Sólo hace falta abrir la nevera para comprobar que hemos ido dejando de lado la comida casera y las baldas están ocupadas por productos procesados. La alimentación se ha industrializado para hacernos la vida más cómoda, pero los consumidores no tienen en cuenta que los productos precocinados y procesados están cargados de sal, azúcares añadidos y grasas saturadas. Esto no sería demasiado preocupante si su consumo fuera esporádico, pero la realidad es que alrededor del 70% de nuestra dieta la componen este tipo de alimentos, según el informe Dame veneno: Viaje al centro de la alimentación que nos enferma, elaborado por VSF Justicia Alimentaria.

Este cambio de hábitos supone al año nada menos que 90.000 muertes en España, según la publicación, una cifra alarmante que, comparada con el daño que produce el tabaco “por cada día de salud que perdemos a causa del tabaco, perdemos cinco a causa de la alimentación insana”, cita el informe.
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Fuente: VSF Justicia Alimentaria

Fuente: VSF Justicia Alimentaria R. Ordóñez

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Alrededor del 70% de nuestra dieta la componen productos procesados

España siempre se ha considerado como uno de los países que posee una dieta tradicional más sana, pero esto cada vez es menos real. Los datos que comparan la dieta media en 1964 y la actual reflejan «el desplome del consumo de cereales, hortalizas y legumbres, al mismo tiempo que se ha disparado el de azúcares, carne y lácteos». Así lo refleja también el informe, que muestra cómo España ocupa uno de los últimos puestos en la evolución de la dieta mediterránea, mientras que los países nórdicos son los que lideran el ranking.

Enfermedades más comunes

¿Quién no ha escuchado alguna vez que la mala alimentación produce obesidad y sobrepeso? Aunque es una de las consecuencias más habituales, no se trata de una cuestión estética sino de un problema serio de salud. Según la OMS, la tasa de obesidad se ha duplicado en todo el mundo desde el año 2008, pero no es la única enfermedad derivada de la alimentación, ya que se ha demostrado que la diabetes tipo II está muy relacionada con la dieta y, más concretamente, con el consumo excesivo de azúcares añadidos. Según el informe de VSF Justicia alimentaria, la comida podría influir en un 45% de los casos de diabetes.

¿Y qué hay de la primera causa de defunción en España? En nuestro país las enfermedades cardiovasculares suponen el 40% de todas las muertes, y muchas de ellas -entre el 40 y el 55%, según la publicación- están relacionadas con el consumo excesivo de grasas saturadas o de sal y con el bajo consumo de frutas, verduras y cereales sin refinar.

Y aunque no tenga tanta visibilidad, la caries dental, la hipertensión, el colesterol alto, la osteoporosis, la depresión, trastornos de la alimentación e incluso algunos tipos de cáncer también pueden atribuirse a una alimentación inadecuada, concretamente, entre el 30 y el 40% de algunos tipos de cáncer, como el de estómago y colon, según VSF Justicia alimentaria. El incremento de estas enfermedades no es algo atribuible sólo a España sino que se está produciendo a nivel global.

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Fuente: VSF Justicia Alimentaria

Fuente: VSF Justicia Alimentaria R. Ordóñez

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Fuente: VSF Justicia Alimentaria

Fuente: VSF Justicia Alimentaria R.O.

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¿Qué son los alimentos procesados?

Al citar el azúcar como uno de los productos dañinos no hay que pensar en que las cucharadas que le añadimos al café van a ser perjudiciales, al igual que ocurre con la sal. Normalmente éstos componentes se encuentran en la bollería industrial, embutidos o productos precocinados. El informe elaborado por VSF Justicia Alimentaria sitúa en un 30% la cantidad de productos frescos que forman parte de nuestra rutina alimentaria. De hecho, tres de cada cuatro personas en España no sigue una dieta adecuada, un dato que empeora en el caso de la población juvenil, donde solamente un 6% sigue una dieta saludable, según los parámetros valorados.

«Técnicamente, podríamos considerar como un alimento procesado cualquier vianda que haya sido tratada para alargar su conservación o alterar sus propiedades», explica el informe. En este sentido, son alimentos procesados todos los productos enlatados, congelados, en salazón, escabechados, horneados, fermentados…

Los refrescos (23,0%), los yogures, leches fermentadas y postres lácteos (22,3%), pastelería, bollería y galletas son las fuentes más importantes de azúcares añadidos en nuestro país, asó como el queso de burgos, el jamón york, las pizzas, los cereales con miel, etc. son fuente de sal. En los últimos años, nuestra dieta se ha llenado de grasa, «hasta un 44% más que hace 40 años», según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

 

El etiquetado

Entre los consumidores hay quien no tiene en cuenta las etiquetas de los productos a la hora de comprar y los que sí las utilizan para informarse sobre la calidad del producto. Las etiquetas son una herramienta de comunicación para los consumidores pero, para las empresas agroalimentarias, también suponen un elemento fundamental para diferenciar sus productos de los de la competencia, hecho por el cual dedican enormes recursos a su elaboración para atraer la atención de las personas.

Las etiquetas a menudo aportan más opacidad que transparencia al sistema alimentario

En las etiquetas existen dos tipos de información: una sobre los aspectos nutricionales del producto, de carácter obligatorio, y otro tipo de información, voluntaria, que permite conocer lo que la industria alimentaria quiere mostrar, pero lo cierto es que “los resultados de diversos estudios indican que las etiquetas a menudo aportan más opacidad que transparencia al sistema alimentario”, señala el informe de VSF Justicia Alimentaria, lo que dificulta enormemente la toma de decisiones razonadas en torno al producto en cuestión. “Esto se debe no solo a las características de esos datos, en términos de formato y terminología empleada, sino también y, principalmente, por la cantidad y variedad de datos presente en las etiquetas, que tienden a desorientar más que informar a quien consume”, añade.

La OCU ya inició una campaña para acabar con el “etiquetado trampa” y que la ley obligara a las empresas a añadir información que a veces queda un poco ambigua. Por ejemplo, en lugar de “aceite vegetal”, especificar si se trata de aceite de girasol, de palma, de coco… Y lo mismo con otras características. Si bien es cierto que las empresas ya están adecuando sus informaciones, algunas se añaden con un tipo de letra tan pequeña que resulta indescifrable para el consumidor.

Estudios realizados a los consumidores recogidos por VSF Justicia Alimentaria concluyen que “un alto porcentaje de personas no entiende la etiqueta”, a la vez que opinan que la información nutricional es muy importantes y que ésta “cuando no se entiende, condiciona la compra de alimentos”.