"La vida y la música son un binomio que no se puede separar en nosotros", asegura José Pedro Manglano. A sus 66 años, este sacerdote, conocido como Don Josepe, ofrece las dos claves para entender el fenómeno que ha cautivado a miles de jóvenes por todo el mundo. Desde hace algunos años, es imposible pensar en el pop cristiano sin que esté Hakuna en la ecuación. Sin embargo, su creador nunca ha pretendido hacer música comercial: "Lo que hay es vida, ilusión y muy poco protagonismo".
Desde la sede de Hakuna en Las Rozas, el fundador de este movimiento reflexiona en una entrevista con El Independiente sobre su nacimiento al calor del papa Francisco, hasta convertirse en un fenómeno de masas que este sábado participará en la visita de León XIV a Madrid. El cuartel general, otrora un convento de mártires concepcionistas, ahora está lleno de chavales emocionados por la llegada del pontífice a la capital. Algunos viven allí, otros simplemente acuden a reunirse con sus compañeros.
Quienes lo conocen de cerca saben que Hakuna va mucho más allá de la música. Aunque sus canciones de temática cristiana les empujaron a la fama, el movimiento organiza también misas, cursos y voluntariados para sus seguidores, que se autodenominan "pringados". El padre Josepe lo compara con un naranjo: "La música es el fruto, lo más visible y lo que te llevas a la boca, pero también hay raíces, tronco, ramas y hojas".
Nunca quisimos crear nada nuevo, queríamos vivir la fe y disfrutar siguiendo a Cristo
Un fruto que ahora van a ofrecer a León XIV en un concierto multitudinario durante la vigilia con los jóvenes. Aun así, se resiste a valorarlo como el más significativo de la trayectoria del grupo. "Para mí los más importantes han sido los que hemos dado en lugares donde nadie sabe que hemos estado", asegura. Se refiere a prisiones, centros para personas con discapacidad u hogares para niños sin familia: sitios donde los conciertos tienen "un sabor especial", añade. Eso no quita que estén emocionados ante la visita del nuevo pontífice, con el que todavía no ha mantenido ningún encuentro.
Con quien sí tuvo un contacto estrecho fue Francisco. Hakuna surgió en 2013, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Río de Janeiro en su primer año de pontificado. "Tuvo muestras de cariño muy entrañables" hacia su movimiento, recuerda. Desde una carta en la que les pedía "no aflojar" hasta una reunión privada con José Pedro Manglano, Francisco siguió muy de cerca su crecimiento. Ahora, reciben con "entusiasmo, ilusión y aplauso" la llegada de su sucesor a la ciudad que les vio nacer.
Una realidad heredera pero distinta al Opus Dei
Según recuerda Manglano, Hakuna no nació de ningún impulso especial: "Nunca quisimos crear nada nuevo, queríamos vivir la fe y disfrutar siguiendo a Cristo". Con el paso del tiempo, los que formaban parte de ese nuevo movimiento se dieron cuenta de que había nacido una "criatura", a la que había que acoger y darle forma. "Como una mujer con un hijo no buscado que al cabo de unos meses se da cuenta que lleva vida dentro", ejemplifica.
Cuando nace Hakuna, lo hace como una realidad distinta al Opus Dei
Es consciente de que algunas voces los definen como el Opus Dei 2.0. Don Josepe fue miembro de esta institución antes de fundar Hakuna. De hecho, no abandonó la Obra hasta 2020. Sin embargo, niega que sean una continuación de la prelatura fundada por el sacerdote español Josemaría Escrivá de Balaguer. Apunta a una "irrupción" dentro del Opus.
"Cuando nace Hakuna, lo hace como una realidad distinta al Opus Dei", asegura. Lo compara con la relación entre un padre y su hijo: "Un hijo no es la continuación de su padre. De algún modo hay una herencia, pero también hay una novedad de vida". Él ve esa influencia en su carácter de organización laica dentro de la Iglesia y también en las dudas que ambas han suscitado en el seno católico. "Las primeras críticas que recibía el Opus es que eran súpermodernos y revolucionarios", puntualiza.
Religión y jóvenes, la receta que Hakuna ha sabido explotar
Esta idea de renovación acompaña a Hakuna desde sus inicios. Su fundador se muestra convencido de que este movimiento ha favorecido el resurgimiento de la fe entre muchos jóvenes que se habían alejado del cristianismo. ¿Los motivos de la separación? "Habíamos heredado una religión formal que se había desvitalizado".
Citando al papa Francisco, señala que "los troncos permanecen de pie aunque estén secos". Cree que muchos jóvenes habían vivido "bajo la sombra de troncos secos", por lo que no habían descubierto el cristianismo "como vida", sino como unas formas "caducas y mustias". Les faltaba la fuerza de la vida y la verdad, manifiesta. Pero cuando habla de verdad, no lo hace en un plano intelectual, sino refiriéndose "a la verdad de un abrazo, de una canción o de la belleza de las cosas".
Aun así, no considera que todo el mérito de la nueva oleada de espiritualidad en los jóvenes sea mérito de Hakuna. Sostiene que ellos solo son una gota dentro del mar.
Sobre las críticas que tachan su énfasis en la alegría y el disfrute como una señal de falta de compromiso con la fe, Manglano las considera "muy divertidas". Aunque admite que estos comentarios son valiosos, también subraya que en muchos casos se trata de percepciones "parciales". Por ello, no se deja marcar su hoja de ruta por voces externas, ya que pueden ser muy útiles, pero también "estar muy mal intencionadas".
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