Imagen fotogramas de una redada de una fiesta ilegal en Madrid de un video de la Policía Municipal de Madrid

Consumo | Sociedad

Madrid, meca de las fiestas ilegales en la era del Covid

Locales que no cierran, pisos turísticos, chalets y viviendas particulares son los focos de la gran fiesta ilegal de Madrid.

La fiesta no termina a las once de la noche en Madrid; eso es sólo el toque de queda. Un pormenor para los miles de jóvenes, y no tan jóvenes, que planifican su vida al margen de las restricciones. La fatiga pandémica, la impunidad y la facilidad de montar una fiesta han convertido a Madrid en una meca festera que atrae a jóvenes hasta de otros países, en particular de Francia, que quieren diversión al margen de las molestias y peligros que causen a los demás. Demás, que son los vecinos de Madrid.

Saltarse la norma, aunque no tengas casa, no es difícil. En menos de 30 minutos hemos podido montar una fiesta a través de un canal público de Telegram. «¡Hola! Celebro mi cumpleaños este finde y había pensado en hacer una fiesta. ¿Conocéis a alguien que las organice (no tenemos problema en pagar lo que haga falta)?». Diez minutos después, llega la propuesta de plan: «Yo tengo un amigo que se dedica a ello. Si quieres, escríbeme por privado y me dices qué buscas exactamente». Al contactar con este joven, informa de que él y su amigo suelen «hacer eventos» en salas situadas en el madrileño distrito de Carabanchel. «Al final se ha animado más gente y seremos 12. ¿Sería posible?», preguntamos. «OK, sí», responde, y nos emplaza a volver a contactar con él para darle más detalles de lo que buscamos. Ya tenemos una fiesta más para el fin de semana madrileño.

Cada lunes, la Policía Municipal de Madrid informa del número de fiestas ilegales en las que ha intervenido y suelen contarse por cientos. El último fin de semana mediaron en un total de 370, de acuerdo con los datos facilitados a Efe y, desde el inicio del segundo estado de alarma, el pasado 25 de octubre, la Policía Municipal ha desalojado más de 6.000 fiestas ilegales en domicilios o en establecimientos de la capital. 

Según indican fuentes del área de Gobierno de Portavoz, Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid, la «mayoría» de las concentraciones se producen en viviendas. De hecho, la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, declaró el viernes en esta línea que «no permitimos que haya más personas recibiendo visitas en sus domicilios, porque es el lugar donde se producen más contagios». 

La mandataria popular responsabilizó el pasado domingo a estos encuentros de ser «los culpables en el 80% de los casos de los contagios de Covid-19» en la región. «No puede ser que lo paguen siempre los mismos, los hosteleros, los comerciantes, los empresarios y los ciudadanos con durísimos confinamientos mientras se suceden estos hechos que son los que están propagando más el virus», indicó. Sin embargo, las casas particulares no son los únicos lugares en los que se reúne la gente para prolongar la noche más allá del toque de queda.

Fiestas de amigos y eventos exclusivos

Celebrar una fiesta en un local o asistir a un evento ya organizado no es complicado en la Comunidad de Madrid. Esta misma semana, varios medios de comunicación se hicieron eco de un folleto que promocionaba una fiesta que se celebraba en un chalet de lujo en la sierra de Madrid entre las 22 horas y las 7 horas del día siguiente, con cachimba de sabores, cuyo uso está prohibido en los locales de hostelería de la región. A pesar de todo, los promotores del evento informaban del «obligatorio uso de mascarilla». 

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Hay locales que, con la persiana bajada, siguen recibiendo clientes durante el toque de queda. Un vecino de la zona de María de Molina, en distrito de Salamanca, declara para El Independiente que, cuando había toque de queda a las 21 horas, presenció cómo entraban clientes alrededor de las 23 horas a un establecimiento de copas de esta calle: «Vi a cuatro chicos en la puerta que se bajaban de un Cabify o un taxi, uno llama por teléfono y, de repente, se abría la puerta, entraban y se volvía a cerrar la puerta». «Un día hablando con su proveedor de Coca-Cola le pregunté: ‘¿Quién es el que más vende de la zona?’. Me dijo que este local y que le dejaba muchas cajas. Cómo va a vender tanto si es un local de copas y cierran todos pronto, dije. Me respondió que ellos no cerraban tan pronto». 

El proveedor consultó al encargado de este establecimiento, que pertenece a un conocido grupo hostelero de la capital, cómo podían seguir vendiendo tanto, a lo que éste le contestó que «eran muy buenos». «Un día le dijo el repartidor al encargado: ‘Oye, tengo un chavalito de 19 años que tiene novia y le gustaría seguir de fiesta. ¿Tú no conocerás un sitio para salir?’. Respondió: ‘Tienes mi teléfono. Con cualquier cosa, me llama y me dice que viene de parte del repartidor’. Fue, le invitó a cuatro copas y se quedó hasta las 6 de la mañana», traslada este vecino. 

Para la Policía resulta complicado dar con este tipo de lugares, ya que están insonorizados. En el caso del de María de Molina, este vecino asegura que «este local tiene dos plantas y una de ellas es un sótano. De lo que pase en el sótano no se entera ni Dios, a no ser que pase un policía y vea a alguien en la puerta entrando». 

