granjas que un internado o que un colegio.

P.– Luego hay una segunda etapa que es la de diversificación de los proyectos solidarios. ¿Cómo se consolida Mensajeros de la Paz?

R.- Estando con los ojos abiertos, con los pies en la tierra. Y saliendo a la calle, no quedándonos encerrados en una oficina o en una Iglesia. Los primeros comedores que montamos lo fueron porque un día fui a Vallecas y vi las colas de gente para comer. Y dije: ‘¿No tenemos plantas de oficinas aquí? ¡Fuera una planta de oficinas! Y así nació el primer comedor. Hace ya cuatro años, en plena crisis. Ahora tenemos más de doce.

P.- ¿Ha mejorado la situación económica como dice el Gobierno?

R.- Yo creo que tenemos menos crisis que hace unos años, pero seguimos en crisis. Sigue habiendo gente que no puede pagar la luz o el alquiler, ni puede comer tres veces al día. La gente que no tiene ni papel higiénico ni casi recortes de periódico, sigue existiendo. Eso no se puede negar. Cuando dicen que hay un porcentaje de niños pobres que no pueden llevar material escolar, eso es cierto, no se lo inventa Cáritas ni nos lo inventamos nosotros.

P.- Porque ese se porcentaje de niños al borde de la pobreza, un 25%, eso es real, ¿no? No se lo inventan los de Podemos, no es una creación de Pablo Iglesias.

R.- Claro que es un dato real, nadie se inventa estas cosas. La pobreza está en la calle y no hay que rebuscar mucho para encontrarla en cada esquina.

P.- ¿Qué opina de la clase política?

R.- Pues tenemos lo que hemos votado…

P.- ¿Lo que nos merecemos?

R.- No, lo que nos merecemos no, tenemos lo que hemos votado. Hemos votado esto. El día que gobiernen otros distintos, será porque les habremos votado. Cuando me preguntan ahora por Estados Unidos digo lo mismo: Trump ha sido votado, ¿eh? Aquello es una democracia y la gente ha elegido. Nadie ha sacado los tanques ni ha ganado una guerra. Y, luego, estos de izquierdas y de derechas que prometen tanto lo que tienen que hacer es gobernar bien y con sentido común. Y si no lo hacen bien, ya les quitarán y vendrán otros. Esta es la democracia.

P.- Algunos sociólogos y politólogos están ya pensando y vaticinando que Trump pueda convertirse en el segundo presidente de los EEUU en ser destituido.

R.- Alguno ya lo fue, como Nixon, que dimitió y por cosas menos graves que las que éste amenaza con hacer. Porque Trump da la sensación de que va a hacer cosas más molestas de las que hizo Nixon.

P.- Yo he tenido el honor de presentar mi último libro, Cree, lucha, logra, en esta Iglesia y donaré todo lo que me toca por su venta a su ONG, y ello a pesar de que no soy creyente. Ya sabe, Padre, que lo he hecho porque creo en la bondad y en la generosidad humana sin que eso tenga que ver con ninguna religión. ¿Qué podemos hacer para que todos sean más solidarios? ¿Para que haya más Padres Ángel? Se dice que en España hay mucha solidaridad, pero si miramos las cifras y vemos los tres millones y medio de españoles que están cerca de la pobreza, no lo parece.

R.- Pues podemos hacer lo mismo que ha hecho el papa Francisco, dialogar, dialogar y dialogar. Y cuando se acabe el diálogo, hay que seguir dialogando. Decimos que hay que rezar, pero hay que rezar con el mazo dando. Nuestro gobierno actual es lo que ha pedido, diálogo. En eso estamos porque lo que está claro es que con las dictaduras no se hace nada. La democracia no es perfecta, pero menos la dictadura. ¡Nunca más!

P.- ¿Cuáles han sido sus momentos más duros? ¿Ha habido políticos que le han dicho que no?

R.- Yo he encontrado políticos que se han escondido o que me han toreado. Pero que me hayan dicho que no, pues no. Porque lo que yo les pido son cosas de sentido común, no frivolidades o tonterías. Y no había ninguna razón para que me hubieran dicho que no. Yo no soy la oposición, ni soy su adversario, ni un súbdito suyo. Yo sí que les he dicho a la cara lo que hubiera hecho todas las veces que no estaba de acuerdo con ellos o con sus acciones. Yo sí que les he molestado muchas veces. Y creo que tienen más problemas ellos conmigo que yo con ellos. Les he dicho más veces yo no a ellos, que al revés. No sé si le gusto o no, pero siempre diré la verdad en favor de los más desfavorecidos.

P.- ¿Y cómo nació su vocación?

R.- Cuando somos niños todos decimos que queremos ser futbolistas o médicos o bomberos. En mi caso, había un cura en mi pueblo que era bueno y ayudaba a los pobres… y yo, que era un niño de ese pueblo, cuando le vi, pensaba que si algún día pudiera, yo quería ser como el cura de mi pueblo. Otros quieren ser como Ronaldo, por ejemplo. Pero yo quería ser como aquel cura que ayudaba a las personas.

P.- Yo fui muy creyente hasta los once años. Cuando se murió mi párroco, don Rosario, y vino un cura que desde el principio no me gustó nada. Luego se confirmó por qué no me gustaba nada. Era de aquellos hombres de Iglesia que eran, digamos, demasiado amables con los niños, por decirlo de forma poco escandalosa. Me daba tanto asco que pronto dejé la parroquia y me refugié en mi especial manera de entender la fe y la religión, donde no cabía ningún Dios pero si toda la generosidad y la bondad del mundo. ¿Cómo valora usted los escándalos de pederastia -que ha denunciado de forma más dura que otros el papa Francisco- que han salpicado a la Iglesia Católica?

