Shishas, cachimbas, narguile o hookah son algunos de los nombres que recibe este dispositivo, de origen oriental, que se emplea para fumar tabaco u otras sustancias y que se ha popularizado de forma masiva entre los más jóvenes durante estos últimos años. Cada vez son más los locales dedicados a su consumo que han visto un filón económico en estos aparatos y en sus, aparentemente inocentes, tabacos de frutas exóticas. Una moda que provoca más de 10 tipos de cáncer diferentes.

El presidente de SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica), Carlos A. Jiménez Ruíz es contundente afirmando que “el humo de la cachimba provoca cáncer” y que “los fumadores pasivos que inhalan el humo también corren el riesgo de padecer lesiones”. «Aumentan las probabilidades del desarrollo de tumores otorrinolaringológicos, células cancerígenas en el árbol bronquial y también en vías urinarias debido a que los residuos nocivos son expulsados a través de la orina. Además, a largo plazo puede producir impotencia sexual e infertilidad. Según él mismo, hay que terminar con el mito de que la ‘pipa de agua’ es menos perjudicial que los cigarros, y lo hace estableciendo una alarmante comparativa: la toxicidad de una cachimba equivale a un paquete de cigarros.

Jiménez Ruíz, afirma que pese a fumar este tabaco sin nicotina, es importante concienciar de que «existen muchas sustancias nocivas impregnadas en los carbones y composición de esos tabacos que pueden dañar gravemente diferentes partes de nuestro cuerpo y en el caso de los menores de 15 años «puede producir un impedimento para el desarrollo del árbol bronquial causando en un futuro enfermedades respiratorias crónicas a esas personas».

Según este neumólogo, más allá de la nicotina, una cachimba «contiene monóxido de carbono que desencadena enfermedades cardiovasculares al acumularse éste en la pared de las arterias, contiene alquitranes causantes de procesos tumorales y oxidantes que causan lesiones en la pared de los bronquios».

Si bien la sociedad ha dado un paso contra el tabaquismo, con la cachimba ocurre precisamente lo opuesto debido, entre otras razones, a la normalización de su consumo y el falso mito de que no es perjudicial para la salud o no tanto como un cigarro. La parte más peligrosa de esta práctica es la influencia y furor que está causando entre los adolescentes de 12 a 16 años, que ven en su consumo una forma sencilla y barata de relacionarse y pasar un buen rato entre amigos. Pero la mayoría de ellos desconocen los verdaderos riesgos que puede traer para su organismo y la gran cantidad de sustancias tóxicas que están introduciendo en su cuerpo fumando este tabaco con o sin nicotina.

Avalado con datos científicos, un estudio de la Universidad de Pittsburgh encontró que, comparada con un cigarrillo, una sesión de fumar en shisha proporciona:

  • 125 veces más humo
  • 25 veces más alquitrán
  • 2,5 veces más nicotina
  • 10 veces más monóxido de carbono
Cachimba
Cachimbas EP

Regulación laxa

Su rápida difusión y desarrollo en las ciudades españolas podría deberse a la Ley 42/2010, de 30 de diciembre de 2010, conocida como la ley ‘antitabaco’ por la cual se prohibía fumar en cualquier espacio de uso colectivo o local abierto al público que no esté al aire libre. Muchos de los emprendedores que ponen en marcha este tipo de locales han aprovechado la laguna legal que existe con el concepto de la cachimba y simplemente sirven las shishas con tabaco sin nicotina.

De esta forma, el CNPT o Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo afirma que la solución principal para acabar con este hábito tan perjudicial se basa en su regulación, dado que ésta actualmente es deficitaria: “Estamos hablando de un producto de tabaco, y su regulación se debería ajustar a las mismas normas que el cigarrillo convencional, con los mismos requerimientos que el resto de productos del tabaco en cuanto a restricciones en su venta, promoción, publicidad y patrocinio, y también en relación a los espacios en los que está prohibido su consumo”.

Otros efectos

Para reforzar su teoría, el CNPT ha facilitado una serie de efectos a corto y largo plazo que las shishas podrían provocar en la salud de sus consumidores habituales:

  • Enfermedades respiratorias: se ha registrado una mayor incidencia de enfermedad pulmonar obstructiva crónica y de asma.
  • Enfermedades cardiovasculares: aumento del riesgo de trombosis por amento de la activación plaquetaria. Aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular.
  • Aumenta el riesgo de cáncer: por ejemplo, los jugos de tabaco irritan la boca y aumentan el riesgo de desarrollar cánceres orales, y al mismo tiempo un aumento de cáncer de vejiga y riñones debido a que las sustancias nocivas del humo se expulsan en su mayor parte a través de la orina.
  • Afectación bucal: periodontopatías.
  • Los hijos de madres fumadoras de pipas de agua durante el embarazo pesan menos al nacer y tienen un mayor riesgo de enfermedades respiratorias.

Según un consumidor habitual de cachimba, es un hábito que en su caso le aporta «relajación y liberación» y afirma que uno de los motivos que le llevaron a aficionarse a esta práctica fue el hecho de poder probar una amplia variedad de sabores, incluso «llegando a improvisar tú mismo tus propias mezclas». Sin embargo, finaliza sus declaraciones con una rotunda afirmación: «Todo esto siendo consciente de que el tabaco específico para shishas no contiene tantas sustancias tóxicas como te puede aportar un cigarro».

Estas palabras reafirman más si cabe la teoría que basa el desarrollo y auge de este fenómeno milenial en el desconocimiento de los jóvenes ante la composición de estas shishas y las consecuencias reales que puede conllevar su consumo reiterado. Una moda de la que podrían arrepentirse el resto de su vida.