También los pisos turísticos se están convirtiendo en espacios de ocio nocturno, sobre todo para los jóvenes que todavía residen en sus domicilios familiares. Éstos deciden alquilar pisos vacacionales para reunirse con sus amigos y pasar allí la noche. La plataforma de alquiler vacacional Airbnb ha informado de que, desde la llegada del coronavirus a España, ha eliminado 800 anuncios de pisos turísticos y ha bloqueado unos 5.000 intentos de reserva para evitar que se organicen fiestas ilegales.

Una de las usuarias de este tipo de pisos comenta para este periódico que, cuando no pueden juntarse en la casa de algún amigo, reservan una estancia en plataformas como AirBnb o Booking. No discriminan por zonas de la Comunidad de Madrid, sino que a lo que más importancia dan es a que «salga bien de precio y que sea mono». «Si alquilamos piso, [nos juntamos] cinco, seis o como muchísimo siete; si no alquilamos piso, los convivientes y seis», confiesa esta joven, que señala que ella y sus amigos todavía no han recibido visitas de la Policía ni quejas de los vecinos. 

En su caso, no han empezado a hacerlo a partir de la crisis del Covid-19, sino que lo hacían «desde siempre». «No es porque sea pandemia, sino que antes también alquilábamos algún pisito para estar todos juntos, porque ya no es el hecho de hacer la fiesta, sino de estar todos juntos, porque compartimos nuestra casa con nuestras familias y no tenemos un espacio común en el que estar todos juntos», relata.

La Policía Municipal indica que sólo puede entrar para poner fin a la fiesta en los locales hosteleros que se salten la normativa y en estos apartamentos de alquiler turístico. Para acceder a un domicilio particular, necesitarían una orden judicial. Esta burocracia respalda a los inquilinos que organicen este tipo de reuniones, frente a los vecinos del edificio, que son los más perjudicados.

Los vecinos, desesperados 

El Madrid que nunca duerme no es un Madrid glamuroso, es un Madrid compuesto por vecinos de los distritos del centro a los que no les dejan dormir las fiestas ilegales. Jordi Gordon, de la asociación SOS Malasaña, cree que las noticias están haciendo ‘efecto llamada’ entre la gente que ve que puede hacer negocio. «En los últimos dos meses, según la policía, se han detectado más de 1.500 fiestas. Aquí hay edificios en los que hay fiestas todos los fines de semana desde el mes de julio y, a veces, días de diario».

Para Gordon, el problema de todo esto no es el fenómeno, «sino cómo lo aborda el Estado de Derecho». «Es un fenómeno que se burla del toque de queda, del estado de alarma, de la situación de emergencia sanitaria, de los muertos, de los sanitarios y de la gente que cumple que es la mayoría», sostiene.

«La policía va pero no abre. Hay un debate sobre si es un domicilio o un piso turístico y si tiene derecho a la inviolabilidad del domicilio desde el punto de vista de necesitar un mandato judicial», asegura el representante vecinal. Los vecinos están buscando una solución a este problema hablando con todas las autoridades políticas que pueden para plantearles el tema, pero no obtienen soluciones.

«Como muchos pisos turísticos son alegales, no cumplen la normativa, nos encontramos con una actividad ilegal, administrativamente sancionable, en un espacio que está en el limbo a costa de los que viven ahí», señala. Gordon considera que ponen en riesgo su salud, no sólo como antes porque no les dejan descansar, sino porque ahora temen que en las zonas comunes se pueden contagiar. «Además de los vómitos, orines y otras cosas que hacen en la escalera», añade.

«Hay una zona de impunidad a la que no se da respuesta. Tanto el consejero de Justicia como el delegado del Gobierno nos han dicho que se va a abordar este problema. Necesitamos que el Estado de Derecho ampare a los vecinos, a los ciudadanos. Esto se está extendiendo», dice con preocupación.

¿Por qué los jóvenes?

La noche es joven, con o sin toque de queda. Los jóvenes de entre 18 y 29 años son el grupo social más afectado por la fatiga generada por la pandemia, según revelan los resultados de la segunda encuesta Espacov del Instituto de Estudios Sociales Avanzados del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IESA-CSIC). Este especial cansancio «se manifiesta explícitamente en su estado anímico, más deteriorado aún que el del resto de la población».

El CSIC concluye que este grupo es en el que se extiende más la percepción sobre el escaso cumplimiento de las medidas y recomendaciones de los ciudadanos de todas las edades. Asimismo, son ellos quienes declaran un mayor coste personal en el cumplimiento de las medidas contra el coronavirus, sobre todo en las restricciones a la movilidad geográfica, el toque de queda o el límite de personas en las reuniones de amigos».

Myriam Fernández Nevado, del Colegio profesional de Sociólogos y Politólogos, señala que está muy estudiado por las ciencias sociales el hecho de que ante la percepción de que hay poco peligro nos relajamos en el comportamiento. Algo que en los jóvenes se agudiza por el innato comportamiento despreocupado de los jóvenes frente al peligro en general.

Esta socióloga destaca que el comportamiento irresponsable de los jóvenes sigue siendo minoritario y que la mayoría de los jóvenes son respetuosos. «Los jóvenes son los que más necesidad tienen de socializar de todos los grupos de edad». «Para estar más tiempo juntos, unos se meten en casa con otros o se van de fiesta, pero la gran mayoría se queda en casa», declara. En los estudios preliminares de esta experta en infancia y juventud han detectado que aquellos jóvenes en los que hay una implicación familiar y están preocupados por dónde van y qué hacen cumplen más las restricciones y son más sensibles a las personas vulnerables.

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