R.- Pues igual que el Papa, con pena y rabia. Pero no con menos pena y menos rabia que en otros escándalos que afectan a los demás. Lo que ocurre es que la gente cree que debemos ser más buenos, mejores, que los demás por ser curas, religiosos, Papas. ¡No es así! No tenemos por qué ser mejores que un médico o que cualquier otro en otras profesiones. Esos escándalos son horrendos, los haga alguien con sotana o no. Fíjese en el caso del último pederasta que abusó de tantas niñas en Madrid, Ciudad Lineal. Era un culturista, creo… pero no tiene que ver que fuera deportista, o gimnasta o cualquier otra cosa. Es reprobable que haya hecho eso. Pues cuando llevas sotana ocurre igual.

P.- Ya, pero los curas lo son por vocación y deciden por vocación dedicarse a algo que debía de ser «hacer el bien».

R.- Por vocación no, somos como los demás. Algunas profesiones, como los médicos o los abogados también son vocacionales. Todos los que estamos en la Iglesia estamos por vocación pero no todos los que estamos somos buenos. Los que estamos en la Iglesia, por el mero hecho de estar en ella, no somos ni mejores ni peores que los demás. Los abogados también defienden a los que les pagan. Menos los de oficio, tal vez. Pero si les pagan, defienden al malo. El cura defiende siempre a todos y perdona los pecados a todos.

P.- ¿Qué opina de la corrupción en política? En los últimos días nos ha sorprendido la muerte de Rita Barberá y un duro cruce de acusaciones. Unos han culpado al partido por dejarla sola, otros a los medios de comunicación por haberla condenado sin un juicio… ¿Usted qué opina?

R.- No es nuevo. La hemos tenido desde que Adán es Adán y la vamos a tener dentro de treinta años, por decir algo. Los que tenemos muchos años hemos visto de todo en el transcurso de nuestra vida. Yo creo que los políticos de hoy son más buenos que los de antes. Como los curas de antes, los Papas de antes o los ministros de antes. Todos hemos conocido Papas nefastos, obispos nefastos, egoístas… de comilonas y bienes materiales. Y políticos nefastos y ministros que eran unos dictadores que amasaban montones de dinero y que sólo buscaban que les dejaran su sitio. Hoy somos un poco más sencillos. Vamos a un mundo mejor. El mundo es mucho mejor que el de hace cien años. Los ministros de hoy son mucho más honrados que los ministros de hace treinta años y no digo que los de hace doscientos años porque esos eran emperadores. La sociedad va mejorando. Los que están hoy en el Parlamento son mucho mejores que los que estaban hace cuarenta años. Las Cortes de Franco eran mucho más autoritarias, una dictadura, en ellas había mucha más corrupción. A un ministro de Franco no le dejaban pagar ni un vaso de vino, todos le invitaban. Hoy está todo mucho más controlado. Aunque hay que pensar que a lo mejor no es porque sean más buenos sino que es porque son más listos y no quieren que les cojan en un renuncio como a estos.

P.- ¿Qué opina de la gente que ve en la Iglesia, de los creyentes de hoy?

R.- Me sobrepasa la bondad y la solidaridad que hay. No puedes dar un paso sin que la gente no te dé cosas, te ofrezca cosas, te agradezca cosas… se preocupe por los que están aquí sin dormir. Esta es una sociedad que ha ganado en bondad, en sinceridad, en cultura, hasta en higiene. No somos hombres perfectos pero somos mucho mejores que antes. No nos morimos de un catarro y si tenemos a nuestra madre a dos mil kilómetros, o a veinte mil, la podemos llamar por teléfono. Esa alegría no se paga con dinero. A pesar de todo, ¡nuestra sociedad es mejor de la de antes!

P.- Yo vivo aquí al lado, en un barrio que ha ayudado a la igualdad, a nivel de amor. Incluso tenemos una plaza dedicada a una de las personas que más ha ayudado a la comunidad LGTB, y a la paridad de derecho, Pedro Zerolo. ¿Qué opina del amor, del sexo..?

R.- El Papa lo repite muchas veces: donde no hay amor no hay caridad ni humanidad. Y tampoco donde no se respeta a la gente que se ame como Dios quiera. Es verdad que la sociedad y la Iglesia ponen unas normas, y que para casarse canónicamente hay que estar bautizados y es imposible para personas del mismo sexo. Pero en nuestro Estado Civil y en nuestro Gobierno existe la ley del matrimonio civil y el matrimonio de personas del mismo sexo, y eso hay que respetarlo… como el de una mujer con un hombre. Eso, repito, hay que respetarlo. A nadie se obliga a que se case pero si se casan no hay que poner impedimentos para ello. Bienvenida sea esta sociedad en la que vivimos y en la que nunca creímos que íbamos a poder vivir y en la que nunca se metiera en la cárcel a un hombre por dormir con otro hombre.

P.- Para terminar esta entrevista, Padre Ángel, un consejo que nos ayude a ser mejores, ahora que está llegando la Navidad. Una frase que nos ayude a ser más generosos.
R.- Quereos mucho y dejaros querer.

El día en el que presenté mi libro, en la Iglesia de San Antón, ha quedado impreso ya para siempre en mi memoria y en mi corazón como uno de los más bonitos de mi vida. Estar al lado del Padre Ángel fue un momento muy especial. La generosidad que este hombre bueno muestra en cada una de sus palabras, en cada gesto, en cada mirada, es tan grande que llena espacios, cruza mares, deja sin aliento. Ojalá que su ejemplo cunda entre todos y pueda haber cada vez más ángeles terrenales como él.