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China, el Gran Dragón de Oriente: un imperio que pudo descubrir América 85 años antes que Cristóbal Colón

El barco del tesoro (Takarabune)
El barco del tesoro (Takarabune). 1840

Así es. Décadas antes de que los europeos se lanzaran en pos de descubrir del mundo, el estado más poderoso del momento, la China imperial de los Ming, ya enviaba inmensas flotas que surcaban océanos de punta a punta, con la intención de ampliar su influencia en los mares. Pero las ambiciones chinas vieron su fin en el año 1433, cuando la flota del legendario almirante chino Zheng He retornó de su séptimo y último gran viaje transoceánico. Los barcos, cargados de riquezas, regresaban a casa después de navegar las costas de India, Arabia y África, además de entablar relaciones comerciales con los reinos de las islas de Java y Borneo.

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Un potencial borrado

El propio Zheng He había muerto meses antes de llegar a su patria y no pudo ser testigo de la fastuosa exhibición de mercancías de lujo y animales exóticos con la que su tripulación engalanó las calles de Pekín, agasajando a su Huángdì (emperador) con regalos de una suntuosidad nunca vistas. Pero el almirante He tampoco fue testigo de cómo poco tiempo después, los burócratas de la dinastía Ming ordenaron quemar los registros náuticos que escribió, desmantelaron su flota y adoptaron una severa política de aislamiento nacional que se mantuvo siglos. 

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Mapa chino de Kangnido, previo a las exploraciones de Zheng He. China en el centro, Corea en el extremo derecho y Europa y África en el extremo izquierdo.

Sin embargo, el giro de 180 grados que tomó la política exterior china no pudo borrar la espectacularidad de las hazañas de este navegante. Desde el año 1405 y a bordo de barcos de madera gigantescos, los marinos chinos bajo el mando de Zheng He exploraron todas las rutas comerciales que les eran conocidas llegando a lugares tan remotos como las costas de Kenia, el estrecho de Bab al-Mandab, Ormuz y La Meca. Tal fue la impresión que causaron que, 80 años después, cuando los portugueses arrivaron a las mismas costas, los locales les hablaron de estas expediciones. Cronistas como João de Barros en sus Décadas da Ásia, recoge como el recuerdo de la flota china estaba grabado en el recuerdo de los lugareños, que sabían de unos hombres de piel clara y vestidos con finas sedas a los que denominaban Chins o Chincheos que habían llegado generaciones atrás en navíos de proporciones colosales.

Fue así como la historia nos dejó un escenario con el que solo podemos soñar: ¿Qué habría pasado si la política imperial china hubiese decidido seguir explorando el vasto océano? ¿Y si la corriente del Kuroshio (la corriente marítima japonesa descubierta por los españoles en el siglo XVI) hubiera empujado a una armada china hacia la costa de California o México ochenta años antes de que los barcos castellanos avistaran las Antillas?

Ruta de la séptima y última expedición de la flota de Zheng He (1431-1433).

Colosos de madera: una superioridad apabullante

Y es que la flota china de principios del siglo XV era contundentemente superior a la europea del mismo siglo. Basta observar los abismos tecnológicos que separaban a Oriente y Occidente. En su obra Science and Civilisation in China, el historiador británico Joseph Needham documentó cómo la flota de la dinastía Ming dominaba secretos técnicos en la construcción de grandes embarcaciones que Occidente ignoraba. Los llamados baochuan (barcos del tesoro) ya fueron descritos por el explorador veneciano Marco Polo, al que le impactaron las enormes dimensiones de las embarcaciones. Con 130 metros de eslora, el doble que un barco de guerra europeo, poseían tecnología punta desconocida para los europeos como los mamparos estancos, esto es, divisiones internas de madera que creaban compartimentos sellados y hacían a los cascos prácticamente insumergibles.

Maqueta de una representación de uno de los "barcos del tesoro" de Zheng He. Maqueta en el Museo de Ciencias de Hong Kong.

Por ello, de habérselo propuesto sus almirantes, la flota China estaba sobradamente capacitada para cruzar el Pacífico y llegar hasta el continente americano. Mientras Cristóbal Colón partió con tres carabelas y un centenar de marineros, la "flota del tesoro" de la dinastía Ming operaba en una liga varias veces superior. Los registros imperiales que se conservaron registran que las misiones de Zheng He movilizaban hasta 27.800 hombres en una sola expedición. No solo eso, la flota estaba compuesta por navíos que formaban auténticas ciudades flotantes y modulares que incluían buques para el transporte exclusivo de caballos, tanques de agua dulce, cargueros de tropas y navíos con raciones que garantizaban alimento fresco. 

Pero hay más. A bordo viajaban más de 30 médicos, astrólogos, carpinteros e intérpretes de árabe o suajili. Por tanto, sobra decir que en términos de preparación, tanto en envergadura logística como náutica, la flota china estaba muy capacitada para sobrevivir a la enormidad del Océano Pacífico.

Los límites entre la ucronía y la pesudohistoria

El potencial de la flota Ming resulta tan fascinante que con frecuencia se cruza la peligrosa línea de la pseudociencia. En el año 2002, el exoficial de submarinos británico Gavin Menzies generó un fenómeno de ventas global con el libro 1421: El año en que China descubrió el mundo, argumentando que las escuadras de Zheng He circunnavegaron el planeta y se asentaron en América antes de que se decretara el aislamiento confuciano. No obstante, la comunidad académica no tardó en probar como estas afirmaciones como erróneas en un artículo escrito por el historiador Robert Finlay.

Fotografía de un mapamundi chino de 1763, que se presenta como una reproducción de un mapa de 1418 elaborado a partir de los viajes de Zheng He.

Como explica magistralmente el historiador Edward L. Dreyer en su estudio sistemático Zheng He: China and the Oceans in the Early Ming Dynasty, 1405-1433 (2006), el objetivo de los viajes chinos nunca fue el descubrimiento de nuevas tierras. La geopolítica china estaba enfocada en proyectar el poder del emperador a través de un sistema de Estados tributarios en el Océano Índico y África Oriental. Es decir, la China Imperial no buscaba expandirse hacia lo desconocido sencillamente porque consideraban que ellos ya eran el epicentro civilizatorio, el Tianxia, "Todo bajo el cielo". Por ello, a pesar de su capacidad para ello, los navegantes chinos nunca establecieron contacto con sus vecinos del lejano Este.

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