La desgracia se ceba con Madrid. Los servicios de emergencias difícilmente recuerden una racha similar. Tras el fatídico 2020, los primeros pasos de 2021 están poniendo al límite la resiliencia de los madrileños. La calle Toledo retumbó cerca de las tres de la tarde, por una explosión que paró la vida de cuatro personas, dejó una docena de heridos y un paisaje de escombros y humo que en los primeros momentos nos hizo viajar a los peores años del terrorismo de ETA en Madrid.

La banda terrorista hubiera sido la primera sospechosa si la explosión se hubiera producido hace 30 años, pero el gas es el causante de la práctica desaparición del edificio del número 98 de la calle Toledo. Desde el minuto uno, los vecinos volcaron en redes sociales las imágenes del edificio. Los cascotes de la explosión llegaron hasta prácticamente los pies de la Puerta de Toledo. 

La confusión se adueñó de los vecinos, unos salieron escopetados de casa, algunos en pijama y con el primer abrigo que pillaron. Necesitados de información se agolpaban en los cordones de seguridad de la policía y competían con los periodistas con preguntas y por imágenes de su calle. Un cordón que se fue ampliando cada vez más hasta dejar a los periodistas bajo la misma Puerta de Toledo, en el corazón de la glorieta. Por allí desfilaron autoridades para dar cuenta de los hechos. «Son tiempos difíciles», destacaba el alcalde José Luis Martínez-Almeida.

A pocos metros de la isla en la que se encontraba el núcleo informativo de la desgracia, familiares de la residencia aguardaban noticias con nervios y los ojos llorosos. El hospital de campaña, junto a la entrada del metro de Puerta de Toledo, acogía a los heridos y las ambulancias no paraban de salir. La logística de emergencias ha tocado un techo de dificultad al tener que evacuar una planta de residentes con Covid a diferentes residencias. Con todo, en el Madrid pandémico, cuatro muertos tienen su lectura positiva. «Ha habido suerte», aseguraba la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. El hielo que todavía se mantiene en el patio del colegio La Salle-La Paloma logró que los niños evitaran la lluvia de cascotes del edificio explosionado. 

Hasta que no lo digan los bomberos por aquí no ha pasa nadie»

El hielo, todavía muy presente en las calles pequeñas de La Latina, ha acompañado toda la tarde a los vecinos en su infructuoso intento de acceder a sus viviendas. «Agente, yo vivo ahí, donde está ese señor asomado», aseguraba un vecino de la calle Toledo. «Hasta que no lo digan los bomberos por aquí no pasa nadie». Y nadie pasaba. Ni a coger la moto que la tengo a la vuelta de la esquina, ni mire usted que yo he salido con la explosión a ver si mi coche estaba bien, ni tampoco mi perro está solo y tiene que estar muy asustado. Los técnicos escudriñan los edificios de la calle y hasta que no dan su visto bueno nadie entra. Los canutazos bajo la lluvia de las autoridades en el centro de la rotonda plagada de coches de policía, del Samur y los bomberos han servido a los vecinos de entretenimiento hasta que pudieran volver a sus casas. 

En uno de los accesos vetados a la calle Toledo, junto a un todo a cien en la calle Arganzuela, rezan dos monjas el rosario. Una pareja muy joven, que triplica la tasa de natalidad del país, se suma a las plegarias intercalando los ruega por nosotros con la atención a sus cuatro hijos. El cardenal Osoro le pedía lo mismo a los periodistas congregados en la Puerta de Toledo, que rezaran por las víctimas y sus familias.

Y entre la desgracia puntual, la pandémica, una ambulancia en una calle cercana a Cascorro asiste a una persona en su domicilio. «Creo que tiene Covid», comentan unos vecinos. Definitivamente, son tiempos difíciles.

La explosión a vista de dron

La Policía Nacional ha grabado con un dron cómo ha quedado el edificio de la calle Toledo y sus alrededores tras la fuerte explosión que se ha registrado a primera hora de la tarde.