Esta semana llega el puente de la Hispanidad, una de las fechas más señaladas del calendario en España, marcada por el desfile militar que cada 12 de octubre recorre las calles en honor a nuestra Fiesta Nacional. Pero, ¿sabías que esta tradición es mucho más antigua de lo que parece? Aunque el formato actual se consolidó hace tres décadas, los desfiles del Día de la Hispanidad ya reunían a miles de militares en la capital en los años treinta.

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Uno de los precedentes más llamativos tuvo lugar en 1935 y desde entonces, la celebración ha cambiado hasta convertirse en el acto central de la Fiesta Nacional, pero ¿cuándo empezó realmente esta tradición y cómo ha evolucionado?

Aviones y miles de soldados, el desfile que ya impresionaba en 1935

Mucho antes de que el desfile del 12 de octubre se convirtiera en una de las citas más reconocibles del calendario institucional, Madrid ya acogía grandes exhibiciones militares con motivo de la Fiesta Nacional. Uno de los antecedentes más destacados tuvo lugar en 1935, durante la Segunda República, cuando miles de militares desfilaron por el paseo de la Castellana.

Aquel desfile reunió a unos 8.500 efectivos y contó con la participación de escuadrillas de aviones, que sobrevolaron la capital como parte de la exhibición. La magnitud del acto refleja que las grandes paradas militares ya tenían un papel destacado en las celebraciones oficiales mucho antes de que se estableciera el formato actual.

Sin embargo, la historia del desfile no ha seguido una evolución lineal. Los cambios políticos que atravesó España durante el siglo XX también influyeron en la forma de celebrar esta jornada, en su denominación y en el significado institucional que se le atribuía.

Del Día de la Raza a la Fiesta Nacional

La celebración del 12 de octubre tiene sus raíces en la conmemoración de la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492. A comienzos del siglo XX, la fecha adquirió una dimensión simbólica vinculada a los lazos históricos y culturales entre España y los países hispanoamericanos, y se popularizó la denominación de Día de la Raza.

Durante el franquismo, la jornada mantuvo un importante componente político y militar, con actos oficiales destinados a exaltar la imagen del régimen y su concepción de la identidad nacional. Las ceremonias y los desfiles formaban parte de una celebración que fue cambiando de significado según el contexto histórico. En 1958 se estableció oficialmente la denominación de Fiesta de la Hispanidad, que sustituyó a la anterior. Pero no es hasta 1987 cuando llega el cambio definitivo. Con la Ley 18/1987, de 7 de octubre, que estableció el 12 de octubre como Fiesta Nacional de España.

Así nació el desfile que conocemos hoy en día

Aunque los desfiles militares ya formaban parte de las celebraciones oficiales desde décadas atrás, el acto que conocemos hoy comenzó a tomar forma en 1997. Hasta entonces, los principales actos militares anuales estaban vinculados al Día de las Fuerzas Armadas, una celebración que se había establecido en 1978 y que inicialmente se organizaba en distintas capitanías generales.

El cambio llegó con el Real Decreto 862/1997, aprobado el 6 de junio. La norma trasladó al 12 de octubre los actos más significativos del Día de las Fuerzas Armadas, con el objetivo de dar mayor solemnidad a la Fiesta Nacional y reforzar el vínculo entre los militares y la sociedad.

El desfile militar ha ido incorporando cambios en su organización, sus participantes y los medios que intervienen en la exhibición. En la actualidad, el acto central reúne a representantes de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, además de contar con la participación de unidades aéreas y terrestres.

La celebración tiene lugar habitualmente en Madrid y está presidida por el rey, acompañado por miembros del Gobierno y otras autoridades. Entre sus momentos más reconocibles figuran el izado de la bandera nacional, el homenaje a los que dieron su vida por España y el desfile de los distintos contingentes militares.

De esta manera, el desfile del Día de la Hispanidad combina la continuidad de una tradición histórica con una puesta en escena institucional que ha evolucionado junto a la propia historia contemporánea de España.