A pesar de que el último informe de la Conferencia Episcopal (CEE) asegura que el 67,2% de la población española se considera católica y casi 8,5 millones de personas acuden «regularmente» a misa en nuestro país, los datos denotan una profunda crisis vocacional y de fe en el catolicismo de las nuevas generaciones. Sin ir más lejos, en la última década los sacramentos han experimentado una gran caída. Desde 2013 hasta 2019, la CEE ha registrado un 32% menos de matrimonios católicos, un 31% menos de bautizos y un 18% menos de comuniones. Solo las unciones a enfermos y las confirmaciones crecieron levemente, con un 7% y un 5% más, respectivamente.  

En el mismo periodo las personas que forman parte de la institución eclesiástica también se han reducido notablemente. En comparación con el año 2013, en 2020 había un 39% menos de institutos religiosos y sociedades de vida apostólica, un 23% menos de monjas y monjes de clausura, un 18% menos de misioneros, un 15% menos de catequistas y un 14% menos de sacerdotes. En ese tiempo el número de parroquias en España se mantuvo bastante estable (solo cerraron 110 de las casi 23.000 existentes), pero la cantidad de monasterios activos también se redujo en un 15%. 

Sor Carmen es monja en el Monasterio riojano de Nuestra Señora de Vico. Antes de empezar la entrevista explica que tiene 82 años y que los últimos 55 los ha pasado con los hábitos puestos. También que padece neuralgia del trigémino, así que «no puede hablar durante mucho tiempo». Hay que ir al grano, así que la primera pregunta es directamente sobre la brecha entre la Iglesia y la juventud. «A lo mejor es que no sabemos transmitirles el Evangelio, tendremos que estudiar la manera de hacerlo. Pero no nos entendemos. Yo les quiero mucho pero no les entiendo», relata. Para solventarlo, cree que es necesario que los religiosos empiecen a utilizar «el lenguaje del amor», porque, ese sí, «lo entiende todo el mundo». 

Dios tiene mucha competencia. Hay cosas que hacen mucho más ruido

Sor MARTA

Sor Marta es una de las pocas excepciones. Tiene 26 años, pero con solo 18, tras terminar el Bachillerato, escuchó «sorprendentemente» la «llamada de Dios» e ingresó en el Monasterio Santa Cruz de Sahagún, en León. Cuenta que a sus padres les costó un poco entregar a su propia hija a la Iglesia, pero ella tenía claro que quería responder a lo que estaba sintiendo. «Dios tiene mucha competencia, porque hay cosas que hacen mucho más ruido. Y yo lo hice con todo el gusto, pero es verdad que meterte en un sitio desconocido y que sea para siempre asusta de primeras. Aunque tampoco es que entres el primer día y ya no puedas salir, hay varias etapas», explica. 

Adaptarse a los jóvenes

Precisamente para acercar la fe a la población más joven, Sor Marta se abrió hace unos años un canal de Youtube. Al principio simplemente hacía un breve comentario del Evangelio de cada día, pero con el tiempo comenzó a subir vídeos más largos para dar a conocer la vida monástica. Ahora se ha abierto un perfil en varias redes sociales más, y a excepción de Tik Tok, donde explica que se ha encontrado a un público «menos simpático», ha tenido muy buena aceptación. Según explica, la clave es ser capaces de adaptar el discurso: «Hay que revisar la manera de presentar el Evangelio. No hay que cambiar nada, pero se puede explicar de muchas maneras. No se puede empezar por las cosas más complicadas, porque no se entienden. Es como tratar de correr antes de saber andar». 

«Vivimos en un mundo muy secularizado y hedonista, el placer es la prioridad. Por eso los compromisos definitivos, como el matrimonio o la vida religiosa o sacerdotal, no se valoran nada. Además, la familia está muy desestructurada, y no hay una iglesia doméstica que inculque valores cristianos. Hoy en día los niños reciben los sacramentos como algo social, no como un compromiso cristiano. Y para muchos ahí acaba su formación, no profundizan en la fe», explica la hermana Juliana, que ha sido misionera en la selva de Perú durante 49 años con la congregación del Sagrado Corazón de Jesús. 

Los «pocos» jóvenes que se acercan a la tienda del Monasterio riojano de Nuestra Señora de Vico siempre tienen la misma pregunta para Sor Carmen: ¿Qué hacen durante todo el día las monjas?. «Pues rezar y trabajar. Somos normales, no hemos venido de Marte», les responde ella. «Los jóvenes de ahora no saben lo que quieren. No son ni mejores ni peores a nuestra generación, solo diferentes. Hijos de su tiempo, como nosotros, pero con una cultura muy diferente a la nuestra. Siempre les digo que ellos son el futuro y que nosotros somos historia, pero que nunca deben olvidarse de Dios, porque está por encima de todo», añade Sor Carmen. 

«No ha habido relevo generacional»

Sobre el futuro, Sor Carmen considera que las órdenes religiosas no desaparecerán, pero sí serán muy diferentes. Ya no habrá comunidades muy numerosas, sino grupos más reducidos, lo que a su juicio puede tener algunas ventajas como que «todos se conocerán» y que «el diálogo será más fluído». «Se vivirá de otra forma, la vida religiosa siempre ha ido cambiando y evolucionando», añade la hermana Juliana. Y Sor Marta remata: «La vida consagrada está envejecida porque no está entrando gente, pero no está condenada a ser así. Hace 50 años, de hecho, no era así. Lo que pasa es que el tiempo pasa y no ha habido relevo generacional».

«Nosotras estamos abiertas a la novedad. Y yo soy una persona optimista, tengo esperanzas en que podemos acercarnos a la juventud. Pero quiero hacer un llamamiento a los jóvenes para que sean valientes y busquen ayuda para encontrar lo que Dios quiere para ellos. Que vean todo con libertad y amplitud. Yo, después de tener una vida religiosa, puedo decirles que soy muy feliz. Doy gracias a Dios por todo lo vivido y por las personas con las que lo he compartido. Todo esto me ha ayudado a madurar, a ser más mujer, más religiosa y más misionera«, concluye Juliana.